Existe un gusto entre algunos arqueólogos e historiadores por encontrar las evidencias que hay detrás de ciertas leyendas y mitos. Se preocupan por hallar la verdadera Jerusalén, la Atlántida y la Utopía originaria.

En La vida instrucciones de uso, Georges Perec retrató a un personaje que representa esta ansiedad por encontrar el origen geográfico de las ciudades imaginarias. Su personaje, el arqueólogo francés Beaumont, está seguro de haber hallado el asentamiento original de la mítica ciudad de Lebtit. Las leyendas en torno a Lebtit no coinciden en su ubicación geográfica. Algunos dicen que corresponde a la Leptis Magna de los romanos, en las costas de Libia. Según el cuento de la noche 272, de Las mil y una noches, la ciudad, allí llamada Lepta, está en Andalucía. En “La cámara de las estatuas”, Borges refiere que podría tratarse de Ceuta o de Jaén. El arqueólogo de Perec, sin embargo, está seguro de que se encuentra en Oviedo. Sus razones para creerlo están basadas en la leyenda que narra Scheherezade. Ella dice que en la ciudad de Labtayt, en Roum, había una torre cerrada. Cada que el rey en turno moría, el nuevo rey agregaba una cerradura a la puerta. Un día un hombre que no era de la familia real decidió abrir todas las cerraduras, a pesar de que los sabios del reino le imploraron que no lo hiciera. Dentro encontró cientos de estatuas a caballo y una inscripción que decía que cuando se abrieran las puertas caería la ruina sobre el reino. En la torre además encontró tesoros maravillosos: jacintos, perlas, manuales de venenos y joyería, un mapamundi, la mesa de esmeralda de Solimán, un polvo que convierte la plata en oro, un espejo que muestra los siete climas del mundo, y una cámara tan larga que la flecha del mejor arquero no alcanzaría el otro extremo.

Borges reescribe esta leyenda en su cuento “La cámara de las estatuas” con algunas modificaciones: las estatuas están viendo hacia el poniente, uno de los libros tiene una escritura clara pero incomprensible, la mesa de esmeralda de Solimán es mágica, y el espejo muestra los rostros de todos los antepasados y descendientes de quien lo mire.

El arqueólogo de Perec conoce esta leyenda y a partir del dato de la flecha que no alcanza el otro extremo de la cámara deduce que ésta debe medir más de 200 metros. Con este dato, analiza las ruinas arqueológicas y encuentra que ni Ceuta ni Jaén pueden ser las ciudades originales de la leyenda. Opta, entonces, por Oviedo, y comienza sus excavaciones.

El arqueólogo se parece al personaje de la leyenda, necesita saber lo que hay bajo la tierra como el otro lo que hay detrás de la puerta. Existe la posibilidad de que no haya encontrado nada, de que se haya dado cuenta que Lebtit, como Utopía o la Atlántida, tienen una existencia verdadera pero sólo localizable en la psique de los humanos. O quizás dio con las ruinas y encontró en ellas una maldición similar a la de la leyenda, porque, según la narración de Perec, antes de terminar las excavaciones se suicidó.

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Existe un gusto entre algunos arqueólogos e historiadores por encontrar las evidencias que hay detrás de ciertas leyendas y mitos. Se preocupan por hallar la verdadera Jerusalén, la Atlántida y la Utopía originaria.

En La vida instrucciones de uso, Georges Perec retrató a un personaje que representa esta ansiedad por encontrar el origen geográfico de las ciudades imaginarias. Su personaje, el arqueólogo francés Beaumont, está seguro de haber hallado el asentamiento original de la mítica ciudad de Lebtit. Las leyendas en torno a Lebtit no coinciden en su ubicación geográfica. Algunos dicen que corresponde a la Leptis Magna de los romanos, en las costas de Libia. Según el cuento de la noche 272, de Las mil y una noches, la ciudad, allí llamada Lepta, está en Andalucía. En “La cámara de las estatuas”, Borges refiere que podría tratarse de Ceuta o de Jaén. El arqueólogo de Perec, sin embargo, está seguro de que se encuentra en Oviedo. Sus razones para creerlo están basadas en la leyenda que narra Scheherezade. Ella dice que en la ciudad de Labtayt, en Roum, había una torre cerrada. Cada que el rey en turno moría, el nuevo rey agregaba una cerradura a la puerta. Un día un hombre que no era de la familia real decidió abrir todas las cerraduras, a pesar de que los sabios del reino le imploraron que no lo hiciera. Dentro encontró cientos de estatuas a caballo y una inscripción que decía que cuando se abrieran las puertas caería la ruina sobre el reino. En la torre además encontró tesoros maravillosos: jacintos, perlas, manuales de venenos y joyería, un mapamundi, la mesa de esmeralda de Solimán, un polvo que convierte la plata en oro, un espejo que muestra los siete climas del mundo, y una cámara tan larga que la flecha del mejor arquero no alcanzaría el otro extremo.

Borges reescribe esta leyenda en su cuento “La cámara de las estatuas” con algunas modificaciones: las estatuas están viendo hacia el poniente, uno de los libros tiene una escritura clara pero incomprensible, la mesa de esmeralda de Solimán es mágica, y el espejo muestra los rostros de todos los antepasados y descendientes de quien lo mire.

El arqueólogo de Perec conoce esta leyenda y a partir del dato de la flecha que no alcanza el otro extremo de la cámara deduce que ésta debe medir más de 200 metros. Con este dato, analiza las ruinas arqueológicas y encuentra que ni Ceuta ni Jaén pueden ser las ciudades originales de la leyenda. Opta, entonces, por Oviedo, y comienza sus excavaciones.

El arqueólogo se parece al personaje de la leyenda, necesita saber lo que hay bajo la tierra como el otro lo que hay detrás de la puerta. Existe la posibilidad de que no haya encontrado nada, de que se haya dado cuenta que Lebtit, como Utopía o la Atlántida, tienen una existencia verdadera pero sólo localizable en la psique de los humanos. O quizás dio con las ruinas y encontró en ellas una maldición similar a la de la leyenda, porque, según la narración de Perec, antes de terminar las excavaciones se suicidó.

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