“El arte humano debe su origen al amor de los amigos”, dijo Virginia Woolf refiriéndose a la correspondencia epistolar. Pero hoy las cartas han cambiado de público. Leemos más cartas de desconocidos, sobre todo de escritores ya muertos, que cartas que recibimos de nuestros amigos con nuestro nombre, pero aun así les encontramos deleite. Hoy, a diferencia de siglos pasados, la correspondencia epistolar está cargada de indiscreción, nostalgia, y quizás también de un poco de envidia.

No nos toca ser epistolares porque, aunque haya campañas e iniciativas que promuevan regresar al correo postal, hemos cambiado de ritmo. Somos en esencia más impacientes. Lo haremos quizá alguna vez pero perderemos la continuidad porque tenemos a la mano un medio de comunicación más efectivo. Lo cierto es que cuando leemos cartas de extraños, ya sean escritores o artistas, sentimos una suerte de envidia por la intimidad que les fue dada y el “cobijo” emocional que implicaba enviar o recibir algo, primero que nada, dentro de un sobre.

More than Words: Illustrated Letters from the Smithsonian’s Archives of American Art es uno de los proyectos más deslumbrantes que se han realizado en torno a la carta, porque además de reunir las de algunos grandes artistas de la historia, como Lucian Freud, Man Ray, Frida Kahlo, Alexander Calder, Andy Warhol o Antoine de Saint-Exupéry, todas ellas están ilustradas. Contienen más que palabras, como dice el título, porque a veces en los márgenes del texto está toda una oportunidad para expandir el lenguaje, enriquecerlo o empaparlo de tono.

Mostramos aquí algunas de las más notables de estas cartas híbridas que alcanzan lo verdaderamente genuino del ser humano: mezclar todos sus recursos para transmitir su mensaje lo mejor posible.

Joseph Lindon, por ejemplo, fue un ilustrador estadounidense mejor conocido por ser el artista que viajó a Egipto y documentó las excavaciones de Giza y el Valle de los reyes. En 1894 envió esta carta a sus padres desde París, teniendo suficiente éxito como para decirles: “Miren a su hijo pintando bajo una lluvia de oro”.

1. letter

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AAA_bishisab_3294

Warren Chappell (1904-1991) a Isabel Bishop (1902-1988).

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AAA_cornjose_3163

Dorothea Tanning (b. 1910) a Joseph Cornell (1903–1972)

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Screen shot 2015-11-28 at 11.20.17 AM

Alfred Joseph Frueh a Giuliette Fanciulli

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AAA_hayshele_3359

Paul Bransom (1885−1979) to Helen and Jimmy Hays.

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AAA_kentrock_3226-1

Rockwell Kent (1882–1971) a Frances,

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“El arte humano debe su origen al amor de los amigos”, dijo Virginia Woolf refiriéndose a la correspondencia epistolar. Pero hoy las cartas han cambiado de público. Leemos más cartas de desconocidos, sobre todo de escritores ya muertos, que cartas que recibimos de nuestros amigos con nuestro nombre, pero aun así les encontramos deleite. Hoy, a diferencia de siglos pasados, la correspondencia epistolar está cargada de indiscreción, nostalgia, y quizás también de un poco de envidia.

No nos toca ser epistolares porque, aunque haya campañas e iniciativas que promuevan regresar al correo postal, hemos cambiado de ritmo. Somos en esencia más impacientes. Lo haremos quizá alguna vez pero perderemos la continuidad porque tenemos a la mano un medio de comunicación más efectivo. Lo cierto es que cuando leemos cartas de extraños, ya sean escritores o artistas, sentimos una suerte de envidia por la intimidad que les fue dada y el “cobijo” emocional que implicaba enviar o recibir algo, primero que nada, dentro de un sobre.

More than Words: Illustrated Letters from the Smithsonian’s Archives of American Art es uno de los proyectos más deslumbrantes que se han realizado en torno a la carta, porque además de reunir las de algunos grandes artistas de la historia, como Lucian Freud, Man Ray, Frida Kahlo, Alexander Calder, Andy Warhol o Antoine de Saint-Exupéry, todas ellas están ilustradas. Contienen más que palabras, como dice el título, porque a veces en los márgenes del texto está toda una oportunidad para expandir el lenguaje, enriquecerlo o empaparlo de tono.

Mostramos aquí algunas de las más notables de estas cartas híbridas que alcanzan lo verdaderamente genuino del ser humano: mezclar todos sus recursos para transmitir su mensaje lo mejor posible.

Joseph Lindon, por ejemplo, fue un ilustrador estadounidense mejor conocido por ser el artista que viajó a Egipto y documentó las excavaciones de Giza y el Valle de los reyes. En 1894 envió esta carta a sus padres desde París, teniendo suficiente éxito como para decirles: “Miren a su hijo pintando bajo una lluvia de oro”.

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AAA_bishisab_3294

Warren Chappell (1904-1991) a Isabel Bishop (1902-1988).

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Dorothea Tanning (b. 1910) a Joseph Cornell (1903–1972)

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Alfred Joseph Frueh a Giuliette Fanciulli

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Paul Bransom (1885−1979) to Helen and Jimmy Hays.

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Rockwell Kent (1882–1971) a Frances,

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