Una noche, durante un baile en la corte rusa, el zar puso sus ojos sobre una joven polaca de 19 años. El monarca no dudó en afirmar que se trataba de la mujer más bella del lugar. Su nombre era Hanna Puacz. Tres de las grandes pasiones de esta joven fueron las plantas, la ópera y los hombres. Su vida sería todo menos común y llegaría a su fin en una exótica finca en California llamada Lotusland, uno de los jardines botánicos más bellos del mundo.

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Cuando aún estaba casada con su primer esposo y disfrutaba de una vida de lujos, Ganna Walska intentó ser cantante profesional de ópera. Su único problema era que no sabía cantar y si sabía, su profundo pánico escénico nunca le permitió lograr una carrera exitosa. Esto la llevó a pasar por momentos embarazosos y vergüenzas en una gran cantidad de escenarios del mundo. Se sabe que en 1918, ante una enorme audiencia en La Habana, Madame salió al escenario y, pocos minutos después, el público comenzó a abuchearla. Su cuarto esposo, Harold McCormick habría se ayudarle a perseguir su carrera como cantante y, se sabe también, este hombre fue la inspiración de Orson Welles para el personaje millonario que en su obra maestra El ciudadano Kane pierde toda su fortuna intentando lograr que su esposa se convierta en una cantante famosa.

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Pero el arte siempre jugaría un papel preponderante en la vida de Ganna y, tras su matrimonio con McCormick, ella compró el Theatre des Champs Elysées de París, en 1922. Mucho tiempo después, Madame habría de asegurar que “El amor viene y va a según su propia voluntad, como una fiebre. Nada puede detenerlo, pero nada puede prolongarlo… Mi reputación fue mi creación y mi auto-defensa. Fui considerada una mujer excepcionalmente ecuánime, un monstruo de mil cabezas y una máquina de trabajo.”

Durante su vida en Europa, Walska siempre mantuvo una vida glamorosa y durante algún tiempo tuvo, incluso, su propia marca de cosméticos. Pero años después y muy a su pesar, con el inicio de la Segunda Guerra Mundial, ella tuvo que dejar París para ir a vivir a Estados Unidos. Fue ahí donde su vida cambio por completo: ella dejó de figurar en las esferas de la sociedad y en 1941 compró una propiedad en Santa Bárbara de unas 15 hectáreas, un lugar que había pertenecido a una familia Gravits obsesionada con la herbolaria, un lugar que se convertiría en la pasión de su vida.

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Con la ayuda de su último esposo, un yogui conocido como el White Lama (“Lama blanco”), Ganna puso toda su energía en lo que sería su obra maestra: el jardín que después nombraría Lotusland. Madame trajo muchas de las estatuas de su castillo en Francia para decorar el jardín que sus previos dueños ya habían construido al dramático estilo de un clásico jardín italiano. En algún punto, ella intentó llamar su jardín “Tibetland” y traer a vivir ahí a varios lamas tibetanos, pero este proyecto fue frustrado por impedimentos políticos para trasladar a los monjes budistas a Estados Unidos.

El jardín de Madame Ganna es, en realidad, varios jardines. Todos éstos fueron nombrados arbitrariamente a capricho de su dueña: el “Jardín azul”, el “Jardín australiano” y el “Jardín de bromelias” son algunos de ellos. Otro más, el Jardín de lotos, está poblado de enormes lotos y lirios, y fue el que dio su nombre al lugar. Este inesperado edén también se llenó de objetos extraños que hacían alusión a la Belle Epoque parisina y otros excéntricos gustos de su creadora —quien, como dato curioso, gustaba de consultar la guija.

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El laberíntico vergel de Madame también incluye un insectario, un jardín japonés y otro acuático con una poza rodeada de fuentes, conchas marinas y caracoles, además de un teatro al aire libre decorado con estatuas que emulan el estilo grotesco del siglo XVII europeo y algunos personajes de las obras de teatro de Molière. Es posible encontrar también, entre los parajes de este enorme paraíso, gigantes trozos de vidrio de colores que, como enormes joyas, decoran este espacio de ensueño.

Finalmente, en el corazón de la propiedad hay una gran casa rosa construida al estilo mexicano, rodeada por decenas de especies de cactus. Fue en este hermoso y surrealista lugar donde Madame Ganna Walska vivió hasta los 96 años, rodeada de cerca de 3,000 especies de plantas, los verdaderos amores de su vida. Poco antes de morir, ella subastó una gran cantidad de sus joyas para hacer un último jardín, habitado por cícadas: el gesto final de esta mujer que encontró el propósito de su vida en un enorme vergel californiano.

