Para un verdadero englishman como lo fue George Orwell, hombre sensato y lúcido donde hubo uno, una “perfecta taza de té” debe darte, además de placer y confort, sabiduría, valentía y optimismo. A continuación sus 11 reglas de oro para lograr hacer una de estas:

Primero que nada, uno debe usar té de la India o de Ceylán. El té de China tiene virtudes que no deben ser menospreciadas hoy en día –es económico y se puede beber sin leche- pero no hay mucha estimulación en él. Uno no se siente más sabio, más valiente o más optimista después de beberlo. Cualquiera que haya usado esa confortante frase “una buena taza de té” invariablemente se refiere al té Hindú.

Segundo, el té debe hacerse en pequeñas cantidades; es decir, en una tetera. El té salido de una jarra siempre es insípido, mientras que el té militar, hecho en una olla, sabe a grasa y cal. La tetera debe estar hecha de porcelana china o de cerámica. Las teteras de plata o Britannia producen un té inferior, y los jarrones de resina son peores. Sin embargo, curiosamente, una tetera de pewter (una rareza hoy en día) no es tan mala.

Tercero, la tetera debe ser calentada con anterioridad. Esto se hace mejor si la pones directo al fuego que si utilizas el método común de rellenarla de agua hirviendo.

Cuarto, el té debe ser fuerte. Para una tetera que le cabe un cuarto, si la vas a llenar casi hasta el límite, seis cucharadas de té serán la ración. […] Mantengo que una taza de té fuerte es mejor que veinte tazas de té débil. Todos los verdaderos amantes del té no sólo prefieren su té fuerte, sino que un poco más fuerte cada año que pasa.

Quinto, el té debe ponerse directamente en la tetera. Ninguna coladera, bolsita o aparato para aprisionar el té. […] De hecho uno puede tragar hojas de té en cantidades considerables sin que le cause efectos dañinos, y si el té no está libre en la tetera nunca se diluye adecuadamente.

Sexto, uno debe llevar la tetera a la hervidora y no al revés. El agua debe estar hirviendo al momento de impacto, lo que significa debemos dejarla al fuego mientras servimos.

Séptimo, después de hacer el té, uno debe removerlo, o mejor aún, agitar la tetera y luego dejar que las hojas se asienten.

Octavo, uno debe beber su té de una taza de desayuno; esto es, del tipo de taza cilíndrica, no de las planas que tienen poca profundidad. A la taza de desayuno le cabe más, y con el otro tipo el té está casi frío antes de que uno haya empezado a disfrutarlo.

Noveno, uno debe quitarle la crema a la leche antes de usarla para té. La leche demasiado cremosa siempre le da al té un sabor enfermizo.

Décimo, uno debe servir el té el la taza primero. Este es uno de los puntos más controversiales de todos; es verdad que en cada familia en Inglaterra hay probablemente dos escuelas de pensamiento sobre el tema. La escuela de la leche primero puede tener argumentos considerablemente fuertes, pero mantengo que mi propio argumento es incuestionable. Es que, al poner el té primero y moverlo mientras lo sirves, uno puede regular la cantidad de leche mientras que es probable que uno ponga demasiada leche si lo hace al revés.

Onceavo. Por último, el té –a menos que uno lo tome al estilo de los rusos- debe beberse sin azúcar. Se muy bien que estoy en la parte de la minoría aquí, pero aún, ¿cómo puedes llamarte un verdadero amante del té si destruyes su sabor al añadirle azúcar? Sería igual de razonable añadirle sal o pimienta. El té está hecho para ser amargo, al igual que cerveza está hecha para ser amarga. Si lo endulzas ya no estás probando el té, estas sólo probando el azúcar; podrías hacer una bebida similar si disuelves azúcar en agua caliente.

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Para un verdadero englishman como lo fue George Orwell, hombre sensato y lúcido donde hubo uno, una “perfecta taza de té” debe darte, además de placer y confort, sabiduría, valentía y optimismo. A continuación sus 11 reglas de oro para lograr hacer una de estas:

Primero que nada, uno debe usar té de la India o de Ceylán. El té de China tiene virtudes que no deben ser menospreciadas hoy en día –es económico y se puede beber sin leche- pero no hay mucha estimulación en él. Uno no se siente más sabio, más valiente o más optimista después de beberlo. Cualquiera que haya usado esa confortante frase “una buena taza de té” invariablemente se refiere al té Hindú.

Segundo, el té debe hacerse en pequeñas cantidades; es decir, en una tetera. El té salido de una jarra siempre es insípido, mientras que el té militar, hecho en una olla, sabe a grasa y cal. La tetera debe estar hecha de porcelana china o de cerámica. Las teteras de plata o Britannia producen un té inferior, y los jarrones de resina son peores. Sin embargo, curiosamente, una tetera de pewter (una rareza hoy en día) no es tan mala.

Tercero, la tetera debe ser calentada con anterioridad. Esto se hace mejor si la pones directo al fuego que si utilizas el método común de rellenarla de agua hirviendo.

Cuarto, el té debe ser fuerte. Para una tetera que le cabe un cuarto, si la vas a llenar casi hasta el límite, seis cucharadas de té serán la ración. […] Mantengo que una taza de té fuerte es mejor que veinte tazas de té débil. Todos los verdaderos amantes del té no sólo prefieren su té fuerte, sino que un poco más fuerte cada año que pasa.

Quinto, el té debe ponerse directamente en la tetera. Ninguna coladera, bolsita o aparato para aprisionar el té. […] De hecho uno puede tragar hojas de té en cantidades considerables sin que le cause efectos dañinos, y si el té no está libre en la tetera nunca se diluye adecuadamente.

Sexto, uno debe llevar la tetera a la hervidora y no al revés. El agua debe estar hirviendo al momento de impacto, lo que significa debemos dejarla al fuego mientras servimos.

Séptimo, después de hacer el té, uno debe removerlo, o mejor aún, agitar la tetera y luego dejar que las hojas se asienten.

Octavo, uno debe beber su té de una taza de desayuno; esto es, del tipo de taza cilíndrica, no de las planas que tienen poca profundidad. A la taza de desayuno le cabe más, y con el otro tipo el té está casi frío antes de que uno haya empezado a disfrutarlo.

Noveno, uno debe quitarle la crema a la leche antes de usarla para té. La leche demasiado cremosa siempre le da al té un sabor enfermizo.

Décimo, uno debe servir el té el la taza primero. Este es uno de los puntos más controversiales de todos; es verdad que en cada familia en Inglaterra hay probablemente dos escuelas de pensamiento sobre el tema. La escuela de la leche primero puede tener argumentos considerablemente fuertes, pero mantengo que mi propio argumento es incuestionable. Es que, al poner el té primero y moverlo mientras lo sirves, uno puede regular la cantidad de leche mientras que es probable que uno ponga demasiada leche si lo hace al revés.

Onceavo. Por último, el té –a menos que uno lo tome al estilo de los rusos- debe beberse sin azúcar. Se muy bien que estoy en la parte de la minoría aquí, pero aún, ¿cómo puedes llamarte un verdadero amante del té si destruyes su sabor al añadirle azúcar? Sería igual de razonable añadirle sal o pimienta. El té está hecho para ser amargo, al igual que cerveza está hecha para ser amarga. Si lo endulzas ya no estás probando el té, estas sólo probando el azúcar; podrías hacer una bebida similar si disuelves azúcar en agua caliente.

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