Personaje imprescindible de casi todas las culturas del mundo, el chamán juega el papel de puente entre dos mundos. Habitantes frecuentes de los límites sociales, estos personajes han sido parte fundamental de la estructura de incontables civilizaciones, como conexión entre el mundo de lo visible y lo invisible, como curanderos y sanadores, como videntes y guías, como mensajeros del mundo natural, de los ancestros, de los dioses y de su atemporal sabiduría. 

En el mundo actual, y especialmente en Occidente, la ciencia, la medicina, la psicología y las religiones han tomado el papel de chamán y éste ha quedado, en muchos casos, relegado de las comunidades como un personaje proveniente de otros tiempos. Sin embargo, el chamanismo y sus prácticas son tan vigentes como relevantes hoy como lo han sido en el pasado, incluso en los espacios urbanos; un ejemplo de esto son los chamanes de Corea. Conocidas como manshin, un 95% de ellas son mujeres y una gran cantidad habita en las ciudades.

Tradicionalmente, la práctica chamánica se asocia con personas de poder que ingieren sustancias sagradas y, a través de ellas, envían a su alma a otras dimensiones para obtener conocimiento. En el caso del chamanismo coreano, el proceso es opuesto: los dioses, espíritus y ancestros descienden hasta el cuerpo de la mujer, y ésta se convierte, momentáneamente, en la deidad, espíritu o ancestro al que invocó. El espectáculo, para quienes lo han atestiguado, es impresionante: las mujeres-chamán entran en un trance en el que presentan personalidades completamente distintas a las habituales, hablan idiomas que en estado normal no conocen y asumen una postura de poder, reconocida por todos quienes las rodean. Pero el papel de estas mujeres no solamente corresponde al mundo espiritual, ellas juegan un rol social esencial.

chamanas1 
En Corea, y especialmente en sus ciudades, el las mujeres-chamán son parte de la vida cotidiana de la gente: es común consultarlas con muchos fines, algunos de ellos completamente pragmáticos. Si vas a mudarte de casa, comprar un nuevo automóvil o estás teniendo problemas con tu hijo o hija, puedes pedir su ayuda. Pero, las manshin también pueden intervenir en casos más graves; por ejemplo, si algún familiar o persona cercana está enfermo de gravedad, ella podría concluir que un espíritu nocivo ha tomado posesión del enfermo y realizar un exorcismo.

En la actual Corea, si alguien está enfermo las mujeres-chamán no trabajan en contra de la medicina tradicional, sino a su lado (han sabido adaptarse al tiempo en el que viven). Ellas hacen los rituales propicios, y probablemente aconsejarán al enfermo visitar un hospital si lo consideran necesario. Así también vemos que las manshin (contrario al estereotipo que se tiene comúnmente del chamán) trabajan frecuentemente en el espacio urbano. Un claro ejemplo de esto sucedió cuando un incendio amenazó con dañar la construcción del Museo Nacional de Arte Moderno y Contemporáneo de Seúl; tras el fuego y antes de continuar con los trabajos, las autoridades del museo llamaron a una mujer chamán para hacer una limpia del lugar y así asegurar la seguridad de este.

En Corea existen templos chamánicos, pero el lugar más frecuente donde las mujeres-chamán trabajan son una especie de espacios comerciales llamado gutdang. Ellas rentan una sala por uno o varios días y ahí hacen sus ceremonias. Estos lugares poseen un poder especial y pueden albergar muchos rituales al mismo tiempo, convirtiéndose en un enorme centro ceremonial en medio de la ciudad. Los espacios donde trabajan estas mujeres, además, son decorados con imágenes y estatuas de dioses. Ahí, la gente a menudo acude a rituales simples para saber su futuro o pedir buena fortuna, por ejemplo. Sólo cuando hay un mal mayor, la mujer-chamán puede optar por realizar ceremonias más elaboradas.

Durante las ceremonias, las manshin trabajan con un equipo de ayudantes, que las asisten tocando instrumentos musicales como tambores y flautas, un elemento clave para la conexión entre el chamán y los espíritus. Dependiendo del dios o espíritu al que se invoca, la mujer-chamán también instala ofrendas de comida como frutas, pasteles de arroz, pescado y bebidas alcohólicas, entre otros. En ocasiones especiales también se ofrece carne de vacas y cerdos. Además de bailar y cantar, estas mujeres de poder sostienen cuchillos durante sus ceremonias, una manera de  establecer su autoridad y poder. En el momento de la posesión de la manshin, los dioses o espíritus dentro de su cuerpo pueden ser exigentes y hasta agresivos, recordando a los presentes que no se han dado las ofrendas o lo rezos necesarios.

A pesar de actualmente el rol del chamán tiene algo de anacrónico, las manshin de Corea prueban lo contrario. Ellas y su magia han sobrevivido al tiempo y se han adaptado a su presente con gran éxito, hallando su hogar en el espacio urbano. La mayor parte de los coreanos saben de su existencia, y una gran mayoría las consulta. El hecho de que la gran mayoría sean mujeres, además, resulta llamativo en una sociedad tan patriarcal como la suya; estas féminas tienen un espacio de poder espiritual y respeto como pocos. Finalmente, esta clase de chamanes son celebrados como guardianes de tradiciones —muchos de sus rituales y canciones tienen hasta 300 años de antigüedad—, como seres poderosos que transitan las pobladas calles de las metrópolis.

