A menudo las iniciativas más admirables provienen de los lugares menos esperados. Hampton Creek, la empresa alimentaria de San Francisco que hace ovoproductos sin huevo (Just Mayo), está en una misión para construir la base de datos de plantas más grande del mundo.

Su propósito es hacer un catálogo de plantas y sus propiedades aplicables. Hace apenas un mes, la compañía contrató a Dan Zigmond, el antes líder en data científica de Google Maps, para llevar los esfuerzos de compilación. En ese momento la misión de la biblioteca se volvió cosa seria.

Es curioso como la Era de la información tiene sus correspondencias con la Era oscura. Uno de los rasgos más característicos de la Edad Media es que se creía que un tratado o una compilación podía abarcar todo un espectro del mundo. El Tractatus de Herbis, por ejemplo, pretendía agotar el catálogo natural de las plantas medicinales, o el Tratado de Medicina de Juan de Ardene, la teoría médica que se conocía hasta el momento. Y con la llegada del siglo XXI y el Internet, ese rasgo afanoso parece estar regresando.

Las bases de datos buscan compilar el infinito de data que hemos descubierto hasta la actualidad, y seguir alimentándose en tiempo real. Pero a diferencia de lo que hacían los escríbanos medievales, tratar de organizar el mundo con fines prácticos, ahora también existe entre algunos el menos decoroso afán de servirse de la información para beneficios comerciales.

La misión de Hampton Creek es persuasiva, y por supuesto, hiperbólica. La compilación ayudaría a la salud humana, la sustentabilidad ecológica y el bienestar animal. Hasta ahora han compilado 4 mil muestras de diferentes materiales de plantas, y apenas están comenzando a organizarlas y entenderlas.

Pero existen alrededor de 400 mil especies de plantas conocidas en el mundo (con énfasis en “conocidas”), y tan solo una docena de genomas de plantas, lo cual deja a Hampton Creek con muchísimo trabajo qué hacer.

La compañía no ha compartido nada de su información hasta ahora, pero de acuerdo a Zigmond, en el futuro buscarán patentar esa data como parte de su modelo de negocios a largo plazo. Su aporte promete ser valiosísimo siempre y cuando, una vez compilada la información, la abran al mundo como parte de ese inestimable legado que ha marcado nuestra evolución desde que se inventaron los tratados y las compilaciones. En caso contrario, estaríamos frente a una ambiciosa estrategia más para monetizar información.

A menudo las iniciativas más admirables provienen de los lugares menos esperados. Hampton Creek, la empresa alimentaria de San Francisco que hace ovoproductos sin huevo (Just Mayo), está en una misión para construir la base de datos de plantas más grande del mundo.

Su propósito es hacer un catálogo de plantas y sus propiedades aplicables. Hace apenas un mes, la compañía contrató a Dan Zigmond, el antes líder en data científica de Google Maps, para llevar los esfuerzos de compilación. En ese momento la misión de la biblioteca se volvió cosa seria.

Es curioso como la Era de la información tiene sus correspondencias con la Era oscura. Uno de los rasgos más característicos de la Edad Media es que se creía que un tratado o una compilación podía abarcar todo un espectro del mundo. El Tractatus de Herbis, por ejemplo, pretendía agotar el catálogo natural de las plantas medicinales, o el Tratado de Medicina de Juan de Ardene, la teoría médica que se conocía hasta el momento. Y con la llegada del siglo XXI y el Internet, ese rasgo afanoso parece estar regresando.

Las bases de datos buscan compilar el infinito de data que hemos descubierto hasta la actualidad, y seguir alimentándose en tiempo real. Pero a diferencia de lo que hacían los escríbanos medievales, tratar de organizar el mundo con fines prácticos, ahora también existe entre algunos el menos decoroso afán de servirse de la información para beneficios comerciales.

La misión de Hampton Creek es persuasiva, y por supuesto, hiperbólica. La compilación ayudaría a la salud humana, la sustentabilidad ecológica y el bienestar animal. Hasta ahora han compilado 4 mil muestras de diferentes materiales de plantas, y apenas están comenzando a organizarlas y entenderlas.

Pero existen alrededor de 400 mil especies de plantas conocidas en el mundo (con énfasis en “conocidas”), y tan solo una docena de genomas de plantas, lo cual deja a Hampton Creek con muchísimo trabajo qué hacer.

La compañía no ha compartido nada de su información hasta ahora, pero de acuerdo a Zigmond, en el futuro buscarán patentar esa data como parte de su modelo de negocios a largo plazo. Su aporte promete ser valiosísimo siempre y cuando, una vez compilada la información, la abran al mundo como parte de ese inestimable legado que ha marcado nuestra evolución desde que se inventaron los tratados y las compilaciones. En caso contrario, estaríamos frente a una ambiciosa estrategia más para monetizar información.

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