Los jardines son sobre todo lugares hechos para errantes y para refugiados transitorios del frente urbano y nos rescatan sin importar si sus componentes son piedras, árboles, arena o, en este caso, pararrayos. El que presentamos a continuación es un jardín mítico sobre el desierto, y sus árboles son relámpagos.

Como todo lugar de sucesos fantásticos, este campo de relámpagos yace escondido tras su propio misterio. En palabras de su creador, Walter De Maria (pionero del land art y exbaterista de The Velvet Underground), la mejor manera de visitarlo es estando solo o en compañía de muy pocas personas. Así, el Lightning Field se sitúa en un paisaje sin rasgos a algunos kilómetros de la Divisoria Continental, disponiendo de la desorientación de sus visitantes para potenciar su enigmático designio.

LIghtening_Field

La instalación se compone de 400 pararrayos de acero inoxidable con puntas afiladas, cada una a 67.5 metros de la otra, formando una cuadrícula gigante extendida sobre la nada. Recorrer el perímetro del bosque metálico toma aproximadamente 2 horas y, dependiendo de dónde te encuentres y qué tan rápido vas, las varas aparecen y desaparecen de tu campo de visión, cambiando constantemente sus patrones y ritmos. La obra es tan grande que ocupa el paisaje como un ser viviente. Es una escultura que cobra vida como un espejismo y cambia de forma según te mueves de lugar. Si te acercas se pueden ver malvas de durazno, margaritas moradas y girasoles salvajes. Su fauna esta compuesta de millones de hormigas que han construido montañas y túneles entre las varas que se van iluminando con el paso del sol hasta que parece que irradian luz propia. Pero nada determina la estética del lugar como la siempre imponente tormenta eléctrica que sobreviene unas 60 veces al año, y que se puede presenciar a corta distancia desde una rústica cabaña de madera.

tumblr_m2fhmwOfRi1rntkg5o1_1280La fiereza, el portento, el destello, la inmediatez del relámpago se observan desde sillas de madera, completamente a salvo y quizá con una copa de vino en la mano. La experiencia natural más memorable que podríamos soñar presenciar en la vida se encuentra despierta en un jardín liquido de varas de metal. El Lightning Field, excitando a Zeus con 400 irresistibles instrumentos, nos deja atónitos y conmovidos con su espectáculo nocturno. Miles de rayos de colores ramificándose frente a ti, silenciosos como el desierto que los custodia, en una danza arborescente de fantasmas inmediatos de electricidad.

I sing the body electric, cantaba Walt Whitman rodeado y rodeándose de la humanidad cargada de luz. El relámpago es el más irresistible y abrumador de los fenómenos naturales, quizá por su carácter de eslabón entre el cielo y la tierra, quizá por su aproximación a lo más mágico del mundo sutil de lo luminoso, lo térmico, lo químico y lo atmosférico. Aquí tenemos la oportunidad de mostrar respeto y humildad ante tal descarga celeste de luz e iluminarnos, como diría Bob Dylan, con los fantasmas de la electricidad aullando en los huesos de nuestra cara.

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Los jardines son sobre todo lugares hechos para errantes y para refugiados transitorios del frente urbano y nos rescatan sin importar si sus componentes son piedras, árboles, arena o, en este caso, pararrayos. El que presentamos a continuación es un jardín mítico sobre el desierto, y sus árboles son relámpagos.

Como todo lugar de sucesos fantásticos, este campo de relámpagos yace escondido tras su propio misterio. En palabras de su creador, Walter De Maria (pionero del land art y exbaterista de The Velvet Underground), la mejor manera de visitarlo es estando solo o en compañía de muy pocas personas. Así, el Lightning Field se sitúa en un paisaje sin rasgos a algunos kilómetros de la Divisoria Continental, disponiendo de la desorientación de sus visitantes para potenciar su enigmático designio.

LIghtening_Field

La instalación se compone de 400 pararrayos de acero inoxidable con puntas afiladas, cada una a 67.5 metros de la otra, formando una cuadrícula gigante extendida sobre la nada. Recorrer el perímetro del bosque metálico toma aproximadamente 2 horas y, dependiendo de dónde te encuentres y qué tan rápido vas, las varas aparecen y desaparecen de tu campo de visión, cambiando constantemente sus patrones y ritmos. La obra es tan grande que ocupa el paisaje como un ser viviente. Es una escultura que cobra vida como un espejismo y cambia de forma según te mueves de lugar. Si te acercas se pueden ver malvas de durazno, margaritas moradas y girasoles salvajes. Su fauna esta compuesta de millones de hormigas que han construido montañas y túneles entre las varas que se van iluminando con el paso del sol hasta que parece que irradian luz propia. Pero nada determina la estética del lugar como la siempre imponente tormenta eléctrica que sobreviene unas 60 veces al año, y que se puede presenciar a corta distancia desde una rústica cabaña de madera.

tumblr_m2fhmwOfRi1rntkg5o1_1280La fiereza, el portento, el destello, la inmediatez del relámpago se observan desde sillas de madera, completamente a salvo y quizá con una copa de vino en la mano. La experiencia natural más memorable que podríamos soñar presenciar en la vida se encuentra despierta en un jardín liquido de varas de metal. El Lightning Field, excitando a Zeus con 400 irresistibles instrumentos, nos deja atónitos y conmovidos con su espectáculo nocturno. Miles de rayos de colores ramificándose frente a ti, silenciosos como el desierto que los custodia, en una danza arborescente de fantasmas inmediatos de electricidad.

I sing the body electric, cantaba Walt Whitman rodeado y rodeándose de la humanidad cargada de luz. El relámpago es el más irresistible y abrumador de los fenómenos naturales, quizá por su carácter de eslabón entre el cielo y la tierra, quizá por su aproximación a lo más mágico del mundo sutil de lo luminoso, lo térmico, lo químico y lo atmosférico. Aquí tenemos la oportunidad de mostrar respeto y humildad ante tal descarga celeste de luz e iluminarnos, como diría Bob Dylan, con los fantasmas de la electricidad aullando en los huesos de nuestra cara.

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