Existen pocos escritores tan desgarradoramente lúcidos como Virginia Woolf. Esta claridad no sólo tocó sus imprescindibles obras escritas (ensayos y novelas que son cúspide del modernismo literario), tocó su vida y también su muerte —pocos textos más claros y conmovedores, más universalmente descriptivos del alma humana, que su legendaria carta de despedida. Así, las obras en torno a los libros y la vida de Woolf abundan hasta el día de hoy, homenajes a una mente que aún no ha encontrado semejante. Una de ellas es la pieza musical Three Worlds: Music from Woolf Works, del reconocido músico alemán Max Richter, un monumento sonoro a tres de los libros más importantes de la autora nacida en Londres en 1882.

La  partitura de Three Worlds: Music from Woolf Works, que Richter realizó en 2017, se creó originalmente para un espectáculo del Royal Ballet de Londres, un ballet dirigido por Wayne McGregor que en su momento fue profusamente aclamado por la crítica. La pieza musical, dividida en tres partes, está basada en tres novelas de Virginia Woolf: La señora Dalloway, OrlandoLas olas. El proceso de creación de esta obra, además, implicó una investigación profunda de las fuentes documentales que existen sobre Woolf, cuya vida no deja de sorprender aún hoy.

La sección dedicada a La señora Dalloway, por ejemplo, comienza la propia Woolf leyendo un ensayo suyo en la BBC en 1937 —la única grabación que sobrevive de su voz—, un sonido que nos habla sobre mucho más que las simples palabras que se emiten (como sobre la propia interioridad de la escritora y algunas de las convenciones más arraigadas de su época).

Pero es la pieza final de Three Worlds la que ha llamado más la atención de sus escuchas, la canción titulada “Tuesday” que emula la narrativa onírica (sello distintivo del modernismo anglosajón) en Las olas, una novela que muestra los monólogos, mentales y articulados, de sus seis personajes principales, un grupo de amigos. Sobre el sonido del mar, la actriz Gillian Anderson lee, en calma, las últimas palabras de Virginia Woolf, aquellas que escribió para despedirse del amor de su vida, Leonard, en marzo de 1941:

Querido,

Estoy segura de que me estoy volviendo loca de nuevo. Siento que no podemos pasar por otra de estas espantosas temporadas. Y esta vez no voy a recuperarme. Empiezo a oír voces y no puedo concentrarme. Así que estoy haciendo lo que me parece mejor. Me has dado la mayor felicidad posible. Has sido, en todos los aspectos posibles, todo lo que alguien puede ser. No creo que dos personas puedan haber sido más felices hasta que esta terrible enfermedad apareció. No puedo luchar más. Sé que estoy arruinando tu vida, que sin mí podrías trabajar. Y sé que lo harás. Verás, ni siquiera puedo escribir esto adecuadamente. No puedo leer. Lo que quiero decir es que te debo toda la felicidad de mi vida. Has sido totalmente paciente conmigo e increíblemente bueno. Quiero decirte que –  todo el mundo lo sabe. Si alguien pudiera haberme salvado, habrías sido tú. No me queda nada excepto la certeza de tu bondad. No puedo seguir destrozando tu vida por más tiempo.

No creo que dos personas hayan sido más felices que lo que fuimos nosotros.

V.

La pieza, que dura veinte minutos, incluye también la voz de una soprano, que contra el sonido de las olas pareciera estar ahogándose.

