En distintas tradiciones la mañana se considera una de las horas más propicias para comenzar a vivir, como si nuestra existencia pudiera correr al parejo del día que nace y el sol que se levanta.

Si esto es o no cierto, tal vez no sea posible afirmarlo. Con todo, en la historia hay suficiente evidencia de personas notables que tenían como hábito despertar temprano y desde los primeros momentos del día realizar sus actividades: escribir, leer las noticias, desayunar, salir a caminar, beber café, etc. Más o menos lo que sabemos que debe hacerse en dicho momento pero con un par de diferencias: ellos los hacían con disciplina y, además, en casi todos los casos, como una especie de prólogo para su día, los preparativos necesarios para acometer ese futuro inmediato que se nos presenta cada vez que despertamos.

Cada día me miro en el espejo y me pregunto: “Si hoy fuese el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy?”. Si la respuesta es “no” durante demasiados días seguidos, sé que necesito cambiar algo.

Ese es apenas un ejemplo de los varios que se compilan en el video que acompaña esta nota. Las palabras son de Steve Jobs, pero igualmente se incluyen rutinas excéntricas como los “baños de aire” de Benjamin Franklin, que cada mañana se sentaba desnudo frente a una ventana abierta, y otras más sensibles como la de H. D. Thoreau, quien creía que una caminata matutina era la mejor forma de prepararse para trabajar.

Freud, Lincoln, Swift o Winston Churchill no eran seres humanos excepcionales; estrictamente, eran tan iguales como cualquiera de nosotros. Sin embargo, podríamos aventurar que si a ellos no les pesaba en modo alguno despertarse muy de mañana para trabajar era porque hacían lo que les gustaba, y eso hace toda la diferencia.

¿Tú a qué hora te levantas de la cama para comenzar tu día?

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En distintas tradiciones la mañana se considera una de las horas más propicias para comenzar a vivir, como si nuestra existencia pudiera correr al parejo del día que nace y el sol que se levanta.

Si esto es o no cierto, tal vez no sea posible afirmarlo. Con todo, en la historia hay suficiente evidencia de personas notables que tenían como hábito despertar temprano y desde los primeros momentos del día realizar sus actividades: escribir, leer las noticias, desayunar, salir a caminar, beber café, etc. Más o menos lo que sabemos que debe hacerse en dicho momento pero con un par de diferencias: ellos los hacían con disciplina y, además, en casi todos los casos, como una especie de prólogo para su día, los preparativos necesarios para acometer ese futuro inmediato que se nos presenta cada vez que despertamos.

Cada día me miro en el espejo y me pregunto: “Si hoy fuese el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy?”. Si la respuesta es “no” durante demasiados días seguidos, sé que necesito cambiar algo.

Ese es apenas un ejemplo de los varios que se compilan en el video que acompaña esta nota. Las palabras son de Steve Jobs, pero igualmente se incluyen rutinas excéntricas como los “baños de aire” de Benjamin Franklin, que cada mañana se sentaba desnudo frente a una ventana abierta, y otras más sensibles como la de H. D. Thoreau, quien creía que una caminata matutina era la mejor forma de prepararse para trabajar.

Freud, Lincoln, Swift o Winston Churchill no eran seres humanos excepcionales; estrictamente, eran tan iguales como cualquiera de nosotros. Sin embargo, podríamos aventurar que si a ellos no les pesaba en modo alguno despertarse muy de mañana para trabajar era porque hacían lo que les gustaba, y eso hace toda la diferencia.

¿Tú a qué hora te levantas de la cama para comenzar tu día?

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