Si alguna vez existió una personificación arquetípica del erudito y del brujo, ese fue el doctor John Dee (1527-1609), alquimista, filósofo, astrólogo, matemático y cartógrafo, uno de los hombres más cultos de su época, y dueño de la biblioteca más grande de la Inglaterra de entonces (que, se dice, contenía alrededor de 4,000 libros y 700 manuscritos).

De origen galés, Dee estudió ciencias en la Universidad de Cambridge y en Bélgica, para después ser profesor de matemáticas en París. Más adelante habría de aplicar los conceptos euclidianos a la navegación y entrenar a varios de los marineros que harían los viajes de descubrimiento durante el reinado de Isabel I de Inglaterra (cambiando el futuro de su país y la historia de sus colonias). Dee abogó ideológicamente por la expansión del imperio británico, y se dice que fue él quien habría de darle ese nombre. Incluso, existen leyendas que cuentan que fue gracias a él (y a un poderoso hechizo que lanzó a petición de la reina) que la flota inglesa venció a la Armada Invencible española en 1588.

Cartógrafo notable, trazó mapas y rutas (especialmente por el mar del norte y a través del Atlántico); se dice que poseía una impresionante colección de mapas, globos terráqueos y objetos de navegación. Dee, como el místico que fue, creía que el poder divino podía ejercerse a través de las matemáticas, que él entendía como una disciplina espiritual.

john_dee_and_edward_keeley
Quizá, una de las facetas más interesantes de John Dee emerge de sus múltiples acercamientos al mundo metafísico: fue filósofo hermético, astrólogo, vidente y alquimista.

En el ámbito de la astrología, fue él quien realizó el horóscopo de la princesa Isabel cuando era pequeña, así como de su hermana María (quien, una vez en el trono, lo encarceló temporalmente por traición). Durante el posterior mandato de Isabel, sin embargo, Dee gozó del favor real y se convirtió en consejero cercano de la reina, e incluso escogió la fecha propicia, en términos astrológicos, para su coronación. Se cuenta que la reina solía irlo a buscar en su caballo cuando necesitaba de su consejo.

Más tarde en su vida, Dee se dedicó más profundamente al estudio de filosofías herméticas y del neoplatonismo renacentista; pasó los últimos 30 años de su vida intentando hablar con los ángeles para así descifrar el “lenguaje universal”, o lo que el llamó enoquiano (término referente al  patriarca bíblico Enoch). A partir de estas conversaciones escribió libros que habían sido, según él, dictados por aquellos seres angelicales.

john_dees_crystal_used_for_clairvoyance
Como vidente, Dee utilizó bolas de cristal e incluso, se dice, un espejo de obsidiana azteca traído de México para sostener conversaciones con seres del mundo espiritual y predecir el futuro (siempre conservando un acercamiento cristiano en dichos rituales). Entre sus supuestos teológicos planteó la posibilidad de unir las religiones cristianas, entonces divididas con el surgimiento y propagación del protestantismo, y devolverlas a su unidad original, retomando la doctrina esencial que las une a todas (una propuesta totalmente revolucionaria para su época).

Llena de perplejidad, hasta el día de hoy, que un hombre de tan inconmensurable importancia, dueño de una mente tan espectacular, haya muerto en la pobreza (a la muerte de Isabel, su sucesor, Jacobo I, no lo acogería en la corte, en parte por su políticas antiocultistas). Incluso Shakespeare, que en algún momento lo conoció, retrató al gran doctor Dee como Próspero, mago protagonista de La tempestad, última obra del bardo.

Dee es importante por muchas razones, una de ellas es que durante su vida pudo encontrar la manera de unir la magia y la ciencia: como buen mago habitó un mundo entre dos fronteras, y a la manera del gran Merlín, fue esencial en la creación del arquetipo del hechicero, una figura que como muchas otras de su clase llamó la atención de la realeza. Tal vez John Dee fue una mente demasiado avanzada para su tiempo; podría considerarse uno de los primeros científicos, en una época en la que la línea divisoria entre ciencia y metafísica comenzaba a trazarse.

