Existen espacios que funcionan como puertas entre el mundo físico y el metafísico, y los cementerios son, quizá, los más simbólicos de todos. En éstos reina una atmósfera que oscila entre la nostalgia, la oscuridad y, paradójicamente, lo luminoso: son lugares profundamente espirituales. Ahí, las tumbas se erigen como monumentos a quienes ya no existen, pero cuya memoria quiere ser rescatada de olvido.

Alrededor del mundo existen diversas tumbas famosas, como la del gran Oscar Wilde, que se ha convertido en un lugar de culto y obsesión; también existen cementerios considerados destinos obligados como el de Highgate en Londres o el Cementerio de la Recoleta en Buenos Aires, por nombrar sólo dos ejemplos. Pero existe una poco conocida necrópolis en Alemania que destaca por su rareza y por la exclusividad de sus habitantes. Es un cementerio hecho para artistas que, además, deben diseñar su propia tumba antes de descansar ahí.

Künstler-Necropole o la Necrópolis de los artistas se encuentra en el Parque Natural Habichtswald, al oeste de la ciudad alemana de Kassel. Este cementerio es, también, un proyecto que durante años ha acogido los restos de artistas que son invitados a diseñar sus propias tumbas. Así, cuando su tiempo en este mundo llegue a su fin, sus cenizas podrán descansar debajo de sus obras de arte.

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Este extraño cementerio fue planeado como un proyecto de arte público por Harry Kramer, artista, bailarín y profesor de arte, conocido por sus esculturas cinéticas de principios de la década de 1960. Aunque Kramer murió en 1997, su proyecto sigue vivo y es financiado por una fundación creada para administrar la fortuna personal del alemán. Esta necrópolis ofrece espacio para 40 tumbas. Actualmente, sólo hay un poco menos de una docena. Cada una de ellas es, también, una llamativa pieza que se confunde con su entorno natural.

Este por demás excéntrico lugar no se parece a ninguna otro y resulta una atinada mezcla de creación y muerte; es un museo y un cementerio que resguarda obras que son, al mismo tiempo, epitafios tangibles y piezas de arte de aquellos que se han aventurado a crear en vida, monumentos que los sobreviven o sobrevivirán y que, finalmente, celebran a la vida.

 

 

Imágenes: Wikimedia Commons – Baummapper

Existen espacios que funcionan como puertas entre el mundo físico y el metafísico, y los cementerios son, quizá, los más simbólicos de todos. En éstos reina una atmósfera que oscila entre la nostalgia, la oscuridad y, paradójicamente, lo luminoso: son lugares profundamente espirituales. Ahí, las tumbas se erigen como monumentos a quienes ya no existen, pero cuya memoria quiere ser rescatada de olvido.

Alrededor del mundo existen diversas tumbas famosas, como la del gran Oscar Wilde, que se ha convertido en un lugar de culto y obsesión; también existen cementerios considerados destinos obligados como el de Highgate en Londres o el Cementerio de la Recoleta en Buenos Aires, por nombrar sólo dos ejemplos. Pero existe una poco conocida necrópolis en Alemania que destaca por su rareza y por la exclusividad de sus habitantes. Es un cementerio hecho para artistas que, además, deben diseñar su propia tumba antes de descansar ahí.

Künstler-Necropole o la Necrópolis de los artistas se encuentra en el Parque Natural Habichtswald, al oeste de la ciudad alemana de Kassel. Este cementerio es, también, un proyecto que durante años ha acogido los restos de artistas que son invitados a diseñar sus propias tumbas. Así, cuando su tiempo en este mundo llegue a su fin, sus cenizas podrán descansar debajo de sus obras de arte.

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Este extraño cementerio fue planeado como un proyecto de arte público por Harry Kramer, artista, bailarín y profesor de arte, conocido por sus esculturas cinéticas de principios de la década de 1960. Aunque Kramer murió en 1997, su proyecto sigue vivo y es financiado por una fundación creada para administrar la fortuna personal del alemán. Esta necrópolis ofrece espacio para 40 tumbas. Actualmente, sólo hay un poco menos de una docena. Cada una de ellas es, también, una llamativa pieza que se confunde con su entorno natural.

Este por demás excéntrico lugar no se parece a ninguna otro y resulta una atinada mezcla de creación y muerte; es un museo y un cementerio que resguarda obras que son, al mismo tiempo, epitafios tangibles y piezas de arte de aquellos que se han aventurado a crear en vida, monumentos que los sobreviven o sobrevivirán y que, finalmente, celebran a la vida.

 

 

Imágenes: Wikimedia Commons – Baummapper