Su nombre es William Mortensen. Si no lo conoces es porque fotógrafos como Ansel Adams o Edward Weston, los llamados “puristas”, hicieron un brillante trabajo al retirarlo de museos y galerías, libros de arte y revistas, y en general en purgarlo de la narrativa dominante de la fotografía del siglo XX. Ansel Adams incluso llegó a llamarlo “el Anticristo”. Sin embargo, el acercamiento al medio al que se abocó, dentro del rubro del “pictorialismo”, incluyó prácticas centrales a la fotografía de las décadas pasadas: eventos escenificados para la cámara, fotomontajes, combinaciones imagen/texto, “procesos alternativos”, y otros. William Mortensen, ante todo, tuvo una sensibilidad esotérica que da escalofríos, y que nadie ha vuelto a tener desde entonces.

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Sus imágenes tratan, y con manifiesta valentía, sobre el ocultismo, la magia negra, lo grotesco y la belleza oscura, pero sobre todo tratan acerca de esa “magia” que una fotografía puede ejercer sobre el observador: el comando a mirar. En un irreverente y revolucionario libro que tituló The Command to Look, el cual es ya un objeto de culto que había estado fuera de imprenta por más de 50 años y hasta hace poco, habla precisamente del “hechizo visual” que pretendía con algunas de sus fotografías. Este libro, entre otras cosas, influenció de manera importante al investigador ocultista Manly P. Hall y al fundador de la Iglesia de Satán, Anton Szandor LaVey, cuya “Biblia” estuvo dedicada en parte al fotógrafo.

Esta serie de fotografías de brujas y mujeres embrujadas, tomadas entre 1926 y 1927, catalogan su interpretación del vínculo de una mujer joven con la magia negra, que debió haber sido deliciosamente subversivo hace unos 90 años.

Desafortunadamente, cortesía de sus antagonistas estéticos, la negligencia a su trabajo durante tantas décadas resultó en la desaparición o dispersión de mucho de su archivo: impresiones originales, ensayos, negativos, manuscritos… Así que lo que tenemos de él es una porción. Sus brujas son sólo algunas de sus brujas. Cada una, no obstante, es un hechizo en sí.

En los últimos años, el trabajo de William Mortensen se ha estado mostrando alrededor del mundo. Dos de sus libros han sido reeditados y su obra es parte de una magnífica exposición en el Morbid Anatomy Museum.

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Su nombre es William Mortensen. Si no lo conoces es porque fotógrafos como Ansel Adams o Edward Weston, los llamados “puristas”, hicieron un brillante trabajo al retirarlo de museos y galerías, libros de arte y revistas, y en general en purgarlo de la narrativa dominante de la fotografía del siglo XX. Ansel Adams incluso llegó a llamarlo “el Anticristo”. Sin embargo, el acercamiento al medio al que se abocó, dentro del rubro del “pictorialismo”, incluyó prácticas centrales a la fotografía de las décadas pasadas: eventos escenificados para la cámara, fotomontajes, combinaciones imagen/texto, “procesos alternativos”, y otros. William Mortensen, ante todo, tuvo una sensibilidad esotérica que da escalofríos, y que nadie ha vuelto a tener desde entonces.

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Sus imágenes tratan, y con manifiesta valentía, sobre el ocultismo, la magia negra, lo grotesco y la belleza oscura, pero sobre todo tratan acerca de esa “magia” que una fotografía puede ejercer sobre el observador: el comando a mirar. En un irreverente y revolucionario libro que tituló The Command to Look, el cual es ya un objeto de culto que había estado fuera de imprenta por más de 50 años y hasta hace poco, habla precisamente del “hechizo visual” que pretendía con algunas de sus fotografías. Este libro, entre otras cosas, influenció de manera importante al investigador ocultista Manly P. Hall y al fundador de la Iglesia de Satán, Anton Szandor LaVey, cuya “Biblia” estuvo dedicada en parte al fotógrafo.

Esta serie de fotografías de brujas y mujeres embrujadas, tomadas entre 1926 y 1927, catalogan su interpretación del vínculo de una mujer joven con la magia negra, que debió haber sido deliciosamente subversivo hace unos 90 años.

Desafortunadamente, cortesía de sus antagonistas estéticos, la negligencia a su trabajo durante tantas décadas resultó en la desaparición o dispersión de mucho de su archivo: impresiones originales, ensayos, negativos, manuscritos… Así que lo que tenemos de él es una porción. Sus brujas son sólo algunas de sus brujas. Cada una, no obstante, es un hechizo en sí.

En los últimos años, el trabajo de William Mortensen se ha estado mostrando alrededor del mundo. Dos de sus libros han sido reeditados y su obra es parte de una magnífica exposición en el Morbid Anatomy Museum.

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