La creatividad también tiene cierto cariz profético. En ocasiones el genio creativo también se manifiesta en intuiciones que en su tiempo pueden parecer arriesgadas, extravagantes, absurdas incluso, mismas que después se revelan innovadoras, vanguardistas: adelantadas a su tiempo. La creatividad es así una suerte de sexto sentido que lee en los signos presentes un panorama posible de lo que se avecina, no pocas veces con resultados sorprendentemente precisos.

En 1984, el 6 de junio, el gran Italo Calvino recibió la invitación de la Universidad de Harvard para dictar las Charles Eliot Norton Lectures, un honor que antes tuvieron creadores de la talla de T. S. Eliot, Igor Stravinsky, Borges, Octavio Paz y otros no menos importantes, reunidos todos con el pretexto de hablar de poesía y su lugar en el mundo contemporáneo.

Por desgracia Calvino murió unos días antes de poder dictar las conferencias que había preparado, el 19 de septiembre del siguiente año, lo cual no impidió sin embargo que los textos fueran publicados en forma de libro bajo el título Seis propuestas para el próximo milenio.

“Estamos en 1985: quince años apenas nos separan de un nuevo milenio. Por el momento no veo que la proximidad de esta fecha despierte una emoción particular. De todas maneras no he venido aquí para hablar de futurología sino de literatura”, escribió Calvino a manera de preámbulo para el ciclo, porque, en efecto, aquella época todavía se encontraba distante de la posterior fiebre ante el cambio de dígito, los 1900 por los 2000, y los efectos de esto en la psique colectiva.

Se trató, sin duda, de una elección inesperada del escritor. Ahí donde otros colegas artistas eligieron hablar sobre asuntos específicos de la poesía, la música, la arquitectura y otras artes, Calvino pensó en una combinación de manifiesto, ejercicio adivinatorio y testamento sobre las cualidades que, él sostuvo, sería necesario conservar en el milenio inminente.

Levedad, Rapidez, Exactitud, Visibilidad, Multiplicidad y la inacabada Congruencia (“Consistency” en el borrador en inglés) integran la condensación de este esfuerzo, las seis propuestas de valores que, desde una perspectiva netamente literaria ―que es decir también sensible, incluyente, humanista en el mejor sentido del término― el escritor legó como una especie de hoja de ruta para ese futuro que comienza a construirse, siempre, desde el instante presente.

Las Seis propuestas para el próximo milenio pueden leerse así a la luz de la imaginación creadora, aquella que trasciende la conciencia para hacerse realidad, misma que si bien parte del fantaseo, al mismo tiempo es, potencialmente, la semilla de eso que Leibniz llamó “el mejor de los mundos posibles”.

La creatividad también tiene cierto cariz profético. En ocasiones el genio creativo también se manifiesta en intuiciones que en su tiempo pueden parecer arriesgadas, extravagantes, absurdas incluso, mismas que después se revelan innovadoras, vanguardistas: adelantadas a su tiempo. La creatividad es así una suerte de sexto sentido que lee en los signos presentes un panorama posible de lo que se avecina, no pocas veces con resultados sorprendentemente precisos.

En 1984, el 6 de junio, el gran Italo Calvino recibió la invitación de la Universidad de Harvard para dictar las Charles Eliot Norton Lectures, un honor que antes tuvieron creadores de la talla de T. S. Eliot, Igor Stravinsky, Borges, Octavio Paz y otros no menos importantes, reunidos todos con el pretexto de hablar de poesía y su lugar en el mundo contemporáneo.

Por desgracia Calvino murió unos días antes de poder dictar las conferencias que había preparado, el 19 de septiembre del siguiente año, lo cual no impidió sin embargo que los textos fueran publicados en forma de libro bajo el título Seis propuestas para el próximo milenio.

“Estamos en 1985: quince años apenas nos separan de un nuevo milenio. Por el momento no veo que la proximidad de esta fecha despierte una emoción particular. De todas maneras no he venido aquí para hablar de futurología sino de literatura”, escribió Calvino a manera de preámbulo para el ciclo, porque, en efecto, aquella época todavía se encontraba distante de la posterior fiebre ante el cambio de dígito, los 1900 por los 2000, y los efectos de esto en la psique colectiva.

Se trató, sin duda, de una elección inesperada del escritor. Ahí donde otros colegas artistas eligieron hablar sobre asuntos específicos de la poesía, la música, la arquitectura y otras artes, Calvino pensó en una combinación de manifiesto, ejercicio adivinatorio y testamento sobre las cualidades que, él sostuvo, sería necesario conservar en el milenio inminente.

Levedad, Rapidez, Exactitud, Visibilidad, Multiplicidad y la inacabada Congruencia (“Consistency” en el borrador en inglés) integran la condensación de este esfuerzo, las seis propuestas de valores que, desde una perspectiva netamente literaria ―que es decir también sensible, incluyente, humanista en el mejor sentido del término― el escritor legó como una especie de hoja de ruta para ese futuro que comienza a construirse, siempre, desde el instante presente.

Las Seis propuestas para el próximo milenio pueden leerse así a la luz de la imaginación creadora, aquella que trasciende la conciencia para hacerse realidad, misma que si bien parte del fantaseo, al mismo tiempo es, potencialmente, la semilla de eso que Leibniz llamó “el mejor de los mundos posibles”.

Etiquetado: , ,