Ya sea para adelgazar, para mantener la figura o para alimentar sanamente el cuerpo, el mundo de las dietas se popularizó hasta el punto de convertirse en una subcultura en la que convergen el culto a la figura y la conciencia alimenticia. Hoy millones de personas reman en un mar de información, intentando descifrar cuáles son los métodos o filosofías más acertadas.

Por fortuna, entre las incontables promesas dietéticas que emergen en discursos de mercadotecnia y dogmas cuasi-trascendentales, existe una reveladora receta no solo para mantener la figura, también ejercer la generosidad, cortesía del señor Andy Warhol (quién por cierto también nos legó unas memorables lecciones sobre sexualidad).

En su libro The Philosophy of Andy Warhol (From A to B and Back Again), el incansable artista y promotor cultural comparte una dieta que, a todas luces, parece infalible:

Pero si te preocupas por tu peso, entonces prueba la “Andy Warhol New York City Diet”: Cuando ordeno algo en un restaurante, pido justo todo lo que no quiero comer, y así tengo muchas cosas con que jugar mientras los demás comen. Luego, y sin importar cuan chic sea el restaurante, insisto para que el mesero ponga absolutamente todo para llevar, y cuando dejamos el restaurante busco una esquina en la calle para dejar la comida por que hay tantas personas viviendo en las calles de Nueva York, cargando con ellos todo lo que poseen, en bolsas de compras.

Así pierdo peso y mantengo mi figura, y pienso en que tal vez alguna de esas personas encontrará una cena de La Grenouille en el borde de una ventana.

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Ya sea para adelgazar, para mantener la figura o para alimentar sanamente el cuerpo, el mundo de las dietas se popularizó hasta el punto de convertirse en una subcultura en la que convergen el culto a la figura y la conciencia alimenticia. Hoy millones de personas reman en un mar de información, intentando descifrar cuáles son los métodos o filosofías más acertadas.

Por fortuna, entre las incontables promesas dietéticas que emergen en discursos de mercadotecnia y dogmas cuasi-trascendentales, existe una reveladora receta no solo para mantener la figura, también ejercer la generosidad, cortesía del señor Andy Warhol (quién por cierto también nos legó unas memorables lecciones sobre sexualidad).

En su libro The Philosophy of Andy Warhol (From A to B and Back Again), el incansable artista y promotor cultural comparte una dieta que, a todas luces, parece infalible:

Pero si te preocupas por tu peso, entonces prueba la “Andy Warhol New York City Diet”: Cuando ordeno algo en un restaurante, pido justo todo lo que no quiero comer, y así tengo muchas cosas con que jugar mientras los demás comen. Luego, y sin importar cuan chic sea el restaurante, insisto para que el mesero ponga absolutamente todo para llevar, y cuando dejamos el restaurante busco una esquina en la calle para dejar la comida por que hay tantas personas viviendo en las calles de Nueva York, cargando con ellos todo lo que poseen, en bolsas de compras.

Así pierdo peso y mantengo mi figura, y pienso en que tal vez alguna de esas personas encontrará una cena de La Grenouille en el borde de una ventana.

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