Las dolorosas palabras de Woolf en su carta a Leonard —una despedida generosa de su amado y también de la escritura— conservan una belleza que, paradójicamente, es testigo del amor de la artista por la vida en su expresión más plena (que para ella implicaba, necesariamente, la lectura y la escritura). Más de siete décadas después, la despedida de Woolf es tan potente como siempre, nos ilustra una bella forma de morir (digna de semejante genio) y, también, es la inspiración para esta conmovedora pieza musical:

 

 

 

 

Imagen: Public Domain

 

Existen pocos escritores tan desgarradoramente lúcidos como Virginia Woolf. Esta claridad no sólo tocó sus imprescindibles obras escritas (ensayos y novelas que son cúspide del modernismo literario), tocó su vida y también su muerte —pocos textos más claros y conmovedores, más universalmente descriptivos del alma humana, que su legendaria carta de despedida. Así, las obras en torno a los libros y la vida de Woolf abundan hasta el día de hoy, homenajes a una mente que aún no ha encontrado semejante. Una de ellas es la pieza musical Three Worlds: Music from Woolf Works, del reconocido músico alemán Max Richter, un monumento sonoro a tres de los libros más importantes de la autora nacida en Londres en 1882.

La  partitura de Three Worlds: Music from Woolf Works, que Richter realizó en 2017, se creó originalmente para un espectáculo del Royal Ballet de Londres, un ballet dirigido por Wayne McGregor que en su momento fue profusamente aclamado por la crítica. La pieza musical, dividida en tres partes, está basada en tres novelas de Virginia Woolf: La señora Dalloway, OrlandoLas olas. El proceso de creación de esta obra, además, implicó una investigación profunda de las fuentes documentales que existen sobre Woolf, cuya vida no deja de sorprender aún hoy.

La sección dedicada a La señora Dalloway, por ejemplo, comienza la propia Woolf leyendo un ensayo suyo en la BBC en 1937 —la única grabación que sobrevive de su voz—, un sonido que nos habla sobre mucho más que las simples palabras que se emiten (como sobre la propia interioridad de la escritora y algunas de las convenciones más arraigadas de su época).

Pero es la pieza final de Three Worlds la que ha llamado más la atención de sus escuchas, la canción titulada “Tuesday” que emula la narrativa onírica (sello distintivo del modernismo anglosajón) en Las olas, una novela que muestra los monólogos, mentales y articulados, de sus seis personajes principales, un grupo de amigos. Sobre el sonido del mar, la actriz Gillian Anderson lee, en calma, las últimas palabras de Virginia Woolf, aquellas que escribió para despedirse del amor de su vida, Leonard, en marzo de 1941:

Querido,

Estoy segura de que me estoy volviendo loca de nuevo. Siento que no podemos pasar por otra de estas espantosas temporadas. Y esta vez no voy a recuperarme. Empiezo a oír voces y no puedo concentrarme. Así que estoy haciendo lo que me parece mejor. Me has dado la mayor felicidad posible. Has sido, en todos los aspectos posibles, todo lo que alguien puede ser. No creo que dos personas puedan haber sido más felices hasta que esta terrible enfermedad apareció. No puedo luchar más. Sé que estoy arruinando tu vida, que sin mí podrías trabajar. Y sé que lo harás. Verás, ni siquiera puedo escribir esto adecuadamente. No puedo leer. Lo que quiero decir es que te debo toda la felicidad de mi vida. Has sido totalmente paciente conmigo e increíblemente bueno. Quiero decirte que –  todo el mundo lo sabe. Si alguien pudiera haberme salvado, habrías sido tú. No me queda nada excepto la certeza de tu bondad. No puedo seguir destrozando tu vida por más tiempo.

No creo que dos personas hayan sido más felices que lo que fuimos nosotros.

V.

La pieza, que dura veinte minutos, incluye también la voz de una soprano, que contra el sonido de las olas pareciera estar ahogándose.

Las dolorosas palabras de Woolf en su carta a Leonard —una despedida generosa de su amado y también de la escritura— conservan una belleza que, paradójicamente, es testigo del amor de la artista por la vida en su expresión más plena (que para ella implicaba, necesariamente, la lectura y la escritura). Más de siete décadas después, la despedida de Woolf es tan potente como siempre, nos ilustra una bella forma de morir (digna de semejante genio) y, también, es la inspiración para esta conmovedora pieza musical:

 

 

 

 

Imagen: Public Domain