Iris van Herpen tiene 33 años y, a pesar de que no es una científica, sus improbables prendas juegan con las posibilidades de la tecnología y se inspiran en elementos del mundo natural convirtiéndose en objetos de arte que rompen, de una forma espectacular, con lo que comúnmente consideramos moda, o incluso ropa. “No pienso en la moda como solamente hacer prendas, o como una disciplina. Pienso en ella como algo más. La moda para mí es un diálogo entre nuestro interior y nuestro exterior”, asegura esta insólita creadora nacida en los Países Bajos.

A 10 años de su creación, el sello de Iris van Herpen, una colección de objetos de arte y esculturas que bien podrían habitar un museo, ostenta piezas que parecieran estar hechas de burbujas, ser la piel de un animal mítico, el plumaje de un ave de otro mundo o la superficie de un arrecife de coral. Para su creación, ella utiliza herramientas tecnológicas —impresiones 3D, fibras imantadas, silicón, acrílico y piezas cortadas con láser, por nombrar sólo algunas de sus técnicas—, como es el caso de su colección Magnetic Motion, que se inspiró en las fuerzas del magnetismo para crear piezas (que no sólo prendas) que dan la ilusión de flotar alrededor del cuerpo de quien las porta.

El trabajo de van Herpen ha sido protagonista de diversas muestra de arte en algunos de los museos más reconocidos del mundo como ejemplos perfectos de la novedosa relación que existe entre la moda y la tecnología. Ella ha vestido a otras excéntricas creadoras como Björk —con los vestidos que usó para la portada y la gira de su álbum Biophilia— y también colaboró haciendo las prendas usadas por Scarlett Johannson en la película Lucy del director francés Luc Besson; uno de sus desfiles fue musicalizado por una banda que tocaba sus canciones en enormes peceras llenas de agua (para lo cual tuvo que desarrollar instrumentos que sonaran bajo el agua y utilizar hidrófonos). También ha creado el vestuario de espectáculos de ópera y ballet de todo el mundo, además de haber trabajado con los más reconocidos despachos de arquitectos.

1-7 
Las de van Herpen son piezas que escapan una definición simple (de la misma forma que los extraños objetos de arte de la japonesa Rei Kawakubo) y crean un armónico diálogo con otras disciplinas como las ciencias, la arquitectura y las artes plásticas. Los espectaculares volúmenes y texturas de sus trajes nos invitan a reimaginar las posibilidades del cuerpo humano y su silueta, al mostrar sus expresiones más inauditas y romper con las convenciones que definen lo que hasta hoy pensamos como moda. Tal vez, la visionaria Iris van Herpen ha creado algo más que moda, una práctica que aún no tiene un nombre y cuyo lienzo es el cuerpo humano, una extravagante expresión material de nuestras más excéntricas subjetividades.

 

 

Imágenes: 1) Zach Blabino-filckr 2) Steven de Polo-flickr

Iris van Herpen tiene 33 años y, a pesar de que no es una científica, sus improbables prendas juegan con las posibilidades de la tecnología y se inspiran en elementos del mundo natural convirtiéndose en objetos de arte que rompen, de una forma espectacular, con lo que comúnmente consideramos moda, o incluso ropa. “No pienso en la moda como solamente hacer prendas, o como una disciplina. Pienso en ella como algo más. La moda para mí es un diálogo entre nuestro interior y nuestro exterior”, asegura esta insólita creadora nacida en los Países Bajos.

A 10 años de su creación, el sello de Iris van Herpen, una colección de objetos de arte y esculturas que bien podrían habitar un museo, ostenta piezas que parecieran estar hechas de burbujas, ser la piel de un animal mítico, el plumaje de un ave de otro mundo o la superficie de un arrecife de coral. Para su creación, ella utiliza herramientas tecnológicas —impresiones 3D, fibras imantadas, silicón, acrílico y piezas cortadas con láser, por nombrar sólo algunas de sus técnicas—, como es el caso de su colección Magnetic Motion, que se inspiró en las fuerzas del magnetismo para crear piezas (que no sólo prendas) que dan la ilusión de flotar alrededor del cuerpo de quien las porta.

El trabajo de van Herpen ha sido protagonista de diversas muestra de arte en algunos de los museos más reconocidos del mundo como ejemplos perfectos de la novedosa relación que existe entre la moda y la tecnología. Ella ha vestido a otras excéntricas creadoras como Björk —con los vestidos que usó para la portada y la gira de su álbum Biophilia— y también colaboró haciendo las prendas usadas por Scarlett Johannson en la película Lucy del director francés Luc Besson; uno de sus desfiles fue musicalizado por una banda que tocaba sus canciones en enormes peceras llenas de agua (para lo cual tuvo que desarrollar instrumentos que sonaran bajo el agua y utilizar hidrófonos). También ha creado el vestuario de espectáculos de ópera y ballet de todo el mundo, además de haber trabajado con los más reconocidos despachos de arquitectos.

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Las de van Herpen son piezas que escapan una definición simple (de la misma forma que los extraños objetos de arte de la japonesa Rei Kawakubo) y crean un armónico diálogo con otras disciplinas como las ciencias, la arquitectura y las artes plásticas. Los espectaculares volúmenes y texturas de sus trajes nos invitan a reimaginar las posibilidades del cuerpo humano y su silueta, al mostrar sus expresiones más inauditas y romper con las convenciones que definen lo que hasta hoy pensamos como moda. Tal vez, la visionaria Iris van Herpen ha creado algo más que moda, una práctica que aún no tiene un nombre y cuyo lienzo es el cuerpo humano, una extravagante expresión material de nuestras más excéntricas subjetividades.

 

 

Imágenes: 1) Zach Blabino-filckr 2) Steven de Polo-flickr