La imaginación de James Joyce parece ser la misma que la de un compositor. La realidad musical reside en cada una de sus obras, se muestra en cada momento como una especie de lenguaje simbólico que nos enreda entre pasajes oníricos, destinados a ser hablados y, en algunas ocasiones, cantados. Su obra, Finnegans Wake, señalada como una de las más complejas del modernismo anglosajón, posee referencias musicales que nos ayudan a entender la codificación de sus versos y de su narración multidimensional.

En 1942 (un año posterior a la muerte de Joyce), el compositor experimental John Cage realizó una grabación inspirada en Finnegans Wake que construyó a partir de una serie de líneas habladas/cantadas por el artista. The Wonderful Widow of Eighteen Springses el resultado de este experimento, interpretado por el soprano Justin Fairbank. La pieza en sí no podría considerarse una canción, si hablamos de composición instrumentista: no intervienen sonidos armoniosos que acompañen al sublime tenor y hay solamente algunos golpeteos en la tapa del piano, simulando sutiles percusiones detrás de la portentosa voz. No obstante, continúa siendo una pieza que envuelve mediante la naturaleza pura del canto, una vibración sonora que, más que instrumental, sería sentimental. El hecho mismo de inmiscuir a un intérprete de la ópera realiza uno de los sueños de Joyce, el de algún día convertir sus versos en cantos sopranos. Cage, fanático obsesivo y fiel admirador del irlandés, eventualmente acumuló una progresión de cinco piezas basadas en su lectura.

Más tarde, el productor galés y multiinstrumentista John Cale produciría un compilado experimental en honor a Cage: Caged/Uncaged—A Rock/Experimental Homage to John Cage. Este fue grabado en Italia en 1993 e incluyó la participación de David Byrne, Debby Harrie, Lou Reed y Lee Reenaldo, entre otros. En este tributo encontramos nuevamente a “The Wonderful Widow of Eighteen Springs”, esta vez transmutada por la voz de uno de los mesías del punk americano, Joey Ramone.

Lo fascinante de esta pieza musical, más que la vocalización de Joey, es la grandiosa mixtura cultural del siglo XX que protagonizan estos tres maestros de la música: Joyce de principio de siglo, Cage de mediados y Ramone de finales. Una alusión al eterno retorno del riverrrun en Finnegans Wake, del conocimiento que fluye como un río para generar el ciclo del agua o, en este caso, el ciclo de la armonía musical de intérprete a intérprete, que no se detiene y tampoco puede descifrarse.

La realidad musical es inmanente como los sueños, como la negación en francés révérons pas (no soñaremos) que podría aludirse desde “riverrun past”  en la obra de Joyce; una negación, quizás, a la posibilidad de pensar que la realidad en la historia se trata de un sueño. “Vivimos, en un sentido muy profundo, en el momento de Finnegans Wake“, nos dice Cage.

La imaginación de James Joyce parece ser la misma que la de un compositor. La realidad musical reside en cada una de sus obras, se muestra en cada momento como una especie de lenguaje simbólico que nos enreda entre pasajes oníricos, destinados a ser hablados y, en algunas ocasiones, cantados. Su obra, Finnegans Wake, señalada como una de las más complejas del modernismo anglosajón, posee referencias musicales que nos ayudan a entender la codificación de sus versos y de su narración multidimensional.

En 1942 (un año posterior a la muerte de Joyce), el compositor experimental John Cage realizó una grabación inspirada en Finnegans Wake que construyó a partir de una serie de líneas habladas/cantadas por el artista. The Wonderful Widow of Eighteen Springses el resultado de este experimento, interpretado por el soprano Justin Fairbank. La pieza en sí no podría considerarse una canción, si hablamos de composición instrumentista: no intervienen sonidos armoniosos que acompañen al sublime tenor y hay solamente algunos golpeteos en la tapa del piano, simulando sutiles percusiones detrás de la portentosa voz. No obstante, continúa siendo una pieza que envuelve mediante la naturaleza pura del canto, una vibración sonora que, más que instrumental, sería sentimental. El hecho mismo de inmiscuir a un intérprete de la ópera realiza uno de los sueños de Joyce, el de algún día convertir sus versos en cantos sopranos. Cage, fanático obsesivo y fiel admirador del irlandés, eventualmente acumuló una progresión de cinco piezas basadas en su lectura.

Más tarde, el productor galés y multiinstrumentista John Cale produciría un compilado experimental en honor a Cage: Caged/Uncaged—A Rock/Experimental Homage to John Cage. Este fue grabado en Italia en 1993 e incluyó la participación de David Byrne, Debby Harrie, Lou Reed y Lee Reenaldo, entre otros. En este tributo encontramos nuevamente a “The Wonderful Widow of Eighteen Springs”, esta vez transmutada por la voz de uno de los mesías del punk americano, Joey Ramone.

Lo fascinante de esta pieza musical, más que la vocalización de Joey, es la grandiosa mixtura cultural del siglo XX que protagonizan estos tres maestros de la música: Joyce de principio de siglo, Cage de mediados y Ramone de finales. Una alusión al eterno retorno del riverrrun en Finnegans Wake, del conocimiento que fluye como un río para generar el ciclo del agua o, en este caso, el ciclo de la armonía musical de intérprete a intérprete, que no se detiene y tampoco puede descifrarse.

La realidad musical es inmanente como los sueños, como la negación en francés révérons pas (no soñaremos) que podría aludirse desde “riverrun past”  en la obra de Joyce; una negación, quizás, a la posibilidad de pensar que la realidad en la historia se trata de un sueño. “Vivimos, en un sentido muy profundo, en el momento de Finnegans Wake“, nos dice Cage.

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