La realidad es de quien la narra, de quien cultiva y comparte sus historias. Hoy esa realidad, quizá más que nunca en la historia, está confeccionada por incontables narrativas: fuerzas y estímulos que provienen de los más diversos paisajes culturales, tradiciones y mitologías.

Esta diversidad, uno de los rasgos que por cierto nos distinguen como especie, recurre para manifestarse a puntos de condensación; y no hablamos de sitios geográficos, sino de espacios forjados en el orgiástico intercambios de distintas energías culturales.

Pero, en un mundo cada vez más global ¿cómo construir puntos de encuentro que ecualicen  esta desbordante diversidad? ¿cómo unirnos sin uniformar? ¿cómo celebrar las diferencias mientras recordamos que a fin de cuentas somos todos uno? Ante estas preguntas y para responderlas, tenemos dos herramientas específicas: creatividad y colaboración.

La primera es una cualidad indeleble en la esencia humana, y es precisamente la que nos permite enriquecer las intervenciones que hacemos en la realidad —por ejemplo, imaginar formas de enriquecer mutuamente las numerosas identidades culturales que hoy interactúan—. La segunda es el catalizador perfecto para encausar esa energía plural y así desdoblar la realidad compartida hacia nuevos límites.    

This is Not America es un esfuerzo multidisciplinario por sacudir los viejos paradigmas en torno a la diversidad cultural. Es un vívido experimento que se propone reimaginar la cartografía mundial, no a partir de elementos separados por fronteras, sino de un territorio compartido que se manifiesta en una ominosa fricción, inevitable y ciertamente mágica.

Qué mejor que las voces artísticas de diversas culturas que sintonizadas, y actuando como embajadores de sus respectivas identidades, se aboquen a reconfigurar los viejos mapas y a renovar el imaginario ultra diverso que hoy nos representa a todos.

¿Acaso no es esta multiplicidad la joya de la corona de la raza humana? ¿No es a través de practicarla y compartirla que podemos religarnos hoy a ese aspecto sagrado de nuestra existencia colectiva? Recordemos que la separación cultural que marcó nuestra historia  es parte de un proceso cuya segunda e inevitable etapa es la reunión —solve et coagula, dirían los alquimistas—. Hoy es momento de tomar conciencia al respecto y de celebrar, más que nunca, la sagrada diversidad que como humanos nos une, sin excepción.     

Imagen: Mirta Toledo – Creative Commons

La realidad es de quien la narra, de quien cultiva y comparte sus historias. Hoy esa realidad, quizá más que nunca en la historia, está confeccionada por incontables narrativas: fuerzas y estímulos que provienen de los más diversos paisajes culturales, tradiciones y mitologías.

Esta diversidad, uno de los rasgos que por cierto nos distinguen como especie, recurre para manifestarse a puntos de condensación; y no hablamos de sitios geográficos, sino de espacios forjados en el orgiástico intercambios de distintas energías culturales.

Pero, en un mundo cada vez más global ¿cómo construir puntos de encuentro que ecualicen  esta desbordante diversidad? ¿cómo unirnos sin uniformar? ¿cómo celebrar las diferencias mientras recordamos que a fin de cuentas somos todos uno? Ante estas preguntas y para responderlas, tenemos dos herramientas específicas: creatividad y colaboración.

La primera es una cualidad indeleble en la esencia humana, y es precisamente la que nos permite enriquecer las intervenciones que hacemos en la realidad —por ejemplo, imaginar formas de enriquecer mutuamente las numerosas identidades culturales que hoy interactúan—. La segunda es el catalizador perfecto para encausar esa energía plural y así desdoblar la realidad compartida hacia nuevos límites.    

This is Not America es un esfuerzo multidisciplinario por sacudir los viejos paradigmas en torno a la diversidad cultural. Es un vívido experimento que se propone reimaginar la cartografía mundial, no a partir de elementos separados por fronteras, sino de un territorio compartido que se manifiesta en una ominosa fricción, inevitable y ciertamente mágica.

Qué mejor que las voces artísticas de diversas culturas que sintonizadas, y actuando como embajadores de sus respectivas identidades, se aboquen a reconfigurar los viejos mapas y a renovar el imaginario ultra diverso que hoy nos representa a todos.

¿Acaso no es esta multiplicidad la joya de la corona de la raza humana? ¿No es a través de practicarla y compartirla que podemos religarnos hoy a ese aspecto sagrado de nuestra existencia colectiva? Recordemos que la separación cultural que marcó nuestra historia  es parte de un proceso cuya segunda e inevitable etapa es la reunión —solve et coagula, dirían los alquimistas—. Hoy es momento de tomar conciencia al respecto y de celebrar, más que nunca, la sagrada diversidad que como humanos nos une, sin excepción.     

Imagen: Mirta Toledo – Creative Commons