En nuestros días se vive un nivel de desigualdad social inédito en la historia humana: los ricos son cada vez más ricos y los pobres están cada vez más sumidos en la miseria. Sin embargo —y evitando en lo posible la tentación de idealizar el pasado— existió una época del temprano capitalismo donde incluso el más desposeído podía guiarse en la vida a través de reglas y códigos respetables.

La figura del hobo (que podría traducirse como “polizón” o trabajador viajero) surgió y creció a la par de las vías de trenes en los Estados Unidos, y para finales del siglo XIX ya se podía hablar de toda una cultura en torno a este modo de vida. No se trataba solamente de “vagabundos”, en el sentido de un hombre o mujer sin hogar ni empleo, sino de una mezcla de aventureros y pioneros del trabajo globalizado, así como migrantes dentro del mismo territorio.

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Viajando a donde pudieran emplearse y conseguir algo de dinero, los hobos desarrollaron una cultura basada en la cooperación silenciosa con los extraños, incluso conformando un vocabulario propio y un alfabeto hermético que informaba a otros hobos sobre los lugares donde podían trabajar temporalmente, conseguir una comida gratis, sitios peligrosos a evitar, e incluso casas donde vivían perros agresivos. Como suma de estas experiencias de colaboración y cuidado mutuo, en 1889 la Convención Nacional de Hobos estableció un código de ética, como una medida de protección y apoyo entre los hobos que no ha perdido nada de su poética vigencia: básicamente la forma en la que un hobo se comporta determinará el destino de los hobos que vengan después, al igual que cómo serán tratados por las comunidades donde pasen.

Sería sencillo en nuestros días banales y materialistas idealizar la pobreza (aunque en cierto sentido el catolicismo ha llevado dicha idealización hasta sus últimas consecuencias); en cambio, lo difícil es reconocer que a la par del surgimiento del capitalismo y la primera revolución industrial también tuvieron lugar movimientos de resistencia clandestina como el de los hobos, quienes debían vivir dentro de las reglas del empleo y el movimiento del capital (al igual que nosotros), pero sin perder de vista el sentido compasivo y colaborativo de la experiencia humana: el honor entre los miembros más vulnerables de la sociedad debería ser la medida ética de cualquier sociedad, de quienes los poderosos tienen mucho que aprender.

 

Código ético de los hobos

  1. Decide tu propia vida; no dejes que otra persona te dirija ni te domine.
  2. En una ciudad, siempre respeta las leyes y oficiales locales, y trata de ser un caballero en todo momento.
  3. No te aproveches de alguien que se encuentre en una situación vulnerable, sean locales u otros hobos.
  4. Siempre trata de conseguir empleo, así sea temporal, y siempre busca los trabajos que nadie más quiere. Al hacerlo, no sólo ayudas a un negocio, sino que te aseguras un empleo en caso de que vuelvas a esa ciudad.
  5. Cuando no exista empleo disponible, trabaja por tu cuenta utilizando tus talentos y oficios.
  6. No te conviertas en un borracho estúpido ni pongas un mal ejemplo para cómo los locales tratarán a otros hobos.
  7. Cuando acampes en un pueblo, respeta las limosnas, no te las acabes, podría venir otro hobo que las necesite tan desesperadamente como tú, si no es que más.
  8. Siempre respeta a la naturaleza, no dejes basura donde acampes.
  9. Si acampas en grupo, siempre ofrécete y ayuda.
  10. Trata de mantenerte limpio, y báñate siempre que sea posible.
  11. Al viajar, viaja en tu tren con respeto, no te pases de listo, no causes problemas a los operadores o trabajadores de las vías, actúa como otro miembro de la tripulación.
  12. No causes problemas en los patios de maniobras [de las estaciones de tren], otro hobo vendrá después y necesitará pasar a través de ese patio.
  13. No permitas que ningún hobo abuse de niños; denuncia a todos los abusadores a las autoridades… son la peor escoria que infecta cualquier sociedad.
  14. Ayuda a todos los niños que huyeron de casa, y trata de convencerlos de que vuelvan a ella.
  15. Ayuda a tus compañeros hobos siempre que sea necesario, tú podrías necesitar su ayuda algún día.

