La isla de Pala es un reino fantástico probablemente localizado en el Archipiélago Indonesio, que toma lo mejor de dos mundos: Oriente y Occidente, espiritualismo y ciencia, y nos muestra cómo podría funcionar este diálogo poco menos que épico. Sus habitantes, los palaneses, al estar constantemente consientes de quiénes son en relación con todas sus experiencias, son capaces de apreciar la vida en relación con todas sus experiencias. Es decir, no condenan la naturaleza humana y sus deseos, sino que la observan para entenderla. Bajo esta premisa construyeron una sociedad basada en el humanismo y la racionalidad, utilizando la ciencia para encontrar verdades espirituales.

Uno de los detalles más elegantes de la Isla de Pala es que los animales que ahí habitan conjuran palabras para ayudar a los habitantes en su práctica; más de 1000 aves sobrevuelan la Isla cantando la palabra “atención”, y algunas otras, como los cuervos, tienen forma de budas o dioses hindúes para recalcar que los íconos no importan, lo que importa es la conciencia. Que los dioses son hechos por el hombre. Que si los rezos son atendidos es porque en éste mundo “raro y psicológico, las ideas tienen una tendencia a realizarse si te concentras en ellas”. Un ecosistema brujo que es mera representación de la mente de los palaneses.

1378846183_buddha29El modelo utópico de Huxley, “impactado de lado a lado con Tantra”, es una combinación de budismo Mahayana y la ciencia. Aunque el Tantra en este caso signifique algo más parecido al Taoísmo (no quieren escapar del mundo por medio de alcanzar el Nirvana sino que aceptan el mundo como es y con todo lo que conlleva), su meta es superar el cinturón de sufrimiento e ir hacia una luz clara, fuera del vacío de todos los seres vivientes, apreciando el designio de todo lo que pasa durante la vida de una persona.

El primer principio en que se basan es: “Nadie tiene que ir a ningún otro lado. Todos estamos (si ya lo supiéramos), ya allí”. Un principio que resuena en los ríos de Zen, en el que la felicidad reside en dejar de buscar la felicidad.

El segundo principio se avoca a dotar de significado todo lo que hacen: al estar completamente en lo que haces, “el quehacer se vuelve el yoga del quehacer, el juego se vuelve el yoga del juego, todos los días se convierten en el yoga de vivir todos los días.”

El medio para volverte consciente de ti mismo, dice el narrador, es a través de la meditación. Para los palaneses la meditación es “Control de Destino” ya que abre tu mente a un nivel intuitivo, a un entendimiento más grande. La vida está llena de “cambios y oportunidades… bellezas y horrores y absurdeces” concluye. El Control de Destino no puede remover todo el dolor y la pérdida, ya que eso haría a un humano menos que humano, pero con la meditación tu mente puede estar -y esta descripción se antoja tanto-: “Azul, desposeída y abierta”.

Los palaneses construyeron una sociedad en una isla (la isla siempre con más posibilidades de autonomía), en que la iluminación es la circunstancia, y las personas son semillas.

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La isla de Pala es un reino fantástico probablemente localizado en el Archipiélago Indonesio, que toma lo mejor de dos mundos: Oriente y Occidente, espiritualismo y ciencia, y nos muestra cómo podría funcionar este diálogo poco menos que épico. Sus habitantes, los palaneses, al estar constantemente consientes de quiénes son en relación con todas sus experiencias, son capaces de apreciar la vida en relación con todas sus experiencias. Es decir, no condenan la naturaleza humana y sus deseos, sino que la observan para entenderla. Bajo esta premisa construyeron una sociedad basada en el humanismo y la racionalidad, utilizando la ciencia para encontrar verdades espirituales.

Uno de los detalles más elegantes de la Isla de Pala es que los animales que ahí habitan conjuran palabras para ayudar a los habitantes en su práctica; más de 1000 aves sobrevuelan la Isla cantando la palabra “atención”, y algunas otras, como los cuervos, tienen forma de budas o dioses hindúes para recalcar que los íconos no importan, lo que importa es la conciencia. Que los dioses son hechos por el hombre. Que si los rezos son atendidos es porque en éste mundo “raro y psicológico, las ideas tienen una tendencia a realizarse si te concentras en ellas”. Un ecosistema brujo que es mera representación de la mente de los palaneses.

1378846183_buddha29El modelo utópico de Huxley, “impactado de lado a lado con Tantra”, es una combinación de budismo Mahayana y la ciencia. Aunque el Tantra en este caso signifique algo más parecido al Taoísmo (no quieren escapar del mundo por medio de alcanzar el Nirvana sino que aceptan el mundo como es y con todo lo que conlleva), su meta es superar el cinturón de sufrimiento e ir hacia una luz clara, fuera del vacío de todos los seres vivientes, apreciando el designio de todo lo que pasa durante la vida de una persona.

El primer principio en que se basan es: “Nadie tiene que ir a ningún otro lado. Todos estamos (si ya lo supiéramos), ya allí”. Un principio que resuena en los ríos de Zen, en el que la felicidad reside en dejar de buscar la felicidad.

El segundo principio se avoca a dotar de significado todo lo que hacen: al estar completamente en lo que haces, “el quehacer se vuelve el yoga del quehacer, el juego se vuelve el yoga del juego, todos los días se convierten en el yoga de vivir todos los días.”

El medio para volverte consciente de ti mismo, dice el narrador, es a través de la meditación. Para los palaneses la meditación es “Control de Destino” ya que abre tu mente a un nivel intuitivo, a un entendimiento más grande. La vida está llena de “cambios y oportunidades… bellezas y horrores y absurdeces” concluye. El Control de Destino no puede remover todo el dolor y la pérdida, ya que eso haría a un humano menos que humano, pero con la meditación tu mente puede estar -y esta descripción se antoja tanto-: “Azul, desposeída y abierta”.

Los palaneses construyeron una sociedad en una isla (la isla siempre con más posibilidades de autonomía), en que la iluminación es la circunstancia, y las personas son semillas.

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