 

 

 

 

Imágenes: 1) Public Domain 2) Creative Commons

Personaje imprescindible de casi todas las culturas del mundo, el chamán juega el papel de puente entre dos mundos. Habitantes frecuentes de los límites sociales, estos personajes han sido parte fundamental de la estructura de incontables civilizaciones, como conexión entre el mundo de lo visible y lo invisible, como curanderos y sanadores, como videntes y guías, como mensajeros del mundo natural, de los ancestros, de los dioses y de su atemporal sabiduría. 

En el mundo actual, y especialmente en Occidente, la ciencia, la medicina, la psicología y las religiones han tomado el papel de chamán y éste ha quedado, en muchos casos, relegado de las comunidades como un personaje proveniente de otros tiempos. Sin embargo, el chamanismo y sus prácticas son tan vigentes como relevantes hoy como lo han sido en el pasado, incluso en los espacios urbanos; un ejemplo de esto son los chamanes de Corea. Conocidas como manshin, un 95% de ellas son mujeres y una gran cantidad habita en las ciudades.

Tradicionalmente, la práctica chamánica se asocia con personas de poder que ingieren sustancias sagradas y, a través de ellas, envían a su alma a otras dimensiones para obtener conocimiento. En el caso del chamanismo coreano, el proceso es opuesto: los dioses, espíritus y ancestros descienden hasta el cuerpo de la mujer, y ésta se convierte, momentáneamente, en la deidad, espíritu o ancestro al que invocó. El espectáculo, para quienes lo han atestiguado, es impresionante: las mujeres-chamán entran en un trance en el que presentan personalidades completamente distintas a las habituales, hablan idiomas que en estado normal no conocen y asumen una postura de poder, reconocida por todos quienes las rodean. Pero el papel de estas mujeres no solamente corresponde al mundo espiritual, ellas juegan un rol social esencial.

chamanas1 
En Corea, y especialmente en sus ciudades, el las mujeres-chamán son parte de la vida cotidiana de la gente: es común consultarlas con muchos fines, algunos de ellos completamente pragmáticos. Si vas a mudarte de casa, comprar un nuevo automóvil o estás teniendo problemas con tu hijo o hija, puedes pedir su ayuda. Pero, las manshin también pueden intervenir en casos más graves; por ejemplo, si algún familiar o persona cercana está enfermo de gravedad, ella podría concluir que un espíritu nocivo ha tomado posesión del enfermo y realizar un exorcismo.

En la actual Corea, si alguien está enfermo las mujeres-chamán no trabajan en contra de la medicina tradicional, sino a su lado (han sabido adaptarse al tiempo en el que viven). Ellas hacen los rituales propicios, y probablemente aconsejarán al enfermo visitar un hospital si lo consideran necesario. Así también vemos que las manshin (contrario al estereotipo que se tiene comúnmente del chamán) trabajan frecuentemente en el espacio urbano. Un claro ejemplo de esto sucedió cuando un incendio amenazó con dañar la construcción del Museo Nacional de Arte Moderno y Contemporáneo de Seúl; tras el fuego y antes de continuar con los trabajos, las autoridades del museo llamaron a una mujer chamán para hacer una limpia del lugar y así asegurar la seguridad de este.

En Corea existen templos chamánicos, pero el lugar más frecuente donde las mujeres-chamán trabajan son una especie de espacios comerciales llamado gutdang. Ellas rentan una sala por uno o varios días y ahí hacen sus ceremonias. Estos lugares poseen un poder especial y pueden albergar muchos rituales al mismo tiempo, convirtiéndose en un enorme centro ceremonial en medio de la ciudad. Los espacios donde trabajan estas mujeres, además, son decorados con imágenes y estatuas de dioses. Ahí, la gente a menudo acude a rituales simples para saber su futuro o pedir buena fortuna, por ejemplo. Sólo cuando hay un mal mayor, la mujer-chamán puede optar por realizar ceremonias más elaboradas.

Durante las ceremonias, las manshin trabajan con un equipo de ayudantes, que las asisten tocando instrumentos musicales como tambores y flautas, un elemento clave para la conexión entre el chamán y los espíritus. Dependiendo del dios o espíritu al que se invoca, la mujer-chamán también instala ofrendas de comida como frutas, pasteles de arroz, pescado y bebidas alcohólicas, entre otros. En ocasiones especiales también se ofrece carne de vacas y cerdos. Además de bailar y cantar, estas mujeres de poder sostienen cuchillos durante sus ceremonias, una manera de  establecer su autoridad y poder. En el momento de la posesión de la manshin, los dioses o espíritus dentro de su cuerpo pueden ser exigentes y hasta agresivos, recordando a los presentes que no se han dado las ofrendas o lo rezos necesarios.

A pesar de actualmente el rol del chamán tiene algo de anacrónico, las manshin de Corea prueban lo contrario. Ellas y su magia han sobrevivido al tiempo y se han adaptado a su presente con gran éxito, hallando su hogar en el espacio urbano. La mayor parte de los coreanos saben de su existencia, y una gran mayoría las consulta. El hecho de que la gran mayoría sean mujeres, además, resulta llamativo en una sociedad tan patriarcal como la suya; estas féminas tienen un espacio de poder espiritual y respeto como pocos. Finalmente, esta clase de chamanes son celebrados como guardianes de tradiciones —muchos de sus rituales y canciones tienen hasta 300 años de antigüedad—, como seres poderosos que transitan las pobladas calles de las metrópolis.

 

 

 

 

Imágenes: 1) Public Domain 2) Creative Commons