 

 

*Imágenes: 1) John Dee. Line engraving / Wikimedia Commons; 2)John Dee and Edward Kelly evocando un espíritu / Wikimedia Commons; 3) Cristal de John Dee, usado para clarividencia y curación, siglo 17/ Wikimedia Commons

 

Si alguna vez existió una personificación arquetípica del erudito y del brujo, ese fue el doctor John Dee (1527-1609), alquimista, filósofo, astrólogo, matemático y cartógrafo, uno de los hombres más cultos de su época, y dueño de la biblioteca más grande de la Inglaterra de entonces (que, se dice, contenía alrededor de 4,000 libros y 700 manuscritos).

De origen galés, Dee estudió ciencias en la Universidad de Cambridge y en Bélgica, para después ser profesor de matemáticas en París. Más adelante habría de aplicar los conceptos euclidianos a la navegación y entrenar a varios de los marineros que harían los viajes de descubrimiento durante el reinado de Isabel I de Inglaterra (cambiando el futuro de su país y la historia de sus colonias). Dee abogó ideológicamente por la expansión del imperio británico, y se dice que fue él quien habría de darle ese nombre. Incluso, existen leyendas que cuentan que fue gracias a él (y a un poderoso hechizo que lanzó a petición de la reina) que la flota inglesa venció a la Armada Invencible española en 1588.

Cartógrafo notable, trazó mapas y rutas (especialmente por el mar del norte y a través del Atlántico); se dice que poseía una impresionante colección de mapas, globos terráqueos y objetos de navegación. Dee, como el místico que fue, creía que el poder divino podía ejercerse a través de las matemáticas, que él entendía como una disciplina espiritual.

john_dee_and_edward_keeley
Quizá, una de las facetas más interesantes de John Dee emerge de sus múltiples acercamientos al mundo metafísico: fue filósofo hermético, astrólogo, vidente y alquimista.

En el ámbito de la astrología, fue él quien realizó el horóscopo de la princesa Isabel cuando era pequeña, así como de su hermana María (quien, una vez en el trono, lo encarceló temporalmente por traición). Durante el posterior mandato de Isabel, sin embargo, Dee gozó del favor real y se convirtió en consejero cercano de la reina, e incluso escogió la fecha propicia, en términos astrológicos, para su coronación. Se cuenta que la reina solía irlo a buscar en su caballo cuando necesitaba de su consejo.

Más tarde en su vida, Dee se dedicó más profundamente al estudio de filosofías herméticas y del neoplatonismo renacentista; pasó los últimos 30 años de su vida intentando hablar con los ángeles para así descifrar el “lenguaje universal”, o lo que el llamó enoquiano (término referente al  patriarca bíblico Enoch). A partir de estas conversaciones escribió libros que habían sido, según él, dictados por aquellos seres angelicales.

john_dees_crystal_used_for_clairvoyance
Como vidente, Dee utilizó bolas de cristal e incluso, se dice, un espejo de obsidiana azteca traído de México para sostener conversaciones con seres del mundo espiritual y predecir el futuro (siempre conservando un acercamiento cristiano en dichos rituales). Entre sus supuestos teológicos planteó la posibilidad de unir las religiones cristianas, entonces divididas con el surgimiento y propagación del protestantismo, y devolverlas a su unidad original, retomando la doctrina esencial que las une a todas (una propuesta totalmente revolucionaria para su época).

Llena de perplejidad, hasta el día de hoy, que un hombre de tan inconmensurable importancia, dueño de una mente tan espectacular, haya muerto en la pobreza (a la muerte de Isabel, su sucesor, Jacobo I, no lo acogería en la corte, en parte por su políticas antiocultistas). Incluso Shakespeare, que en algún momento lo conoció, retrató al gran doctor Dee como Próspero, mago protagonista de La tempestad, última obra del bardo.

Dee es importante por muchas razones, una de ellas es que durante su vida pudo encontrar la manera de unir la magia y la ciencia: como buen mago habitó un mundo entre dos fronteras, y a la manera del gran Merlín, fue esencial en la creación del arquetipo del hechicero, una figura que como muchas otras de su clase llamó la atención de la realeza. Tal vez John Dee fue una mente demasiado avanzada para su tiempo; podría considerarse uno de los primeros científicos, en una época en la que la línea divisoria entre ciencia y metafísica comenzaba a trazarse.

 

 

*Imágenes: 1) John Dee. Line engraving / Wikimedia Commons; 2)John Dee and Edward Kelly evocando un espíritu / Wikimedia Commons; 3) Cristal de John Dee, usado para clarividencia y curación, siglo 17/ Wikimedia Commons