La palabra desierto normalmente nos remite a un extenso espacio vacío, un lugar árido y sin vida. No es el caso del desierto de Mojave que, entre sus muchos habitantes y en medio de gigantescas rocas y pedregosas montañas, alberga al Joshua Tree, un espectacular y corpulento símbolo de vida.

La tradición cuenta que “árbol de Josué” fue el nombre dado a esta rara especie de yuca a mediados del siglo XIX, por mormones que cruzaron este desierto. Para ellos, su singular forma se asemejaba a la silueta de Josué, el profeta bíblico y sucesor de Moisés, mientras éste rezaba levantando sus brazos hacia el cielo.

Otras leyendas cuentan que fue este árbol el que, con sus retorcidas ramas, indicó el camino que el pueblo judío seguiría hasta la ciudad palestina de Jericó. Es por esto que, además de tratarse de un raro y bello árbol, es también un símbolo de espiritualidad cristiana, un árbol-profeta.

También conocido como izote del desierto, el árbol de Josué (Yucca brevifolia) es endémico del sur de Estados Unidos; solamente existe en los estados de California, Utah, Nevada y Arizona. Uno de sus santuarios más notables es el Joshua Tree National Park, al sureste de California, un hermoso y épico laberinto de rocas, arena y arbustos, un paisaje cuyo símbolo y elemento dominante es el árbol de Josué y cuya estampa, nos recuerda las historias de los primeros migrantes europeos que exploraron el Wild West estadounidense —dentro del parque hay una mina que data de la época conocida como la “Fiebre del oro” y diferentes construcciones hechas por vaqueros en el siglo XIX, como una presa llamada Barker Dam.

En primavera, cúmulos de flores color crema coronan las ramas de esta planta que pertenece a la misma familia que las orquídeas y los tulipanes. El Joshua Tree es una especie endémica y única, cuya población ha disminuido preocupantemente a causa de los cambios climáticos.

En medio del arenoso desierto, la elegante e imponente presencia de los árboles de Josué hacen del desierto de Mojave un lujoso paisaje, hogar de impresionantes formaciones rocosas, pájaros y reptiles únicos, y también de las noches más espectacularmente estrelladas que se puedan ver en los alrededores. Un lugar del que ningún amante de los desiertos debiese prescindir.

La palabra desierto normalmente nos remite a un extenso espacio vacío, un lugar árido y sin vida. No es el caso del desierto de Mojave que, entre sus muchos habitantes y en medio de gigantescas rocas y pedregosas montañas, alberga al Joshua Tree, un espectacular y corpulento símbolo de vida.

La tradición cuenta que “árbol de Josué” fue el nombre dado a esta rara especie de yuca a mediados del siglo XIX, por mormones que cruzaron este desierto. Para ellos, su singular forma se asemejaba a la silueta de Josué, el profeta bíblico y sucesor de Moisés, mientras éste rezaba levantando sus brazos hacia el cielo.

Otras leyendas cuentan que fue este árbol el que, con sus retorcidas ramas, indicó el camino que el pueblo judío seguiría hasta la ciudad palestina de Jericó. Es por esto que, además de tratarse de un raro y bello árbol, es también un símbolo de espiritualidad cristiana, un árbol-profeta.

También conocido como izote del desierto, el árbol de Josué (Yucca brevifolia) es endémico del sur de Estados Unidos; solamente existe en los estados de California, Utah, Nevada y Arizona. Uno de sus santuarios más notables es el Joshua Tree National Park, al sureste de California, un hermoso y épico laberinto de rocas, arena y arbustos, un paisaje cuyo símbolo y elemento dominante es el árbol de Josué y cuya estampa, nos recuerda las historias de los primeros migrantes europeos que exploraron el Wild West estadounidense —dentro del parque hay una mina que data de la época conocida como la “Fiebre del oro” y diferentes construcciones hechas por vaqueros en el siglo XIX, como una presa llamada Barker Dam.

En primavera, cúmulos de flores color crema coronan las ramas de esta planta que pertenece a la misma familia que las orquídeas y los tulipanes. El Joshua Tree es una especie endémica y única, cuya población ha disminuido preocupantemente a causa de los cambios climáticos.

En medio del arenoso desierto, la elegante e imponente presencia de los árboles de Josué hacen del desierto de Mojave un lujoso paisaje, hogar de impresionantes formaciones rocosas, pájaros y reptiles únicos, y también de las noches más espectacularmente estrelladas que se puedan ver en los alrededores. Un lugar del que ningún amante de los desiertos debiese prescindir.

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