A menudo vemos campañas de promoción de la lectura que pintan el acto de leer libros como una nueva forma de salud: buscan que los niños lean, que los ancianos lean o que la gente lea en el transporte público, aunque no siempre con fines muy claros.

Leer parece una actividad santificada, capaz de producir milagros en las personas. Claro, leer nos ayuda a relacionarnos con el escenario, a informarnos sobre hechos de actualidad o a aprender algo que no sabíamos; pero en esta ecuación, ¿para qué puede “servir” leer literatura o, más específicamente, libros como novelas, poesía o ensayos cuyo fin más claro parece ser el disfrute mismo del lenguaje?

Según un estudio publicado en la revista Science, leer ficción puede desarrollar la empatía y la inteligencia emocional. Desde el punto de vista de los autores del estudio, los psicólogos sociales Emanuele Castano y David Comer Kidd, la lectura por sí misma no es capaz de producir este milagro, sino la lectura de ficción literaria. ¿Te pone nervioso una entrevista de trabajo? Lee algunos cuentos de Chéjov. ¿Sientes que no te comunicas bien con tu novio? Tal vez unos minutos de César Aira ampliarán tus horizontes.

Estas conclusiones fueron desarrolladas luego de que los investigadores le pagaran algunos dólares a un grupo de voluntarios de entre 18 y 75 años para leer durante 3 minutos fragmentos de distintos libros: un grupo tenía fragmentos del novelista Don DeLillo, mientras otro leyó algo de non-fiction (ensayo de investigación), e incluso había un grupo de control que no leyó nada.

Después les dieron la tarea de resolver algunas pruebas computarizadas que buscan medir la capacidad de los sujetos para decodificar o empatizar con las emociones de otras personas en escenarios particulares. Se trata de estudiar fotografías de ojos y asignarles uno de cuatro posibles adjetivos que describan lo que los ojos están sintiendo.

Los investigadores encontraron que el grupo que leyó ficción literaria obtuvo mejores resultados interpretando los gestos de completos extraños en fotografías. Aunque algunos estudios previos demostraban que leer ficción podía hacer que la gente empatizara más fácilmente en el mundo “real”, este estudio demuestra además que la lectura en sí misma no produce este efecto, sino la lectura de literatura.

En un mundo cada vez más deshumanizado y más sujeto a la lógica del mercado, la lectura de ficción literaria es además una forma de mantener una imaginación viva y saludable, más allá de los beneficios que pueda tener para el cuerpo social a nivel de empatía e inteligencia emocional. Al leer la vida ficticia de personajes literarios no sólo nos asomamos a otras formas de ser y de sentir, sino que nos confrontamos con nuestros propios miedos y esperanzas. Es una forma de conocernos a nosotros mismos a través de la imaginación de los demás. Ya se ve que podríamos concluir que leer literatura es en sí misma su propia recompensa.

 

*Imagen: collage Jaen Madrid

A menudo vemos campañas de promoción de la lectura que pintan el acto de leer libros como una nueva forma de salud: buscan que los niños lean, que los ancianos lean o que la gente lea en el transporte público, aunque no siempre con fines muy claros.

Leer parece una actividad santificada, capaz de producir milagros en las personas. Claro, leer nos ayuda a relacionarnos con el escenario, a informarnos sobre hechos de actualidad o a aprender algo que no sabíamos; pero en esta ecuación, ¿para qué puede “servir” leer literatura o, más específicamente, libros como novelas, poesía o ensayos cuyo fin más claro parece ser el disfrute mismo del lenguaje?

Según un estudio publicado en la revista Science, leer ficción puede desarrollar la empatía y la inteligencia emocional. Desde el punto de vista de los autores del estudio, los psicólogos sociales Emanuele Castano y David Comer Kidd, la lectura por sí misma no es capaz de producir este milagro, sino la lectura de ficción literaria. ¿Te pone nervioso una entrevista de trabajo? Lee algunos cuentos de Chéjov. ¿Sientes que no te comunicas bien con tu novio? Tal vez unos minutos de César Aira ampliarán tus horizontes.

Estas conclusiones fueron desarrolladas luego de que los investigadores le pagaran algunos dólares a un grupo de voluntarios de entre 18 y 75 años para leer durante 3 minutos fragmentos de distintos libros: un grupo tenía fragmentos del novelista Don DeLillo, mientras otro leyó algo de non-fiction (ensayo de investigación), e incluso había un grupo de control que no leyó nada.

Después les dieron la tarea de resolver algunas pruebas computarizadas que buscan medir la capacidad de los sujetos para decodificar o empatizar con las emociones de otras personas en escenarios particulares. Se trata de estudiar fotografías de ojos y asignarles uno de cuatro posibles adjetivos que describan lo que los ojos están sintiendo.

Los investigadores encontraron que el grupo que leyó ficción literaria obtuvo mejores resultados interpretando los gestos de completos extraños en fotografías. Aunque algunos estudios previos demostraban que leer ficción podía hacer que la gente empatizara más fácilmente en el mundo “real”, este estudio demuestra además que la lectura en sí misma no produce este efecto, sino la lectura de literatura.

En un mundo cada vez más deshumanizado y más sujeto a la lógica del mercado, la lectura de ficción literaria es además una forma de mantener una imaginación viva y saludable, más allá de los beneficios que pueda tener para el cuerpo social a nivel de empatía e inteligencia emocional. Al leer la vida ficticia de personajes literarios no sólo nos asomamos a otras formas de ser y de sentir, sino que nos confrontamos con nuestros propios miedos y esperanzas. Es una forma de conocernos a nosotros mismos a través de la imaginación de los demás. Ya se ve que podríamos concluir que leer literatura es en sí misma su propia recompensa.

 

*Imagen: collage Jaen Madrid