El filósofo danés Søren Kierkegaard siempre sostuvo que la repetición tiene una cualidad liberadora e iluminada. La rutina, forma esencial de nuestro cotidiano, es una de las muchas repeticiones que necesitamos, una que, sin embargo, a menudo nos cansa precisamente por su monotonía; pero esto no siempre es así. Existe una joven cuya rutina, desde hace seis años, implica subirse casi todos los días al mismo carrusel del mismo parque de diversiones en Viena, un ritual que le ha ayudado a superar un pasado difícil y oscuro, y que nos recuerdo el poder de la insistencia.

“Fui al parque de diversiones”, cuenta el director Bernhard Wenger, “en busca de una historia”. Así fue como conoció a Denise y se sintió inmediatamente cautivado por este espléndido personaje que había encontrado dando vueltas en un carrusel. Así nació Gleichgewicht (2015), titulada Keeping Balance en inglés, un cortometraje breve que nos cuenta la historia de esta joven y sus diarias visitas al parque de diversiones Prater, en la capital austriaca.

Tan oscura como luminosa, esta historia es un extraño cuento de hadas. En la ciudad de Viena, vive una mujer joven que todos los días se sube al mismo carrusel desde hace seis años, desde que tiene 14 (y seguramente lo seguirá haciendo por mucho tiempo más). En el documental de Wenger, Denise narra su violenta infancia, la ausencia y abuso de sus padres, y el momento en que fue diagnosticada con un trastorno límite de la personalidad: una época oscura en la que frecuentemente se lastimaba a sí misma, tomaba medicamentos no preescritos e, incluso, intentó quitarse la vida. Cada vez más y más agresiva, a los 13 años Denise fue puesta en adopción. Fue entonces cuando llegó al parque de diversiones Prater, un lugar que desde entonces es su hogar y cuyos trabajadores son su familia.

carrusel1 
Con el tiempo, Denise decidió ponerse de pie en el carrusel conocido como Tagada mientras éste daba vueltas. Así aprendió a encontrar su balance (en muchos niveles), y esto le ayudó a recuperar la confianza en sí misma y a crear un universo propio donde ser lo que es la hace sentir bien. Una vuelta tras otra, durante años, Denise ha repetido su ritual. Tal vez, para ella cada vuelta es nueva; su práctica también involucra un ejercicio tanto de imaginación como de atención. Ella ha descubierto todas las maneras en que una persona debe mantener el balance, y también ha conocido el poder del ritual, una forma más de aprehender el mundo, de hacerlo más vivible.

 

 

 

 

 

Imágenes: Bernhard Wenger

 

El filósofo danés Søren Kierkegaard siempre sostuvo que la repetición tiene una cualidad liberadora e iluminada. La rutina, forma esencial de nuestro cotidiano, es una de las muchas repeticiones que necesitamos, una que, sin embargo, a menudo nos cansa precisamente por su monotonía; pero esto no siempre es así. Existe una joven cuya rutina, desde hace seis años, implica subirse casi todos los días al mismo carrusel del mismo parque de diversiones en Viena, un ritual que le ha ayudado a superar un pasado difícil y oscuro, y que nos recuerdo el poder de la insistencia.

“Fui al parque de diversiones”, cuenta el director Bernhard Wenger, “en busca de una historia”. Así fue como conoció a Denise y se sintió inmediatamente cautivado por este espléndido personaje que había encontrado dando vueltas en un carrusel. Así nació Gleichgewicht (2015), titulada Keeping Balance en inglés, un cortometraje breve que nos cuenta la historia de esta joven y sus diarias visitas al parque de diversiones Prater, en la capital austriaca.

Tan oscura como luminosa, esta historia es un extraño cuento de hadas. En la ciudad de Viena, vive una mujer joven que todos los días se sube al mismo carrusel desde hace seis años, desde que tiene 14 (y seguramente lo seguirá haciendo por mucho tiempo más). En el documental de Wenger, Denise narra su violenta infancia, la ausencia y abuso de sus padres, y el momento en que fue diagnosticada con un trastorno límite de la personalidad: una época oscura en la que frecuentemente se lastimaba a sí misma, tomaba medicamentos no preescritos e, incluso, intentó quitarse la vida. Cada vez más y más agresiva, a los 13 años Denise fue puesta en adopción. Fue entonces cuando llegó al parque de diversiones Prater, un lugar que desde entonces es su hogar y cuyos trabajadores son su familia.

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Con el tiempo, Denise decidió ponerse de pie en el carrusel conocido como Tagada mientras éste daba vueltas. Así aprendió a encontrar su balance (en muchos niveles), y esto le ayudó a recuperar la confianza en sí misma y a crear un universo propio donde ser lo que es la hace sentir bien. Una vuelta tras otra, durante años, Denise ha repetido su ritual. Tal vez, para ella cada vuelta es nueva; su práctica también involucra un ejercicio tanto de imaginación como de atención. Ella ha descubierto todas las maneras en que una persona debe mantener el balance, y también ha conocido el poder del ritual, una forma más de aprehender el mundo, de hacerlo más vivible.

 

 

 

 

 

Imágenes: Bernhard Wenger