En nuestro imaginario, los guerreros samurái son símbolo del honor, la valentía y la disciplina, tres cualidades que se nos presentan como deseables no sólo para una vida entregada a la batalla, sino para la existencia en sí que, acaso, para algunos bien puede mirarse como una lucha que sostenemos en distintos frentes.

Pero más allá de esta visión “bélica” de la vida, no cabe duda de que el código de los samurái conserva algunas de las enseñanzas más notables y provechosas. A final de cuentas, como otros intentos de regir la conducta humana, en este caso también se trata de un método pensando y reformado a lo largo del tiempo, orientado hacia la consecución de cierto ideal de vida en beneficio tanto del individuo como de la comunidad. 

Entre los partícipes más notables de la elaboración continua de dichas reglas de conducta se encuentra Miyamoto Musashi, un hombre que además de manejar la espada con maestría temible para sus adversarios, fue también filósofo y escritor, ejerció la caligrafía y la pintura con tintas, fue maestro de numerosos jóvenes y autor de tratados sobre el arte del manejo de la espada, estrategia militar y otros sobre el espíritu de la vida del guerrero samurái. Como detalle anecdótico vale la pena señalar que Musashi no fue un samurái como tal, sino un “ronin”, término que se dio a los guerreros que perdían a su maestro fuera por la muerte de éste o por haber perdido su favor.

Dentro de la filosofía de este guerrero legendario, uno de los principios fundamentales era la unión necesaria entre el estudiante y la técnica: como el bulbo y la flor, uno no puede existir sin el otro. Esto por sí mismo ya es una gran lección, pues nos recuerda que en la vida el aprendizaje no cesa, que cada uno de nosotros no deja nunca de ser aprendiz en el oficio del vivir y, por lo mismo, que la técnica del vivir es una obra en proceso que siempre puede mejorarse.

La principal obra que llegó hasta nosotros es El libro de los cinco anillos, en donde Musashi vertió su sabiduría estratégica. Se dice que para escribirlo, Musashi llevó la vida del asceta durante casi dos años, aislado en una cueva de la isla de Kyushu.

Musashi dividió el libro, como lo anuncia su título, en cinco apartados, de los cuales los cuatro primeros llevan el subtítulo de los cuatro elementos fundamentales (Tierra, Agua, Fuego, Viento) y el quinto cierra con el Vacío. 

Al final del libro dedicado a la Tierra, Musashi escribió estas 9 sencillas reglas de conducta para el guerrero samurái. Aun en su brevedad, constituyen una guía notable de reflexión y decisión posterior sobre nuestra propia existencia, en la medida en que son preceptos que exigen comprensión y ejercicio continuo. 

1. Piensa honestamente y sinceramente. No albergues propósitos siniestros.

2. El Camino es el entrenamiento.

3. Domina cada una de las artes que acometas.

4. Conoce el Camino de todas las habilidades.

5. Aprende la diferencia entre perder y ganar de acuerdo con los términos del mundo.

6. Desarrolla tu juicio intuitivo y entendimiento.

7. Aprende a ver lo que no se ve.

8. Pon atención incluso en los detalles.

9. No hagas nada que no tenga utilidad.

Es posible imaginar estos consejos como tareas a cumplir. Acaso podríamos intentar al menos un solo día seguir, por ejemplo, el primero, y pensar honesta y sinceramente. Si lo logramos un día, seguir el segundo y así por varios más, y con otros preceptos. Seguramente con un ejercicio de este tipo, aparentemente sencillo, nuestra vida cambiaría radicalmente. 

Todo es cuestión de entrenamiento.

También en Faena Aleph: Wabi-sabi: entender este término podría cambiar tu forma de relacionarte con el mundo 

 

 

 

Imagen: Wikimedia Commons

En nuestro imaginario, los guerreros samurái son símbolo del honor, la valentía y la disciplina, tres cualidades que se nos presentan como deseables no sólo para una vida entregada a la batalla, sino para la existencia en sí que, acaso, para algunos bien puede mirarse como una lucha que sostenemos en distintos frentes.

Pero más allá de esta visión “bélica” de la vida, no cabe duda de que el código de los samurái conserva algunas de las enseñanzas más notables y provechosas. A final de cuentas, como otros intentos de regir la conducta humana, en este caso también se trata de un método pensando y reformado a lo largo del tiempo, orientado hacia la consecución de cierto ideal de vida en beneficio tanto del individuo como de la comunidad. 

Entre los partícipes más notables de la elaboración continua de dichas reglas de conducta se encuentra Miyamoto Musashi, un hombre que además de manejar la espada con maestría temible para sus adversarios, fue también filósofo y escritor, ejerció la caligrafía y la pintura con tintas, fue maestro de numerosos jóvenes y autor de tratados sobre el arte del manejo de la espada, estrategia militar y otros sobre el espíritu de la vida del guerrero samurái. Como detalle anecdótico vale la pena señalar que Musashi no fue un samurái como tal, sino un “ronin”, término que se dio a los guerreros que perdían a su maestro fuera por la muerte de éste o por haber perdido su favor.

Dentro de la filosofía de este guerrero legendario, uno de los principios fundamentales era la unión necesaria entre el estudiante y la técnica: como el bulbo y la flor, uno no puede existir sin el otro. Esto por sí mismo ya es una gran lección, pues nos recuerda que en la vida el aprendizaje no cesa, que cada uno de nosotros no deja nunca de ser aprendiz en el oficio del vivir y, por lo mismo, que la técnica del vivir es una obra en proceso que siempre puede mejorarse.

La principal obra que llegó hasta nosotros es El libro de los cinco anillos, en donde Musashi vertió su sabiduría estratégica. Se dice que para escribirlo, Musashi llevó la vida del asceta durante casi dos años, aislado en una cueva de la isla de Kyushu.

Musashi dividió el libro, como lo anuncia su título, en cinco apartados, de los cuales los cuatro primeros llevan el subtítulo de los cuatro elementos fundamentales (Tierra, Agua, Fuego, Viento) y el quinto cierra con el Vacío. 

Al final del libro dedicado a la Tierra, Musashi escribió estas 9 sencillas reglas de conducta para el guerrero samurái. Aun en su brevedad, constituyen una guía notable de reflexión y decisión posterior sobre nuestra propia existencia, en la medida en que son preceptos que exigen comprensión y ejercicio continuo. 

1. Piensa honestamente y sinceramente. No albergues propósitos siniestros.

2. El Camino es el entrenamiento.

3. Domina cada una de las artes que acometas.

4. Conoce el Camino de todas las habilidades.

5. Aprende la diferencia entre perder y ganar de acuerdo con los términos del mundo.

6. Desarrolla tu juicio intuitivo y entendimiento.

7. Aprende a ver lo que no se ve.

8. Pon atención incluso en los detalles.

9. No hagas nada que no tenga utilidad.

Es posible imaginar estos consejos como tareas a cumplir. Acaso podríamos intentar al menos un solo día seguir, por ejemplo, el primero, y pensar honesta y sinceramente. Si lo logramos un día, seguir el segundo y así por varios más, y con otros preceptos. Seguramente con un ejercicio de este tipo, aparentemente sencillo, nuestra vida cambiaría radicalmente. 

Todo es cuestión de entrenamiento.

También en Faena Aleph: Wabi-sabi: entender este término podría cambiar tu forma de relacionarte con el mundo 

 

 

 

Imagen: Wikimedia Commons