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Imágenes: 1) Dominio público 2) Dominio público 3) Dave Miller – flickr 4) Creative Commons – Brewbooks 5) Creative Commons – Brewbooks 6) Creative Commons – Brewbooks

Una noche, durante un baile en la corte rusa, el zar puso sus ojos sobre una joven polaca de 19 años. El monarca no dudó en afirmar que se trataba de la mujer más bella del lugar. Su nombre era Hanna Puacz. Tres de las grandes pasiones de esta joven fueron las plantas, la ópera y los hombres. Su vida sería todo menos común y llegaría a su fin en una exótica finca en California llamada Lotusland, uno de los jardines botánicos más bellos del mundo.

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Cuando aún estaba casada con su primer esposo y disfrutaba de una vida de lujos, Ganna Walska intentó ser cantante profesional de ópera. Su único problema era que no sabía cantar y si sabía, su profundo pánico escénico nunca le permitió lograr una carrera exitosa. Esto la llevó a pasar por momentos embarazosos y vergüenzas en una gran cantidad de escenarios del mundo. Se sabe que en 1918, ante una enorme audiencia en La Habana, Madame salió al escenario y, pocos minutos después, el público comenzó a abuchearla. Su cuarto esposo, Harold McCormick habría se ayudarle a perseguir su carrera como cantante y, se sabe también, este hombre fue la inspiración de Orson Welles para el personaje millonario que en su obra maestra El ciudadano Kane pierde toda su fortuna intentando lograr que su esposa se convierta en una cantante famosa.

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Pero el arte siempre jugaría un papel preponderante en la vida de Ganna y, tras su matrimonio con McCormick, ella compró el Theatre des Champs Elysées de París, en 1922. Mucho tiempo después, Madame habría de asegurar que “El amor viene y va a según su propia voluntad, como una fiebre. Nada puede detenerlo, pero nada puede prolongarlo… Mi reputación fue mi creación y mi auto-defensa. Fui considerada una mujer excepcionalmente ecuánime, un monstruo de mil cabezas y una máquina de trabajo.”

Durante su vida en Europa, Walska siempre mantuvo una vida glamorosa y durante algún tiempo tuvo, incluso, su propia marca de cosméticos. Pero años después y muy a su pesar, con el inicio de la Segunda Guerra Mundial, ella tuvo que dejar París para ir a vivir a Estados Unidos. Fue ahí donde su vida cambio por completo: ella dejó de figurar en las esferas de la sociedad y en 1941 compró una propiedad en Santa Bárbara de unas 15 hectáreas, un lugar que había pertenecido a una familia Gravits obsesionada con la herbolaria, un lugar que se convertiría en la pasión de su vida.

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Con la ayuda de su último esposo, un yogui conocido como el White Lama (“Lama blanco”), Ganna puso toda su energía en lo que sería su obra maestra: el jardín que después nombraría Lotusland. Madame trajo muchas de las estatuas de su castillo en Francia para decorar el jardín que sus previos dueños ya habían construido al dramático estilo de un clásico jardín italiano. En algún punto, ella intentó llamar su jardín “Tibetland” y traer a vivir ahí a varios lamas tibetanos, pero este proyecto fue frustrado por impedimentos políticos para trasladar a los monjes budistas a Estados Unidos.

El jardín de Madame Ganna es, en realidad, varios jardines. Todos éstos fueron nombrados arbitrariamente a capricho de su dueña: el “Jardín azul”, el “Jardín australiano” y el “Jardín de bromelias” son algunos de ellos. Otro más, el Jardín de lotos, está poblado de enormes lotos y lirios, y fue el que dio su nombre al lugar. Este inesperado edén también se llenó de objetos extraños que hacían alusión a la Belle Epoque parisina y otros excéntricos gustos de su creadora —quien, como dato curioso, gustaba de consultar la guija.

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El laberíntico vergel de Madame también incluye un insectario, un jardín japonés y otro acuático con una poza rodeada de fuentes, conchas marinas y caracoles, además de un teatro al aire libre decorado con estatuas que emulan el estilo grotesco del siglo XVII europeo y algunos personajes de las obras de teatro de Molière. Es posible encontrar también, entre los parajes de este enorme paraíso, gigantes trozos de vidrio de colores que, como enormes joyas, decoran este espacio de ensueño.

Finalmente, en el corazón de la propiedad hay una gran casa rosa construida al estilo mexicano, rodeada por decenas de especies de cactus. Fue en este hermoso y surrealista lugar donde Madame Ganna Walska vivió hasta los 96 años, rodeada de cerca de 3,000 especies de plantas, los verdaderos amores de su vida. Poco antes de morir, ella subastó una gran cantidad de sus joyas para hacer un último jardín, habitado por cícadas: el gesto final de esta mujer que encontró el propósito de su vida en un enorme vergel californiano.

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Imágenes: 1) Dominio público 2) Dominio público 3) Dave Miller – flickr 4) Creative Commons – Brewbooks 5) Creative Commons – Brewbooks 6) Creative Commons – Brewbooks