Stanley Martin Lieber, mejor conocido como Stan Lee, es una especie de Homero moderno. Al igual que el legendario autor de La Ilíada y La Odisea, Stan Lee tuvo el carácter y la visión necesarias para sentar las bases de una mitología sin precedentes. Nacido en la ciudad de Nueva York en 1922, comienza su carrera escribiendo obituarios para periódicos, hasta que a los 18 años debuta con su primera contribución para Timely Comics (posteriormente Marvel), con un texto de relleno en el tercer número de Capitán América.

La secreta ambición del joven Stanley era ser un escritor afamado, como Robert Louis Stevenson, sir Arthur Conan Doyle y William Burroughs. Fue por ello que Stanley adoptó el apodo de “Stan Lee”, pues ansiaba poder utilizar su nombre real en alguna obra literaria posterior. Curiosamente, cuando sirvió en las fuerzas armadas durante la 2ª Guerra Mundial, su título oficial era “dramaturgo”, y se dedicaba a hacer panfletos y pequeñas historietas patrióticas. Las historias detectivescas y de aventuras, donde los confines del bien y el mal resultan borrosos, fueron su marca particular a lo largo de los años.

El panorama comenzó a mejorar en 1961, cuando rozando los 40 años, comienza el periodo más productivo de su carrera con la creación de Los cuatro fantásticos, de la mano de Jack Kirby y Steve Ditko (dibujantes de otras de las más afamadas creaciones de Lee, como El increíble Hombre Araña).

Las tensiones sociales de la época comenzaron a atravesar a los nacientes personajes de Lee: revueltas estudiantiles, conflictos raciales, la constante amenaza rusa para los intereses estadounidenses, todo le sirvió para dar una visión a la vez bufonesca y cruda de la realidad, con seres de impresionantes habilidades físicas que, sin embargo, siempre tienen un punto débil, y están atravesados por hondas cicatrices existenciales.

Es en esta época (conocida por los fanáticos como la Edad de Plata de los cómics) cuando Lee da luz a Los vengadores, los X-Men originales (aunque de estos solamente creara al profesor Xavier, Magneto Ice-Man, Cyclops, Jean Grey y Bestia), Ant-Man, Iron Man, The Wasp, Black Panther, el primer superhéroe afro, Daredevil, el concepto de Inhumans y SHIELD, Falcon, Hulk y Thor.

Dado que, en sus inicios, los cómics dependían más de la cantidad que de la calidad de las publicaciones, Stan Lee desarrolló una particular agudeza para crear tramas largas, con personajes secundarios y lados oscuros que podían explorarse a lo largo de numerosas entregas. Este tipo de ritmo de publicación se trasladó a las películas basadas en sus personajes, las cuales siguen teniendo a millones de fanáticos al borde de sus asientos, esperando el momento en que Stan Lee aparezca haciendo uno de sus célebres cameos.

En el universo de Marvel, nuestra realidad se conoce como “Tierra-1218”. Y aunque en esta realidad Stan Lee haya partido a los 95 años de edad, su legado y carisma sobrevivirán a través de las nuevas generaciones, que crecen fascinadas y entretenidas con las proezas de hombres y mujeres disfrazados como atracciones de circo, y con villanos dignos de Shakespeare.

 

 

 

Image: Rufus Gefangenen – flickr

Stanley Martin Lieber, mejor conocido como Stan Lee, es una especie de Homero moderno. Al igual que el legendario autor de La Ilíada y La Odisea, Stan Lee tuvo el carácter y la visión necesarias para sentar las bases de una mitología sin precedentes. Nacido en la ciudad de Nueva York en 1922, comienza su carrera escribiendo obituarios para periódicos, hasta que a los 18 años debuta con su primera contribución para Timely Comics (posteriormente Marvel), con un texto de relleno en el tercer número de Capitán América.

La secreta ambición del joven Stanley era ser un escritor afamado, como Robert Louis Stevenson, sir Arthur Conan Doyle y William Burroughs. Fue por ello que Stanley adoptó el apodo de “Stan Lee”, pues ansiaba poder utilizar su nombre real en alguna obra literaria posterior. Curiosamente, cuando sirvió en las fuerzas armadas durante la 2ª Guerra Mundial, su título oficial era “dramaturgo”, y se dedicaba a hacer panfletos y pequeñas historietas patrióticas. Las historias detectivescas y de aventuras, donde los confines del bien y el mal resultan borrosos, fueron su marca particular a lo largo de los años.

El panorama comenzó a mejorar en 1961, cuando rozando los 40 años, comienza el periodo más productivo de su carrera con la creación de Los cuatro fantásticos, de la mano de Jack Kirby y Steve Ditko (dibujantes de otras de las más afamadas creaciones de Lee, como El increíble Hombre Araña).

Las tensiones sociales de la época comenzaron a atravesar a los nacientes personajes de Lee: revueltas estudiantiles, conflictos raciales, la constante amenaza rusa para los intereses estadounidenses, todo le sirvió para dar una visión a la vez bufonesca y cruda de la realidad, con seres de impresionantes habilidades físicas que, sin embargo, siempre tienen un punto débil, y están atravesados por hondas cicatrices existenciales.

Es en esta época (conocida por los fanáticos como la Edad de Plata de los cómics) cuando Lee da luz a Los vengadores, los X-Men originales (aunque de estos solamente creara al profesor Xavier, Magneto Ice-Man, Cyclops, Jean Grey y Bestia), Ant-Man, Iron Man, The Wasp, Black Panther, el primer superhéroe afro, Daredevil, el concepto de Inhumans y SHIELD, Falcon, Hulk y Thor.

Dado que, en sus inicios, los cómics dependían más de la cantidad que de la calidad de las publicaciones, Stan Lee desarrolló una particular agudeza para crear tramas largas, con personajes secundarios y lados oscuros que podían explorarse a lo largo de numerosas entregas. Este tipo de ritmo de publicación se trasladó a las películas basadas en sus personajes, las cuales siguen teniendo a millones de fanáticos al borde de sus asientos, esperando el momento en que Stan Lee aparezca haciendo uno de sus célebres cameos.

En el universo de Marvel, nuestra realidad se conoce como “Tierra-1218”. Y aunque en esta realidad Stan Lee haya partido a los 95 años de edad, su legado y carisma sobrevivirán a través de las nuevas generaciones, que crecen fascinadas y entretenidas con las proezas de hombres y mujeres disfrazados como atracciones de circo, y con villanos dignos de Shakespeare.

 

 

 

Image: Rufus Gefangenen – flickr