Es momento de darle la razón a los maestros, padres, amigos o conocidos que no dejaron de decirte, a modo de imperativo, que “leer es bueno”. Estaban en lo cierto. Desde hace años, los estudios neurológicos han venido corroborando lo dicho por todas esas personas que te obligaban a soltar el juego de video y cambiarlo por un libro.

Natalie Philips coordinó a un grupo de neurocientifícos de Stanford para examinar con resonancia magnética los flujos sanguíneos que corren por el cerebro de una persona que lee pasajes de Mansfield Park, la novela de Jane Austen, tanto en una lectura sencilla como en una más concentrada.

Los resultados fueron inesperados. En ambos casos Philips observó un incremento en el flujo sanguíneo que excedía al nivel de “sólo trabajando y jugando”. Al leer de forma crítica, se exceden los niveles de tal forma que rebasan las regiones cerebrales encargadas de la identificación y solución de problemas.

En otras palabras, ambas lecturas resultan saludables en términos neurológicos, beneficiándonos con la expansión de nuestros horizontes, tanto literal como metafóricamente.

Es momento de darle la razón a los maestros, padres, amigos o conocidos que no dejaron de decirte, a modo de imperativo, que “leer es bueno”. Estaban en lo cierto. Desde hace años, los estudios neurológicos han venido corroborando lo dicho por todas esas personas que te obligaban a soltar el juego de video y cambiarlo por un libro.

Natalie Philips coordinó a un grupo de neurocientifícos de Stanford para examinar con resonancia magnética los flujos sanguíneos que corren por el cerebro de una persona que lee pasajes de Mansfield Park, la novela de Jane Austen, tanto en una lectura sencilla como en una más concentrada.

Los resultados fueron inesperados. En ambos casos Philips observó un incremento en el flujo sanguíneo que excedía al nivel de “sólo trabajando y jugando”. Al leer de forma crítica, se exceden los niveles de tal forma que rebasan las regiones cerebrales encargadas de la identificación y solución de problemas.

En otras palabras, ambas lecturas resultan saludables en términos neurológicos, beneficiándonos con la expansión de nuestros horizontes, tanto literal como metafóricamente.

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