Sobre la escritura no hay autoridad más confiable que el escritor, eso está claro. La literatura se autopiensa y por lo tanto los testimonios sobre el acto de escribir abundan en los ensayos personales y las listas; y casi todos están a la mano. Pero pocas veces damos oportunidad a la ciencia para que nos hable de escribir. Después de todo, ella tiene el acceso privilegiado a esa maquinaria productora de historias que tanto queremos descifrar. ¿Cómo se moldea el cerebro a través de la escritura?

Para la realización de un nuevo estudio sobre la relación entre cerebro y creatividad,  investigadores compararon resonancias magnéticas del cerebro de algunos escritores experimentados con otros de escritores novatos. Los resultados son, por lo menos, sorprendentes.

El procedimiento fue el siguiente:

Se seleccionó a veinte escritores con al menos una década de experiencia (personas que escriben en promedio veintiún horas a la semana) y veintiocho principiantes (que escriben alrededor de una hora a la semana). A los cuarenta y ocho se les dio el principio de una historia para que, en primer lugar, hicieran una lluvia de ideas para un posible final. Posteriormente se les pidió que escribieran la historia en un lapso de dos minutos. Mientras tanto todos estaban conectados a un escáner cerebral.

La corteza frontal del cerebro de los escritores más experimentados mostraba mayor actividad (como era de esperarse), particularmente en el área relacionada con el lenguaje y la selección de metas. Esta región está asociada con el procesamiento del lenguaje emocional, como la interpretación de los gestos. Ello sugiere que el escritor experimentado tiene una mayor capacidad de entrar en contacto con la parte emocional de la escritura y del lenguaje.

Además, el cerebro de los veteranos mostró mayor actividad en el núcleo caudado izquierdo, que es utilizado en procesos de aprendizaje y actividades cognitivas. En cambio, el cerebro de los escritores menos experimentados recurrió más a las áreas visuales del cerebro.

Durante la lluvia de ideas, el cerebro del primer grupo mostró mayor actividad en las zonas asociadas con el procesamiento del discurso, lo cual sugiere que en su cerebro las ideas nacen durante el proceso que va de la concepción a la expresión, es decir, antes de ser expresadas ya han sido concebidas.

Muchos de los escritores expertos solucionaron la historia inconclusa con descripciones de emociones y metáforas. Aunque esto podría parecer a primera vista irrelevante, significa que la escritura constante moldea el cerebro de manera que asociemos el lenguaje con las emociones, y lo hagamos casi inmediatamente al sostener una pluma.

Si como decía Susan Sontag, “la literatura es la libertad”, los resultados de este estudio sugieren que la escritura, también, es libertad. Escribiendo destapamos aquellos lugares profundamente emocionales de la corteza cerebral y los plasmamos ahí, en la posibilidad de un encuentro con un lector.

Sobre la escritura no hay autoridad más confiable que el escritor, eso está claro. La literatura se autopiensa y por lo tanto los testimonios sobre el acto de escribir abundan en los ensayos personales y las listas; y casi todos están a la mano. Pero pocas veces damos oportunidad a la ciencia para que nos hable de escribir. Después de todo, ella tiene el acceso privilegiado a esa maquinaria productora de historias que tanto queremos descifrar. ¿Cómo se moldea el cerebro a través de la escritura?

Para la realización de un nuevo estudio sobre la relación entre cerebro y creatividad,  investigadores compararon resonancias magnéticas del cerebro de algunos escritores experimentados con otros de escritores novatos. Los resultados son, por lo menos, sorprendentes.

El procedimiento fue el siguiente:

Se seleccionó a veinte escritores con al menos una década de experiencia (personas que escriben en promedio veintiún horas a la semana) y veintiocho principiantes (que escriben alrededor de una hora a la semana). A los cuarenta y ocho se les dio el principio de una historia para que, en primer lugar, hicieran una lluvia de ideas para un posible final. Posteriormente se les pidió que escribieran la historia en un lapso de dos minutos. Mientras tanto todos estaban conectados a un escáner cerebral.

La corteza frontal del cerebro de los escritores más experimentados mostraba mayor actividad (como era de esperarse), particularmente en el área relacionada con el lenguaje y la selección de metas. Esta región está asociada con el procesamiento del lenguaje emocional, como la interpretación de los gestos. Ello sugiere que el escritor experimentado tiene una mayor capacidad de entrar en contacto con la parte emocional de la escritura y del lenguaje.

Además, el cerebro de los veteranos mostró mayor actividad en el núcleo caudado izquierdo, que es utilizado en procesos de aprendizaje y actividades cognitivas. En cambio, el cerebro de los escritores menos experimentados recurrió más a las áreas visuales del cerebro.

Durante la lluvia de ideas, el cerebro del primer grupo mostró mayor actividad en las zonas asociadas con el procesamiento del discurso, lo cual sugiere que en su cerebro las ideas nacen durante el proceso que va de la concepción a la expresión, es decir, antes de ser expresadas ya han sido concebidas.

Muchos de los escritores expertos solucionaron la historia inconclusa con descripciones de emociones y metáforas. Aunque esto podría parecer a primera vista irrelevante, significa que la escritura constante moldea el cerebro de manera que asociemos el lenguaje con las emociones, y lo hagamos casi inmediatamente al sostener una pluma.

Si como decía Susan Sontag, “la literatura es la libertad”, los resultados de este estudio sugieren que la escritura, también, es libertad. Escribiendo destapamos aquellos lugares profundamente emocionales de la corteza cerebral y los plasmamos ahí, en la posibilidad de un encuentro con un lector.

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