Las metáforas de la altura, de la elevación, de la profundidad,

del descenso, de la caída son metáforas axiomáticas.

Nada puede explicarlas pero ellas pueden explicarlo todo.

Gaston Bachelard

En los años 60, una casa en Houston, Texas, se incendió. Entre lo poco que sobrevivió fue una serie de 12 fantásticos cuadernos que describían al Sonora Aero Club, una sociedad secreta que había desaparecido de la historia, si es que alguna vez existió. Llenos de dibujos misteriosos, de doble cara, en forma de collage, los cuadernos fueron eventualmente descubiertos en una tienda de segunda mano por una estudiante de arte, y luego adquiridos por museos y galerías. Los 12 cuadernos describen una sociedad infatuada con el vuelo, y parecen tener una polinización cruzada con las historias de Julio Verne o El mago de Oz.

int.Courtesy Stephen Romano, BrooklynResulta que las acuarelas eran obra de un tal Charles August Albert Dellschau (1830–1923), un inmigrante alemán que diligentemente creó estos cuadernos entre 1908 y 1921, durante su retiro. A la fecha nadie sabe si el Sonora Aero Club existió, o si fue enteramente el producto de su imaginación. Pero el libro describe cómo él y otros 50 o 60 miembros del club presentaban sus inventos ante los otros, e imaginariamente piloteaban sus propios aviones o aeronaves sobre un California inundado de buscadores de oro. Quizás fue precisamente la “fiebre del oro” lo que llevó a este hombre a desear, más que nunca, poder recorrer distancias largas por los cielos. El trayecto hacia el Oeste estaba lleno de percances, ya fuera por tierra o por mar, y muchísimos estadounidenses fantaseaban con llegar a California a buscar oro sin tener que pasar por las penurias de llegar allí.

Todos juntos, los cuadernos cosidos con agujetas contienen unas 2,000 páginas, cada una con un impresionante dibujo con algunos apuntes en alemán, en inglés y en un lenguaje en código que aún no se ha podido descifrar del todo. Pero incluso si son una fabricación, los sueños de Dellschau representan una verdad histórica: este era un país seducido por el sueño de volar. Como el historiador del vuelo Tom D. Crouch bien señala:

El vuelo fue, después de todo, el gran sueño de los tiempos. Pudo haber sido el sueño tecnológico que es innato en los seres humanos: debido a los pájaros, debido a que otras criaturas vuelan y nosotros no. Se convierte –el sueño de volar se convierte– en algo psicológicamente incrustado en nosotros, conectado a aquellos sueños humanos de escapar, de sortear obstáculos, ya sean geográficos u obstáculos de vida.

Esta posibilidad es la que inflama las páginas de Dellschau. Y de hecho, sus fantasías no estaban desligadas de la realidad, sino inspiradas por ella. En algunas hojas dibujaba, por ejemplo, la historia del Sonora Aero Club encima de algún recorte de prensa que hablaba del advenimiento de las aeronaves.

Int.rueda

Cualquiera que sea su valor histórico, las obras de Dellschau son tesoros de entusiasmo y sensibilidad estética. Nos cuenta acerca de unos hombres –reales o no– que se reunían con el solo propósito de avivar el fuego de sus imaginaciones, de alentar el invento caprichoso, ingenioso, de elevarse por las nubes en los mismos cielos en que los envidiables pájaros lo hacían.

En 2013 se publicó un libro con la improbable y magnífica historia, y todos los dibujos. Es una gran metáfora del sueño del hombre con el vuelo y, como decía Bachelard, nada puede explicar esas metáforas, pero ellas pueden explicarlo todo.

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Todas las imágenes cortesía de Stephen Romano, Brooklyn

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Las metáforas de la altura, de la elevación, de la profundidad,

del descenso, de la caída son metáforas axiomáticas.

Nada puede explicarlas pero ellas pueden explicarlo todo.

Gaston Bachelard

En los años 60, una casa en Houston, Texas, se incendió. Entre lo poco que sobrevivió fue una serie de 12 fantásticos cuadernos que describían al Sonora Aero Club, una sociedad secreta que había desaparecido de la historia, si es que alguna vez existió. Llenos de dibujos misteriosos, de doble cara, en forma de collage, los cuadernos fueron eventualmente descubiertos en una tienda de segunda mano por una estudiante de arte, y luego adquiridos por museos y galerías. Los 12 cuadernos describen una sociedad infatuada con el vuelo, y parecen tener una polinización cruzada con las historias de Julio Verne o El mago de Oz.

int.Courtesy Stephen Romano, BrooklynResulta que las acuarelas eran obra de un tal Charles August Albert Dellschau (1830–1923), un inmigrante alemán que diligentemente creó estos cuadernos entre 1908 y 1921, durante su retiro. A la fecha nadie sabe si el Sonora Aero Club existió, o si fue enteramente el producto de su imaginación. Pero el libro describe cómo él y otros 50 o 60 miembros del club presentaban sus inventos ante los otros, e imaginariamente piloteaban sus propios aviones o aeronaves sobre un California inundado de buscadores de oro. Quizás fue precisamente la “fiebre del oro” lo que llevó a este hombre a desear, más que nunca, poder recorrer distancias largas por los cielos. El trayecto hacia el Oeste estaba lleno de percances, ya fuera por tierra o por mar, y muchísimos estadounidenses fantaseaban con llegar a California a buscar oro sin tener que pasar por las penurias de llegar allí.

Todos juntos, los cuadernos cosidos con agujetas contienen unas 2,000 páginas, cada una con un impresionante dibujo con algunos apuntes en alemán, en inglés y en un lenguaje en código que aún no se ha podido descifrar del todo. Pero incluso si son una fabricación, los sueños de Dellschau representan una verdad histórica: este era un país seducido por el sueño de volar. Como el historiador del vuelo Tom D. Crouch bien señala:

El vuelo fue, después de todo, el gran sueño de los tiempos. Pudo haber sido el sueño tecnológico que es innato en los seres humanos: debido a los pájaros, debido a que otras criaturas vuelan y nosotros no. Se convierte –el sueño de volar se convierte– en algo psicológicamente incrustado en nosotros, conectado a aquellos sueños humanos de escapar, de sortear obstáculos, ya sean geográficos u obstáculos de vida.

Esta posibilidad es la que inflama las páginas de Dellschau. Y de hecho, sus fantasías no estaban desligadas de la realidad, sino inspiradas por ella. En algunas hojas dibujaba, por ejemplo, la historia del Sonora Aero Club encima de algún recorte de prensa que hablaba del advenimiento de las aeronaves.

Int.rueda

Cualquiera que sea su valor histórico, las obras de Dellschau son tesoros de entusiasmo y sensibilidad estética. Nos cuenta acerca de unos hombres –reales o no– que se reunían con el solo propósito de avivar el fuego de sus imaginaciones, de alentar el invento caprichoso, ingenioso, de elevarse por las nubes en los mismos cielos en que los envidiables pájaros lo hacían.

En 2013 se publicó un libro con la improbable y magnífica historia, y todos los dibujos. Es una gran metáfora del sueño del hombre con el vuelo y, como decía Bachelard, nada puede explicar esas metáforas, pero ellas pueden explicarlo todo.

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Todas las imágenes cortesía de Stephen Romano, Brooklyn

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