Hay quien dice que Isabelle Eberhardt era hija de Rimbaud. En los retratos de su juventud podemos ver el parecido en la mirada y quizás también en la nariz. Las versiones respecto al padre de Isabelle no coinciden. Hay quien dice que era un anarquista de Armenia, pero otros lo rechazan. Rimbaud coincidió con la madre de Isabelle en Ginebra en las fechas de su concepción. Pero la similitud entre estos dos personajes va más allá. Ambos escribieron sus obras más importantes muy jóvenes, ambos abandonaron Europa y tuvieron muertes memorables. Isabelle murió a los 27 años, víctima de una inundación repentina en Argelia.

1368601010961Las versiones que Isabelle daba sobre su infancia probaron ser falsas. Decía que había sido criada por un tío musulmán, que la había educado como se educaba a los hombres. Así explicaba el porqué de su atuendo masculino y de su religión. Isabelle nació en Suiza. En un viaje a Argelia se convirtió junto con su madre al Islam. Al morir su madre, cuando apenas tenía 20 años, decidió dejar Europa y se fue a África. “Desde chica sentí que existía la Tierra y quise conocer sus lejanías”. Cuenta que recorrió a caballo el desierto del Sahara, con atuendo masculino, bajo el pseudónimo de Mahmoud. Decía que se vestía de hombre “por comodidad y gusto estético”.

En un cuento suyo titulado “Yasmina”, se dice: “Esta África a la que había ido de manera voluntaria le parecía todavía un mundo quimérico, profundamente desconocido, y el pueblo árabe, por todas las manifestaciones exteriores de su carácter, lo embargaba de asombro”.

En 1900 se casó con un soldado y mercader de zafiros llamado Slimène Ehni, y en 1901 un hombre intentó asesinarla mientras rezaba en una mezquita.

Isabelle era periodista y corresponsal de guerra. Su disfraz la ayudó a adentrarse en los pueblos del Sahara para conocer sus costumbres. En Aïn Sefra conoció a Lyautey, un general encargado de restablecer el orden en la frontera entre Argelia y Marruecos. A su lado, Isabelle pudo introducirse en los campamentos y observar los conflictos de primera mano. No sólo se disfrazaba de hombre, cumplía también con la disciplina militar y recibía el mismo trato que los demás militares. En 1904 Isabel se reunió con su esposo en Aïn Sefra, y una inundación súbita derrumbó su casa encima de ellos. “Sé bien que esta forma de vivir es peligrosa, pero el momento del peligro es también el momento de la esperanza”, escribió. En vida publicó muchos artículos, y tras su muerte se publicaron también sus diarios y su narrativa.

Isabelle dedicó su vida a explorar territorios desconocidos. Transgredió las fronteras del género, de la religión, de Europa y de la literatura europea. A diferencia de los colonialistas, que buscaban llevar Europa al resto del mundo, Isabel se sumergió en el mundo del Sahara de lleno, con su traje, su turbante y su caballo. “Era un vacío profundo lo que lo atraía hacia lo desconocido”, escribió en uno de sus cuentos. Para Isabelle, la muerte debió de haber sido una aventura más, otro viaje hacia lo desconocido.

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Hay quien dice que Isabelle Eberhardt era hija de Rimbaud. En los retratos de su juventud podemos ver el parecido en la mirada y quizás también en la nariz. Las versiones respecto al padre de Isabelle no coinciden. Hay quien dice que era un anarquista de Armenia, pero otros lo rechazan. Rimbaud coincidió con la madre de Isabelle en Ginebra en las fechas de su concepción. Pero la similitud entre estos dos personajes va más allá. Ambos escribieron sus obras más importantes muy jóvenes, ambos abandonaron Europa y tuvieron muertes memorables. Isabelle murió a los 27 años, víctima de una inundación repentina en Argelia.

1368601010961Las versiones que Isabelle daba sobre su infancia probaron ser falsas. Decía que había sido criada por un tío musulmán, que la había educado como se educaba a los hombres. Así explicaba el porqué de su atuendo masculino y de su religión. Isabelle nació en Suiza. En un viaje a Argelia se convirtió junto con su madre al Islam. Al morir su madre, cuando apenas tenía 20 años, decidió dejar Europa y se fue a África. “Desde chica sentí que existía la Tierra y quise conocer sus lejanías”. Cuenta que recorrió a caballo el desierto del Sahara, con atuendo masculino, bajo el pseudónimo de Mahmoud. Decía que se vestía de hombre “por comodidad y gusto estético”.

En un cuento suyo titulado “Yasmina”, se dice: “Esta África a la que había ido de manera voluntaria le parecía todavía un mundo quimérico, profundamente desconocido, y el pueblo árabe, por todas las manifestaciones exteriores de su carácter, lo embargaba de asombro”.

En 1900 se casó con un soldado y mercader de zafiros llamado Slimène Ehni, y en 1901 un hombre intentó asesinarla mientras rezaba en una mezquita.

Isabelle era periodista y corresponsal de guerra. Su disfraz la ayudó a adentrarse en los pueblos del Sahara para conocer sus costumbres. En Aïn Sefra conoció a Lyautey, un general encargado de restablecer el orden en la frontera entre Argelia y Marruecos. A su lado, Isabelle pudo introducirse en los campamentos y observar los conflictos de primera mano. No sólo se disfrazaba de hombre, cumplía también con la disciplina militar y recibía el mismo trato que los demás militares. En 1904 Isabel se reunió con su esposo en Aïn Sefra, y una inundación súbita derrumbó su casa encima de ellos. “Sé bien que esta forma de vivir es peligrosa, pero el momento del peligro es también el momento de la esperanza”, escribió. En vida publicó muchos artículos, y tras su muerte se publicaron también sus diarios y su narrativa.

Isabelle dedicó su vida a explorar territorios desconocidos. Transgredió las fronteras del género, de la religión, de Europa y de la literatura europea. A diferencia de los colonialistas, que buscaban llevar Europa al resto del mundo, Isabel se sumergió en el mundo del Sahara de lleno, con su traje, su turbante y su caballo. “Era un vacío profundo lo que lo atraía hacia lo desconocido”, escribió en uno de sus cuentos. Para Isabelle, la muerte debió de haber sido una aventura más, otro viaje hacia lo desconocido.

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