Hace unas semanas, la BBC dio a conocer un listado con las 100 mejores películas del siglo XXI. Para llegar a esta selección, el medio recolectó las opiniones de 177 críticos de diversos países del mundo, analizó cada una y a partir de la frecuencia en las menciones, condensó una lista final. En Faena Aleph compartimos los títulos de los 10 primeros lugares y una breve reflexión sobre por qué la película que figura en segundo debió estar a la cabeza del ranking.

Ahora quisimos compartir una selección propia a partir de un criterio puntual: el asombro de la existencia. El cine, poco a poco, llegó al lugar que han tenido otras artes como recurso para explorar la vida, en el sentido más amplio del acto.

Directores, actores y guionistas han tomado un pequeño fragmento de esto que significa vivir (amar, envejecer, sufrir, gozar, estar confundido, encontrarse, etc.) y lo han examinado con películas que al espectador también le plantean preguntas, asombros, confirmaciones y más.

Boyhood (Richard Linklater, 2014)

Una de las preguntas fundamentales en la filmografía de Linklater rodea el problema del tiempo: ¿Qué es? ¿Por qué transcurre? ¿Cómo nos damos cuenta de su paso? En Boyhood, el director llevó esa meditación a un límite al que nadie se había atrevido antes.

 Eternal Sunshine of the Spotless Mind (Michel Gondry, 2004)

¿Qué sería de lo que somos si pudiéramos modificar nuestra memoria? Este clásico de nuestra época nos enfrenta con esa pregunta.

The Tree of Life (Terrence Malick, 2011)

Uno de los mejores homenajes a la vida que se han hecho en la historia del cine.

Synecdoche, New York (Charlie Kaufman, 2008)

Una película con el propósito ambicioso de reflejar la vida, puntualmente, en toda su multiplicidad y complejidad de circunstancias.

Amour (Michael Haneke, 2012)

Amar no es sencillo, pero en este filme Haneke lleva dicha premisa al extremo.

El caballo de Turín (Béla Tarr y Ágnes Hranitzky, 2011)

A partir de una anécdota concerniente a Nietzsche, los directores retratan la vida en sí, la vida que ocurre todos los días a partir de hechos cotidianos, mínimos, que se enlazan unos a otros hasta formar paulatinamente esto que llamamos existencia.

La grande belleza (Paolo Sorrentino, 2013)

Todo decae, excepto el deseo de celebrar la vida.

Spring, Summer, Fall, Winter… and Spring (Kim Ki-duk, 2003)

La vida es una repetición constante donde todo sucede otra vez, pero siempre de formas distintas.

Hace unas semanas, la BBC dio a conocer un listado con las 100 mejores películas del siglo XXI. Para llegar a esta selección, el medio recolectó las opiniones de 177 críticos de diversos países del mundo, analizó cada una y a partir de la frecuencia en las menciones, condensó una lista final. En Faena Aleph compartimos los títulos de los 10 primeros lugares y una breve reflexión sobre por qué la película que figura en segundo debió estar a la cabeza del ranking.

Ahora quisimos compartir una selección propia a partir de un criterio puntual: el asombro de la existencia. El cine, poco a poco, llegó al lugar que han tenido otras artes como recurso para explorar la vida, en el sentido más amplio del acto.

Directores, actores y guionistas han tomado un pequeño fragmento de esto que significa vivir (amar, envejecer, sufrir, gozar, estar confundido, encontrarse, etc.) y lo han examinado con películas que al espectador también le plantean preguntas, asombros, confirmaciones y más.

Boyhood (Richard Linklater, 2014)

Una de las preguntas fundamentales en la filmografía de Linklater rodea el problema del tiempo: ¿Qué es? ¿Por qué transcurre? ¿Cómo nos damos cuenta de su paso? En Boyhood, el director llevó esa meditación a un límite al que nadie se había atrevido antes.

 Eternal Sunshine of the Spotless Mind (Michel Gondry, 2004)

¿Qué sería de lo que somos si pudiéramos modificar nuestra memoria? Este clásico de nuestra época nos enfrenta con esa pregunta.

The Tree of Life (Terrence Malick, 2011)

Uno de los mejores homenajes a la vida que se han hecho en la historia del cine.

Synecdoche, New York (Charlie Kaufman, 2008)

Una película con el propósito ambicioso de reflejar la vida, puntualmente, en toda su multiplicidad y complejidad de circunstancias.

Amour (Michael Haneke, 2012)

Amar no es sencillo, pero en este filme Haneke lleva dicha premisa al extremo.

El caballo de Turín (Béla Tarr y Ágnes Hranitzky, 2011)

A partir de una anécdota concerniente a Nietzsche, los directores retratan la vida en sí, la vida que ocurre todos los días a partir de hechos cotidianos, mínimos, que se enlazan unos a otros hasta formar paulatinamente esto que llamamos existencia.

La grande belleza (Paolo Sorrentino, 2013)

Todo decae, excepto el deseo de celebrar la vida.

Spring, Summer, Fall, Winter… and Spring (Kim Ki-duk, 2003)

La vida es una repetición constante donde todo sucede otra vez, pero siempre de formas distintas.

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