Las famosas cartas de James Joyce a Nora Barnacle son por momentos pornográficas, pero también románticas, poéticas, fetichistas y a veces incluso graciosas. Fueron escritas solamente para Nora en una correspondencia iniciada por ella en noviembre de 1909, mientras Joyce estaba en Dublín y ella en Trieste sosteniendo a sus dos hijos en una situación por lo menos difícil. En sus cartas, Joyce quería preservar la primera imagen que tuvo de Nora aquél 16 de junio de 1904 (el día en que acontece el Ulises) a la que vuelve incesantemente. También quería seducirla de nuevo después de ella lo había amenazado con dejarlo. Nora, por su parte, esperaba mantener a Joyce alejado de las prostitutas al alimentar sus fantasías sexuales en la escritura de sus cartas. Las cartas que escribió Nora, sin embargo, parecen haber desaparecido; sólo tenemos el lado de Joyce pero con ello todo es suficientemente claro.

Nora, mi fiel querida, mi tunante colegiala, se mi puta, mi amante, todo lo que tú quieras (¡mi pequeña maldita amante! ¡Mi pequeña puta!) eres siempre mi hermosa flor silvestre de los setos, mi flor azul oscuro empapada por la lluvia”.

Si los censuradores del Ulises hubieran leído también estas cartas no hubieran podido creer sus ojos. En esta nota se citan sólo algunas partes, quizá las menos sonrojantes, pero se puede acceder a la correspondencia completa aquí (en inglés) y aquí (en español). Sin duda una lectura poética y divertida de principio a fin.

MI-jamesnora

Al leer estas cartas uno debe tener en mente que la carta es por excelencia un género codificado que remite a formas juramentales que sólo los participantes comprenden bien. Nosotros los lectores estamos espiando, un siglo después, la correspondencia entre dos personas que sólo eran esas personas en carta. Joyce como escritor, como persona, es otro; Nora (“la flor azul oscuro, empapada en lluvia”) también lo es. Pero el hecho de que estas cartas se haya convertido en literatura en el instante de su publicación nos permite, con la distancia propia, leerlas como tal.

            Mi dulce y sucia ave cogedora,

            …Mi amor me permite rogar al espíritu de la belleza y ternura eternas reflejadas en tus ojos, o revolcarte en el suelo…

[…] Cuando otros cuentan en mi presencia historias obscenas o lujuriosas sonrío apenas. A pesar de eso, parece que tú me conviertes en una bestia. Fuiste tu misma, tú, pícara muchacha desvergonzada, quien primero me enseñó el camino…

[…]Sé que estoy arriesgándome mucho al escribir de este modo, pero si realmente me quiere, sentirá que estoy loco de lujuria y que debo decirlo todo.

Las cartas terminan en 1920. Un año después aparecerá el Ulises que es una suerte de explosión de las cartas del alquimista del lenguaje ordinario que fue James Joyce.

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Las famosas cartas de James Joyce a Nora Barnacle son por momentos pornográficas, pero también románticas, poéticas, fetichistas y a veces incluso graciosas. Fueron escritas solamente para Nora en una correspondencia iniciada por ella en noviembre de 1909, mientras Joyce estaba en Dublín y ella en Trieste sosteniendo a sus dos hijos en una situación por lo menos difícil. En sus cartas, Joyce quería preservar la primera imagen que tuvo de Nora aquél 16 de junio de 1904 (el día en que acontece el Ulises) a la que vuelve incesantemente. También quería seducirla de nuevo después de ella lo había amenazado con dejarlo. Nora, por su parte, esperaba mantener a Joyce alejado de las prostitutas al alimentar sus fantasías sexuales en la escritura de sus cartas. Las cartas que escribió Nora, sin embargo, parecen haber desaparecido; sólo tenemos el lado de Joyce pero con ello todo es suficientemente claro.

Nora, mi fiel querida, mi tunante colegiala, se mi puta, mi amante, todo lo que tú quieras (¡mi pequeña maldita amante! ¡Mi pequeña puta!) eres siempre mi hermosa flor silvestre de los setos, mi flor azul oscuro empapada por la lluvia”.

Si los censuradores del Ulises hubieran leído también estas cartas no hubieran podido creer sus ojos. En esta nota se citan sólo algunas partes, quizá las menos sonrojantes, pero se puede acceder a la correspondencia completa aquí (en inglés) y aquí (en español). Sin duda una lectura poética y divertida de principio a fin.

MI-jamesnora

Al leer estas cartas uno debe tener en mente que la carta es por excelencia un género codificado que remite a formas juramentales que sólo los participantes comprenden bien. Nosotros los lectores estamos espiando, un siglo después, la correspondencia entre dos personas que sólo eran esas personas en carta. Joyce como escritor, como persona, es otro; Nora (“la flor azul oscuro, empapada en lluvia”) también lo es. Pero el hecho de que estas cartas se haya convertido en literatura en el instante de su publicación nos permite, con la distancia propia, leerlas como tal.

            Mi dulce y sucia ave cogedora,

            …Mi amor me permite rogar al espíritu de la belleza y ternura eternas reflejadas en tus ojos, o revolcarte en el suelo…

[…] Cuando otros cuentan en mi presencia historias obscenas o lujuriosas sonrío apenas. A pesar de eso, parece que tú me conviertes en una bestia. Fuiste tu misma, tú, pícara muchacha desvergonzada, quien primero me enseñó el camino…

[…]Sé que estoy arriesgándome mucho al escribir de este modo, pero si realmente me quiere, sentirá que estoy loco de lujuria y que debo decirlo todo.

Las cartas terminan en 1920. Un año después aparecerá el Ulises que es una suerte de explosión de las cartas del alquimista del lenguaje ordinario que fue James Joyce.

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