Las tecnologías de la información han cambiado la manera en la que los lectores se acercan y aprovechan la oferta de la industria editorial a nivel mundial; pero no pensemos solamente en lectores electrónicos de e-books, impresión de libros por demanda ni en descargas de archivos literarios, sino también en los lugares y formas en que los lectores del siglo XXI leen efectivamente: en trayectos, durante sus viajes, yendo de un lado para otro.

La empresa francesa Short Edition ha dispuesto una máquina expendedora de relatos cortos llamada (muy descriptivamente) Distributeur d’histoires courtes, que ofrece justo eso: textos literarios breves impresos al momento en una tira de papel no más larga que un ticket de compra.

El lector puede elegir el tiempo de lectura (1, 3 o 5 minutos), así como el género de su preferencia, desde literatura infantil hasta ciencia ficción. La base de datos escoge aleatoriamente de entre más de 5,000 autores disponibles, de manera que el lector no sabe realmente qué le entregará la máquina aunque conoce el género y cuánto va a tardarse en leerlo aproximadamente.

No existe límite de textos para los lectores, que reciben cuantos folios deseen con sólo apretar un botón. Lo que parece una historia digna de Philip K. Dick o Juan José Arreola es una realidad para los viajeros de estaciones de Francia, donde ya se encuentran Distributeur d’histoires courtes en Grenoble, Mónaco, Toulouse, Marsella, Montpellier, Nantes y París, entre muchas otras ciudades.

Internacionalmente sólo se han instalado máquinas de este tipo en San Francisco, Estados Unidos. Una iniciativa que sin duda llama la atención por lo novedoso y práctico del formato, y que lleva un paso más allá la tentativa de las máquinas expendedoras de libros que se han instalado en Japón, por ejemplo. Las ediciones brevísimas de Distributeur d’histoires courtes son dignas herederas del espíritu de la Historia de la literatura portátil del novelista Enrique Vila-Matas.

 

*Imagen: Short Édition

Las tecnologías de la información han cambiado la manera en la que los lectores se acercan y aprovechan la oferta de la industria editorial a nivel mundial; pero no pensemos solamente en lectores electrónicos de e-books, impresión de libros por demanda ni en descargas de archivos literarios, sino también en los lugares y formas en que los lectores del siglo XXI leen efectivamente: en trayectos, durante sus viajes, yendo de un lado para otro.

La empresa francesa Short Edition ha dispuesto una máquina expendedora de relatos cortos llamada (muy descriptivamente) Distributeur d’histoires courtes, que ofrece justo eso: textos literarios breves impresos al momento en una tira de papel no más larga que un ticket de compra.

El lector puede elegir el tiempo de lectura (1, 3 o 5 minutos), así como el género de su preferencia, desde literatura infantil hasta ciencia ficción. La base de datos escoge aleatoriamente de entre más de 5,000 autores disponibles, de manera que el lector no sabe realmente qué le entregará la máquina aunque conoce el género y cuánto va a tardarse en leerlo aproximadamente.

No existe límite de textos para los lectores, que reciben cuantos folios deseen con sólo apretar un botón. Lo que parece una historia digna de Philip K. Dick o Juan José Arreola es una realidad para los viajeros de estaciones de Francia, donde ya se encuentran Distributeur d’histoires courtes en Grenoble, Mónaco, Toulouse, Marsella, Montpellier, Nantes y París, entre muchas otras ciudades.

Internacionalmente sólo se han instalado máquinas de este tipo en San Francisco, Estados Unidos. Una iniciativa que sin duda llama la atención por lo novedoso y práctico del formato, y que lleva un paso más allá la tentativa de las máquinas expendedoras de libros que se han instalado en Japón, por ejemplo. Las ediciones brevísimas de Distributeur d’histoires courtes son dignas herederas del espíritu de la Historia de la literatura portátil del novelista Enrique Vila-Matas.

 

*Imagen: Short Édition