 

*Imágenes: Biblioteca del Congreso

En nuestros días se vive un nivel de desigualdad social inédito en la historia humana: los ricos son cada vez más ricos y los pobres están cada vez más sumidos en la miseria. Sin embargo —y evitando en lo posible la tentación de idealizar el pasado— existió una época del temprano capitalismo donde incluso el más desposeído podía guiarse en la vida a través de reglas y códigos respetables.

La figura del hobo (que podría traducirse como “polizón” o trabajador viajero) surgió y creció a la par de las vías de trenes en los Estados Unidos, y para finales del siglo XIX ya se podía hablar de toda una cultura en torno a este modo de vida. No se trataba solamente de “vagabundos”, en el sentido de un hombre o mujer sin hogar ni empleo, sino de una mezcla de aventureros y pioneros del trabajo globalizado, así como migrantes dentro del mismo territorio.

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Viajando a donde pudieran emplearse y conseguir algo de dinero, los hobos desarrollaron una cultura basada en la cooperación silenciosa con los extraños, incluso conformando un vocabulario propio y un alfabeto hermético que informaba a otros hobos sobre los lugares donde podían trabajar temporalmente, conseguir una comida gratis, sitios peligrosos a evitar, e incluso casas donde vivían perros agresivos. Como suma de estas experiencias de colaboración y cuidado mutuo, en 1889 la Convención Nacional de Hobos estableció un código de ética, como una medida de protección y apoyo entre los hobos que no ha perdido nada de su poética vigencia: básicamente la forma en la que un hobo se comporta determinará el destino de los hobos que vengan después, al igual que cómo serán tratados por las comunidades donde pasen.

Sería sencillo en nuestros días banales y materialistas idealizar la pobreza (aunque en cierto sentido el catolicismo ha llevado dicha idealización hasta sus últimas consecuencias); en cambio, lo difícil es reconocer que a la par del surgimiento del capitalismo y la primera revolución industrial también tuvieron lugar movimientos de resistencia clandestina como el de los hobos, quienes debían vivir dentro de las reglas del empleo y el movimiento del capital (al igual que nosotros), pero sin perder de vista el sentido compasivo y colaborativo de la experiencia humana: el honor entre los miembros más vulnerables de la sociedad debería ser la medida ética de cualquier sociedad, de quienes los poderosos tienen mucho que aprender.

 

Código ético de los hobos

  1. Decide tu propia vida; no dejes que otra persona te dirija ni te domine.
  2. En una ciudad, siempre respeta las leyes y oficiales locales, y trata de ser un caballero en todo momento.
  3. No te aproveches de alguien que se encuentre en una situación vulnerable, sean locales u otros hobos.
  4. Siempre trata de conseguir empleo, así sea temporal, y siempre busca los trabajos que nadie más quiere. Al hacerlo, no sólo ayudas a un negocio, sino que te aseguras un empleo en caso de que vuelvas a esa ciudad.
  5. Cuando no exista empleo disponible, trabaja por tu cuenta utilizando tus talentos y oficios.
  6. No te conviertas en un borracho estúpido ni pongas un mal ejemplo para cómo los locales tratarán a otros hobos.
  7. Cuando acampes en un pueblo, respeta las limosnas, no te las acabes, podría venir otro hobo que las necesite tan desesperadamente como tú, si no es que más.
  8. Siempre respeta a la naturaleza, no dejes basura donde acampes.
  9. Si acampas en grupo, siempre ofrécete y ayuda.
  10. Trata de mantenerte limpio, y báñate siempre que sea posible.
  11. Al viajar, viaja en tu tren con respeto, no te pases de listo, no causes problemas a los operadores o trabajadores de las vías, actúa como otro miembro de la tripulación.
  12. No causes problemas en los patios de maniobras [de las estaciones de tren], otro hobo vendrá después y necesitará pasar a través de ese patio.
  13. No permitas que ningún hobo abuse de niños; denuncia a todos los abusadores a las autoridades… son la peor escoria que infecta cualquier sociedad.
  14. Ayuda a todos los niños que huyeron de casa, y trata de convencerlos de que vuelvan a ella.
  15. Ayuda a tus compañeros hobos siempre que sea necesario, tú podrías necesitar su ayuda algún día.

 

*Imágenes: Biblioteca del Congreso