Los muertos no se van de este mundo, no al menos hasta que son olvidados. Su presencia, sutil y poderosa, ronda los espacios, hechiza los objetos y, algunas veces, se manifiesta en los sueños. Estas apariciones han inspirado algunas de las obras más grandes que ha visto la humanidad. Para muchas culturas, el sueño, además de implicar un estado de reposo, es también un momento de susceptibilidad que ofrenda la posibilidad de ver y sentir cosas que la vigilia esconde; los sueños podrían ser lugares donde comunicarnos con los otros, algunas veces con los que ya no están en este mundo.

Recientemente, el músico y escritor australiano Nick Cave escribió un pequeño texto en su sitio The Red Hand Files a propósito de la muerte de su hijo Arthur (de tan sólo 15 años de edad), tras un trágico accidente en 2015. Por medio de este espacio, cualquier persona puede hacer preguntas a Cave; de todas las que recibe, él selecciona algunas y publica su respuesta —una de las hermosas posibilidades que el mundo virtual ofrece.

Hace pocos meses, una mujer de nombre “Cynthia”, proveniente de Shelburne Falls, Vermont, hizo esta pregunta a Cave:

          “He experimentado la muerte de mi padre, mi hermana y mi primer amor en años recientes, y siento que mantengo una comunicación con ellos, sobre todo a través de los sueños. Me están ayudando. ¿Tú y tu esposa Susie sienten que su hijo Arthur está con ustedes y se comunica de alguna manera?

La respuesta de Cave brilla por su sensibilidad, por el sentido y poder que da al recuerdo, al dolor y a la cualidad terrible que tiene la vida, tan profunda como lo es su posibilidad luminosa.

“Querida Cynthia,

           Esta es una pregunta hermosa y estoy agradecido de que la hayas hecho. A mí me parece que si amamos, sufrimos. Ese es el trato. Ese es el pacto. El sufrimiento y el amor están para siempre entrelazados. La pena es un terrible recordatorio de la profundidad de nuestro amor, e igual que el amor, el dolor no es negociable. Hay una vastedad en esa pena capaz de inundar nuestros minúsculos seres. Somos diminutos, temblorosos cúmulos de átomos subordinados a la imponente presencia de la pena. Ésta habita el núcleo de nuestro ser y se extiende por nuestros dedos hasta los límites del universo. Dentro de ese remolino imparable pueden surgir toda clase de locuras; fantasmas y espíritus y visitas en nuestros sueños y todo aquello que, en nuestra angustia, hacemos existir. Estos son preciosos regalos que son tan válidos y tan reales como queramos que sean. Son guías espirituales que nos muestran el camino para salir de la oscuridad.

           Siento la presencia de mi hijo en todos lados, pero él podría no estar ahí. Lo escucho hablarme, aleccionarme, guiarme, aunque él podría no estar ahí. Él visita a Susie en sus sueños regularmente, le habla y la reconforta, aunque podría no estar ahí. El espanto de un duelo invoca a fantasmas luminosos en su despertar. Estos espíritus son ideas, esencialmente. Son nuestra imaginación estupefacta despertando tras la calamidad. Como las ideas, estos espíritus hablan de posibilidades. Sigue a esas ideas porque del otro lado de ellas se encuentran el cambio y el crecimiento y la redención. Crea a tus espíritus. Llámalos. Haz que estén vivos. Háblales. Es en sus fantasmagóricas e imposibles manos que podemos volver al mundo del que hemos sido expulsados, mejores e inimaginablemente transformados.

Con amor,

Nick

 

 

Imagen: Amelia Troubridge

Los muertos no se van de este mundo, no al menos hasta que son olvidados. Su presencia, sutil y poderosa, ronda los espacios, hechiza los objetos y, algunas veces, se manifiesta en los sueños. Estas apariciones han inspirado algunas de las obras más grandes que ha visto la humanidad. Para muchas culturas, el sueño, además de implicar un estado de reposo, es también un momento de susceptibilidad que ofrenda la posibilidad de ver y sentir cosas que la vigilia esconde; los sueños podrían ser lugares donde comunicarnos con los otros, algunas veces con los que ya no están en este mundo.

Recientemente, el músico y escritor australiano Nick Cave escribió un pequeño texto en su sitio The Red Hand Files a propósito de la muerte de su hijo Arthur (de tan sólo 15 años de edad), tras un trágico accidente en 2015. Por medio de este espacio, cualquier persona puede hacer preguntas a Cave; de todas las que recibe, él selecciona algunas y publica su respuesta —una de las hermosas posibilidades que el mundo virtual ofrece.

Hace pocos meses, una mujer de nombre “Cynthia”, proveniente de Shelburne Falls, Vermont, hizo esta pregunta a Cave:

          “He experimentado la muerte de mi padre, mi hermana y mi primer amor en años recientes, y siento que mantengo una comunicación con ellos, sobre todo a través de los sueños. Me están ayudando. ¿Tú y tu esposa Susie sienten que su hijo Arthur está con ustedes y se comunica de alguna manera?

La respuesta de Cave brilla por su sensibilidad, por el sentido y poder que da al recuerdo, al dolor y a la cualidad terrible que tiene la vida, tan profunda como lo es su posibilidad luminosa.

“Querida Cynthia,

           Esta es una pregunta hermosa y estoy agradecido de que la hayas hecho. A mí me parece que si amamos, sufrimos. Ese es el trato. Ese es el pacto. El sufrimiento y el amor están para siempre entrelazados. La pena es un terrible recordatorio de la profundidad de nuestro amor, e igual que el amor, el dolor no es negociable. Hay una vastedad en esa pena capaz de inundar nuestros minúsculos seres. Somos diminutos, temblorosos cúmulos de átomos subordinados a la imponente presencia de la pena. Ésta habita el núcleo de nuestro ser y se extiende por nuestros dedos hasta los límites del universo. Dentro de ese remolino imparable pueden surgir toda clase de locuras; fantasmas y espíritus y visitas en nuestros sueños y todo aquello que, en nuestra angustia, hacemos existir. Estos son preciosos regalos que son tan válidos y tan reales como queramos que sean. Son guías espirituales que nos muestran el camino para salir de la oscuridad.

           Siento la presencia de mi hijo en todos lados, pero él podría no estar ahí. Lo escucho hablarme, aleccionarme, guiarme, aunque él podría no estar ahí. Él visita a Susie en sus sueños regularmente, le habla y la reconforta, aunque podría no estar ahí. El espanto de un duelo invoca a fantasmas luminosos en su despertar. Estos espíritus son ideas, esencialmente. Son nuestra imaginación estupefacta despertando tras la calamidad. Como las ideas, estos espíritus hablan de posibilidades. Sigue a esas ideas porque del otro lado de ellas se encuentran el cambio y el crecimiento y la redención. Crea a tus espíritus. Llámalos. Haz que estén vivos. Háblales. Es en sus fantasmagóricas e imposibles manos que podemos volver al mundo del que hemos sido expulsados, mejores e inimaginablemente transformados.

Con amor,

Nick

 

 

Imagen: Amelia Troubridge