Hongos, helechos y musgo crecen en libros viejos en un jardín en Quebec. ¿Qué mejores elementos para ir juntos en una oración? El arquitecto del paisaje Thilo Folkerts y el artista canadiense Rodney LaTourelle diseñaron en Jardin de la Connaissance en 2010, y con el paso del tiempo unos 4,000 libros que forman los muros del jardín se han descompuesto y deteriorado para dar lugar a un microclima perfecto.

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Los libros están apilados para formar divisiones, cuartos y asientos, y parcialmente sumergidos en la tierra para convertirse en suelo orgánico. Sin duda, al menos para el verdadero lector o amante de los libros, el Jardin de la Connaissance genera una emoción cruzada. Por un lado no es fácil mirar libros condenados a desaparecer lentamente y por completo; y por el otro no se puede dejar de admirar la perfecta relación mítica que lograron entre el conocimiento y la naturaleza; el paraíso. Los artefactos culturales –por excelencia los libros– también son sujetos al ciclo de vida del planeta, también habrán de ser reclamados por la naturaleza.

“Semilleros e insectos han activado los muros, alfombras y bancas”, explican los creadores. “Hongos –aquellos cultivados y aquellos que han llegado solos– han hecho del jardín su casa. Muchos de los colores brillantes originales se han difuminado. La cultura se difumina de regreso a la naturaleza”.

Para la tercera etapa del proyecto, los autores quieren introducir musgos tomados del bosque de Quebec para crear un efecto grafiti en las estructuras de los muros. Así, mientras el éxito del crecimiento de vida es evidente, la cubierta de musgo acelerará estéticamente la gradual desaparición del jardín de regreso al bosque. Después de todo, lo que el jardín realmente quiere es evolucionar en un bosque.

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Hongos, helechos y musgo crecen en libros viejos en un jardín en Quebec. ¿Qué mejores elementos para ir juntos en una oración? El arquitecto del paisaje Thilo Folkerts y el artista canadiense Rodney LaTourelle diseñaron en Jardin de la Connaissance en 2010, y con el paso del tiempo unos 4,000 libros que forman los muros del jardín se han descompuesto y deteriorado para dar lugar a un microclima perfecto.

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Los libros están apilados para formar divisiones, cuartos y asientos, y parcialmente sumergidos en la tierra para convertirse en suelo orgánico. Sin duda, al menos para el verdadero lector o amante de los libros, el Jardin de la Connaissance genera una emoción cruzada. Por un lado no es fácil mirar libros condenados a desaparecer lentamente y por completo; y por el otro no se puede dejar de admirar la perfecta relación mítica que lograron entre el conocimiento y la naturaleza; el paraíso. Los artefactos culturales –por excelencia los libros– también son sujetos al ciclo de vida del planeta, también habrán de ser reclamados por la naturaleza.

“Semilleros e insectos han activado los muros, alfombras y bancas”, explican los creadores. “Hongos –aquellos cultivados y aquellos que han llegado solos– han hecho del jardín su casa. Muchos de los colores brillantes originales se han difuminado. La cultura se difumina de regreso a la naturaleza”.

Para la tercera etapa del proyecto, los autores quieren introducir musgos tomados del bosque de Quebec para crear un efecto grafiti en las estructuras de los muros. Así, mientras el éxito del crecimiento de vida es evidente, la cubierta de musgo acelerará estéticamente la gradual desaparición del jardín de regreso al bosque. Después de todo, lo que el jardín realmente quiere es evolucionar en un bosque.

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