A finales del siglo XIX, Estados Unidos rebosaba de hobos, un grupo enorme de nómadas nacionales que viajaban en busca de trabajo. A diferencia de los vagabundos o de los conocidos tramps, estos personajes se subían como polizontes en trenes de carga y hacían camino exclusivamente por las vías de los ferrocarriles.

Según diversos historiadores, los hobos y el término que los define aparecieron al final de la Guerra Civil estadounidense, en la década de 1860. Para 1911, se calculaba que existían alrededor de 700,000 hobos que, destino al viento, trazaban mapas empíricos en el país. Durante la Gran Depresión (los años 30), esta población flotante creció exponencialmente por la falta de empleo. Existían hobos famosos y legendarios, algunos tachados de salvajes o asesinos, y muchos de ellos registraron su vida en relatos sobre sus recorridos.

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La vida de estos personajes era marcadamente solitaria y peligrosa, enfrentaban la hostilidad de las comunidades por las que pasaban y de los oficiales de los trenes, que en ocasiones los bajaban de los vagones en zonas despobladas y, en el mejor de los casos, los golpeaban. Estas adversidades orillaron a los hobos a formar una comunidad cerrada —una hermandad— y toda una cultura alrededor de su estilo de vida. Por ejemplo, acuñaron una terminología propia, un lenguaje de símbolos y un código ético que, entre otras cosas, establecía el valor de su libertad, les prohibía dañar la naturaleza o tirar basura, inculcaba respeto a las comunidades por las que pasaban y los instaba a apoyarse entre ellos.

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Su lenguaje secreto, por cierto fascinante, correspondió a un sistema de símbolos visuales que proporcionaba información útil a quienes llevaban esta clase de vida. También comunicaba consejos, instrucciones y direcciones, además de prevenir a otros hobos de evitar ciertos lugares o, por ejemplo, de beber agua de un determinado río. Estos herméticos signos se marcaban en lugares estratégicos

El estilo de vida que irradia la filosofía hobo, cimentado en la libertad, el desapego y la fraternidad, atrajo a notables figuras, sobre todo a célebres escritores, entre ellos Jack London o George Orwell, que abrazaron este credo existencial; Jack Kerouac incluso escribió en 1960 Lonesome Traveler, basado en sus experiencias como un hobo.

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Los tenaces hobos aún existen en Estados Unidos. Actualmente se realizan convenciones anuales y hay diversos grupos y sitios de estas comunidades. Desde 1901 hasta hoy se realiza la National Hobo Convention, en la cual se reúnen una vez al año.

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Imágenes:
1.Mario Muller/ Getty Images.
2.El boxeador Lou Ambers ocasionalmente se colgaba de trenes para viajar por el país. Alan Fisher/Library of Congress.
3. Estos hobos están siendo desportados de Los Ángeles en 1936.. American Stock/Getty Images.
4, 5. Anónimo.
6. John Vink, de la serie USA: Hobo, 1986.

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A finales del siglo XIX, Estados Unidos rebosaba de hobos, un grupo enorme de nómadas nacionales que viajaban en busca de trabajo. A diferencia de los vagabundos o de los conocidos tramps, estos personajes se subían como polizontes en trenes de carga y hacían camino exclusivamente por las vías de los ferrocarriles.

Según diversos historiadores, los hobos y el término que los define aparecieron al final de la Guerra Civil estadounidense, en la década de 1860. Para 1911, se calculaba que existían alrededor de 700,000 hobos que, destino al viento, trazaban mapas empíricos en el país. Durante la Gran Depresión (los años 30), esta población flotante creció exponencialmente por la falta de empleo. Existían hobos famosos y legendarios, algunos tachados de salvajes o asesinos, y muchos de ellos registraron su vida en relatos sobre sus recorridos.

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La vida de estos personajes era marcadamente solitaria y peligrosa, enfrentaban la hostilidad de las comunidades por las que pasaban y de los oficiales de los trenes, que en ocasiones los bajaban de los vagones en zonas despobladas y, en el mejor de los casos, los golpeaban. Estas adversidades orillaron a los hobos a formar una comunidad cerrada —una hermandad— y toda una cultura alrededor de su estilo de vida. Por ejemplo, acuñaron una terminología propia, un lenguaje de símbolos y un código ético que, entre otras cosas, establecía el valor de su libertad, les prohibía dañar la naturaleza o tirar basura, inculcaba respeto a las comunidades por las que pasaban y los instaba a apoyarse entre ellos.

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Su lenguaje secreto, por cierto fascinante, correspondió a un sistema de símbolos visuales que proporcionaba información útil a quienes llevaban esta clase de vida. También comunicaba consejos, instrucciones y direcciones, además de prevenir a otros hobos de evitar ciertos lugares o, por ejemplo, de beber agua de un determinado río. Estos herméticos signos se marcaban en lugares estratégicos

El estilo de vida que irradia la filosofía hobo, cimentado en la libertad, el desapego y la fraternidad, atrajo a notables figuras, sobre todo a célebres escritores, entre ellos Jack London o George Orwell, que abrazaron este credo existencial; Jack Kerouac incluso escribió en 1960 Lonesome Traveler, basado en sus experiencias como un hobo.

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Los tenaces hobos aún existen en Estados Unidos. Actualmente se realizan convenciones anuales y hay diversos grupos y sitios de estas comunidades. Desde 1901 hasta hoy se realiza la National Hobo Convention, en la cual se reúnen una vez al año.

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Imágenes:
1.Mario Muller/ Getty Images.
2.El boxeador Lou Ambers ocasionalmente se colgaba de trenes para viajar por el país. Alan Fisher/Library of Congress.
3. Estos hobos están siendo desportados de Los Ángeles en 1936.. American Stock/Getty Images.
4, 5. Anónimo.
6. John Vink, de la serie USA: Hobo, 1986.

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