Los emojis son una extensión de la capacidad expresiva de las conversaciones breves que conforman nuestro día a día digital: su rostro se convierte en el nuestro, o expresa, al menos, las emociones, los estados de ánimo, a tal grado que se han convertido en una suerte de nuevos signos de puntuación.

Sin embargo, pensar a los emojis fuera de los alcances de comunicación de un servicio de mensajería puede parecer una excentricidad gratuita o una (nueva) avanzada en la disolución de las fronteras del mundo “real” y el mundo virtual.

El arquitecto holandés Changiz Tehrani decidió añadir emojis en la fachada de un nuevo edificio de departamentos en Utrecht, Países Bajos, para admiración de unos e incomodidad de otros. El edificio, ubicado en una zona residencial, no es especialmente llamativo por otra cosa más que por los remates de los característicos rostros sonrientes, tristes, confundidos, audaces o melancólicos que conforman el rango emoji.

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La firma Millro fue encargada de vaciar en concreto los 22 emojis, a la manera de gárgolas medievales, que reflejan el espíritu del tiempo en que se construyó este edificio. “Puesto que el edificio es muy fuerte, incluso severo, queríamos darle algo divertido para aligerarlo”, comenta en una entrevista Tehrani, quien piensa que los emojis “son formas muy fuertes, muy reconocibles”. Sin embargo, los detractores de este peculiar gesto opinan que precisamente por ello el edificio se hará viejo y será datado con mayor celeridad.

Según el profesor de teoría e historia de la arquitectura Sean Khorsandi, del Instituto de Tecnología de Nueva York, “La arquitectura es algo serio”. Para él, el uso y selección de los materiales implica una responsabilidad, porque “si todo es una broma” se incurre en una especie de negligencia, o al menos “en una actitud peligrosa”.

Gesto divertido o broma de mal gusto, el edificio con la fachada de emojis está dando de qué hablar, y en los polos de la discusión no parece existir un punto medio entre los contendientes: Tehrani afirmó que “La arquitectura no es una religión para nosotros. También debemos divertirnos”, y el debate queda representado simbólicamente en los gestos inmutables de la carita sonriente, o la de lentes oscuros, a la que a menudo se le añade la leyenda “Deal with it” (“Lidia con eso”).

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*Imágenes: video – United News International

Los emojis son una extensión de la capacidad expresiva de las conversaciones breves que conforman nuestro día a día digital: su rostro se convierte en el nuestro, o expresa, al menos, las emociones, los estados de ánimo, a tal grado que se han convertido en una suerte de nuevos signos de puntuación.

Sin embargo, pensar a los emojis fuera de los alcances de comunicación de un servicio de mensajería puede parecer una excentricidad gratuita o una (nueva) avanzada en la disolución de las fronteras del mundo “real” y el mundo virtual.

El arquitecto holandés Changiz Tehrani decidió añadir emojis en la fachada de un nuevo edificio de departamentos en Utrecht, Países Bajos, para admiración de unos e incomodidad de otros. El edificio, ubicado en una zona residencial, no es especialmente llamativo por otra cosa más que por los remates de los característicos rostros sonrientes, tristes, confundidos, audaces o melancólicos que conforman el rango emoji.

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La firma Millro fue encargada de vaciar en concreto los 22 emojis, a la manera de gárgolas medievales, que reflejan el espíritu del tiempo en que se construyó este edificio. “Puesto que el edificio es muy fuerte, incluso severo, queríamos darle algo divertido para aligerarlo”, comenta en una entrevista Tehrani, quien piensa que los emojis “son formas muy fuertes, muy reconocibles”. Sin embargo, los detractores de este peculiar gesto opinan que precisamente por ello el edificio se hará viejo y será datado con mayor celeridad.

Según el profesor de teoría e historia de la arquitectura Sean Khorsandi, del Instituto de Tecnología de Nueva York, “La arquitectura es algo serio”. Para él, el uso y selección de los materiales implica una responsabilidad, porque “si todo es una broma” se incurre en una especie de negligencia, o al menos “en una actitud peligrosa”.

Gesto divertido o broma de mal gusto, el edificio con la fachada de emojis está dando de qué hablar, y en los polos de la discusión no parece existir un punto medio entre los contendientes: Tehrani afirmó que “La arquitectura no es una religión para nosotros. También debemos divertirnos”, y el debate queda representado simbólicamente en los gestos inmutables de la carita sonriente, o la de lentes oscuros, a la que a menudo se le añade la leyenda “Deal with it” (“Lidia con eso”).

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*Imágenes: video – United News International