El avance que las ciencias de la computación y sus tecnologías derivadas han tenido en los últimos años es sin duda sorprendente, sin embargo, incluso desde sus lejanos inicios en los siglos XVIII y XIX, existe un problema que ni las viejas ni las nuevas computadoras ni el desarrollo de la moderna Inteligencia Artificial han podido resolver: la posibilidad de “pensar” fuera de ciertos límites determinados.

Como sabemos –así sea superficialmente–, las computadoras operan dentro de límites bien especificados o, dicho de otra manera, siguiendo reglas sumamente precisas, mismas que, simplemente, no pueden ignorar, pues de otro modo su funcionamiento es insostenible.

En comparación con dichas máquinas, una de las grandes cualidades de la mente humana es que es capaz de desestimar por completo los supuestos “límites” de un campo de pensamiento. La expresión en inglés “pensar fuera de la caja” que en años recientes se ha vuelto muy popular, es una de las mejores metáforas acuñadas para dicha característica, pues, en efecto, nuestra mente es capaz de desbordar el marco al que pertenece un problema, sus reglas, los procedimientos permitidos y otro tipo de límites para, así, imaginar, crear y proponer respuestas alternativas.

Si las computadoras no pueden operar de esa manera se debe a que hasta ahora no ha sido posible saber cómo la mente humana es capaz de dar dichos saltos en tan poco tiempo (en muchos casos, en sólo segundos). Incluso en nuestro momento tecnológico actual, una computadora podría arribar a una solución “creativa” sólo después de muchísimo tiempo empleado en una cantidad inmensa de procesos, todos los cuales siguen la lógica binaria del 0 y el 1, encendido y apagado, error y acierto… Si nosotros también necesitáramos saber, en cada pensamiento que tomamos, qué derivación es 0 y qué derivación es 1, sin duda tampoco hubiéramos llegado muy lejos como especie.

¿La mente humana opera cuánticamente? En cierta forma, sólo así podrían explicarse procesos tan complejos como el pensamiento paralelo, las ocurrencias, la memoria, el pensamiento creativo, la capacidad de elaborar metáforas y más.

Recientemente, el Instituto Penrose lanzó una convocatoria con la que busca recabar información que permita a uno de sus equipos de investigación saber más sobre dicho tema. Se trata, además, de un reto que sin duda podría interesar a muchos y que comienza con esta imagen:

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A primera vista, la mejor recomendación que se le puede hacer a quien juegue con blancas es que ofrezca tablas o abandone, sin embargo, sabemos también que uno de los principales atractivos del juego del ajedrez es que nos ofrece la posibilidad de remontar circunstancias adversas y a veces incluso imposibles en apariencia.

En el caso de este problema, su interés reside además en que cualquier computadora descarta de inmediato una solución favorable para las blancas, pues ni siquiera el dispositivo más potente es capaz de realizar todos los cálculos que se disparan por la presencia de los tres alfiles negros.

No así para el cerebro humano. De hecho, aunque los investigadores conocen la solución al enigma, no la han dado a conocer porque esperan recibir distintas propuestas de solución de todo el mundo, junto con una descripción tan detallada como se desee sobre la forma en que la persona que la suscribe dio con la respuesta y tener así más datos que, como decíamos antes, les permitan comprender esa admirable capacidad de la mente para realizar cálculos masivos en periodos sumamente breves.

Si te interesa participar en este experimento, puedes dirigir tu propuesta de solución al correo electrónico puzzles@penroseinstitute.com.

También en Faena Aleph: Los 18 problemas de ajedrez de Vladimir Nabokov

El avance que las ciencias de la computación y sus tecnologías derivadas han tenido en los últimos años es sin duda sorprendente, sin embargo, incluso desde sus lejanos inicios en los siglos XVIII y XIX, existe un problema que ni las viejas ni las nuevas computadoras ni el desarrollo de la moderna Inteligencia Artificial han podido resolver: la posibilidad de “pensar” fuera de ciertos límites determinados.

Como sabemos –así sea superficialmente–, las computadoras operan dentro de límites bien especificados o, dicho de otra manera, siguiendo reglas sumamente precisas, mismas que, simplemente, no pueden ignorar, pues de otro modo su funcionamiento es insostenible.

En comparación con dichas máquinas, una de las grandes cualidades de la mente humana es que es capaz de desestimar por completo los supuestos “límites” de un campo de pensamiento. La expresión en inglés “pensar fuera de la caja” que en años recientes se ha vuelto muy popular, es una de las mejores metáforas acuñadas para dicha característica, pues, en efecto, nuestra mente es capaz de desbordar el marco al que pertenece un problema, sus reglas, los procedimientos permitidos y otro tipo de límites para, así, imaginar, crear y proponer respuestas alternativas.

Si las computadoras no pueden operar de esa manera se debe a que hasta ahora no ha sido posible saber cómo la mente humana es capaz de dar dichos saltos en tan poco tiempo (en muchos casos, en sólo segundos). Incluso en nuestro momento tecnológico actual, una computadora podría arribar a una solución “creativa” sólo después de muchísimo tiempo empleado en una cantidad inmensa de procesos, todos los cuales siguen la lógica binaria del 0 y el 1, encendido y apagado, error y acierto… Si nosotros también necesitáramos saber, en cada pensamiento que tomamos, qué derivación es 0 y qué derivación es 1, sin duda tampoco hubiéramos llegado muy lejos como especie.

¿La mente humana opera cuánticamente? En cierta forma, sólo así podrían explicarse procesos tan complejos como el pensamiento paralelo, las ocurrencias, la memoria, el pensamiento creativo, la capacidad de elaborar metáforas y más.

Recientemente, el Instituto Penrose lanzó una convocatoria con la que busca recabar información que permita a uno de sus equipos de investigación saber más sobre dicho tema. Se trata, además, de un reto que sin duda podría interesar a muchos y que comienza con esta imagen:

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A primera vista, la mejor recomendación que se le puede hacer a quien juegue con blancas es que ofrezca tablas o abandone, sin embargo, sabemos también que uno de los principales atractivos del juego del ajedrez es que nos ofrece la posibilidad de remontar circunstancias adversas y a veces incluso imposibles en apariencia.

En el caso de este problema, su interés reside además en que cualquier computadora descarta de inmediato una solución favorable para las blancas, pues ni siquiera el dispositivo más potente es capaz de realizar todos los cálculos que se disparan por la presencia de los tres alfiles negros.

No así para el cerebro humano. De hecho, aunque los investigadores conocen la solución al enigma, no la han dado a conocer porque esperan recibir distintas propuestas de solución de todo el mundo, junto con una descripción tan detallada como se desee sobre la forma en que la persona que la suscribe dio con la respuesta y tener así más datos que, como decíamos antes, les permitan comprender esa admirable capacidad de la mente para realizar cálculos masivos en periodos sumamente breves.

Si te interesa participar en este experimento, puedes dirigir tu propuesta de solución al correo electrónico puzzles@penroseinstitute.com.

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