Desde la antigüedad ha existido la necesidad de entender y explicar cómo funcionan nuestros sentidos., Aristóteles, por ejemplo, reconoció su importancia, pero para él no existía mayor relación entre el cerebro y los procesos sensoriales que la de enfriar el aire y la sangre caliente proveniente del corazón.

No vamos a poner en discusión la idea aristotélica de los sentidos, sin embargo, podríamos afirmar que el gusto, la vista, el olfato, la audición y el tacto, nos permiten percibir, conocer, orientarnos en el mundo.

El sentido de la vista es probablemente el sentido más desarrollado por los seres humanos, seguido por la audición. La mayoría de las veces, a la pérdida de la vista suele asociarse una especie de claustrofobia y desorientación como la plasmada por José Saramago en su Ensayo sobre la ceguera.

Wim Wenders retoma esa idea en el documental Janela da alma, logrando un retrato afable sobre la ceguera, aludiendo al vínculo de la misma con la noción del espacio. Saber dónde se encuentran las cosas sin poder verlas es una de las tantas habilidades desarrolladas a causa de la ceguera.

El nexo entre la ceguera y la cartografía es más estrecho de lo que suele imaginarse. La ceguera suele acompañarse de una conciencia especial acerca de los espacios y, por otro lado, los mapas compuestos por líneas en relieve y puntos han sido utilizados casi al mismo tiempo que el sistema de lectura y escritura táctil de Braille.

En 1830 Samuel G. Howe, en el New England Institute for Education of the Blind, enseñó a niños a leer mapas con relieves, ellos rápidamente entendieron que, por ejemplo, las líneas torcidas se referían a la división política de los países y los puntos arrugados equivalían montañas, hasta que lograban ubicarse en el mapa.

La mayoría de esos niños fueron impulsados para enseñar a otros el uso de los mapas hasta que lograron diseñar el “Atlas of United States“, una edición con alrededor de 50 ejemplares, de los cuales 5 sobreviven hasta la fecha. El Atlas consiste en 24 mapas estatales acompañados de un texto explicativo acerca de la simbología utilizada en el mapa.

Las cartas de Howe desplazaron a los europeos, los cuales se caracterizaban por ser poco funcionales, caros y carentes de textos explicativos. En cambio, el “Atlas of United States” cuenta con información en relieve, facilitando su acceso a todo tipo de personas.

El Atlas entero se encuentra digitalizado y ha sido publicado por la David Rumsey Map Collection, una de las mayores colecciones cartográficas: más de 150,000 fantásticos mapas de todo el mundo. Sin duda, vale la pena hacer una visita al sitio web que alberga la colección, la cual es verdaderamente fabulosa ―y momentáneamente imaginar los mapas que tendríamos en nuestra mente si nos faltara el sentido de la vista.

Desde la antigüedad ha existido la necesidad de entender y explicar cómo funcionan nuestros sentidos., Aristóteles, por ejemplo, reconoció su importancia, pero para él no existía mayor relación entre el cerebro y los procesos sensoriales que la de enfriar el aire y la sangre caliente proveniente del corazón.

No vamos a poner en discusión la idea aristotélica de los sentidos, sin embargo, podríamos afirmar que el gusto, la vista, el olfato, la audición y el tacto, nos permiten percibir, conocer, orientarnos en el mundo.

El sentido de la vista es probablemente el sentido más desarrollado por los seres humanos, seguido por la audición. La mayoría de las veces, a la pérdida de la vista suele asociarse una especie de claustrofobia y desorientación como la plasmada por José Saramago en su Ensayo sobre la ceguera.

Wim Wenders retoma esa idea en el documental Janela da alma, logrando un retrato afable sobre la ceguera, aludiendo al vínculo de la misma con la noción del espacio. Saber dónde se encuentran las cosas sin poder verlas es una de las tantas habilidades desarrolladas a causa de la ceguera.

El nexo entre la ceguera y la cartografía es más estrecho de lo que suele imaginarse. La ceguera suele acompañarse de una conciencia especial acerca de los espacios y, por otro lado, los mapas compuestos por líneas en relieve y puntos han sido utilizados casi al mismo tiempo que el sistema de lectura y escritura táctil de Braille.

En 1830 Samuel G. Howe, en el New England Institute for Education of the Blind, enseñó a niños a leer mapas con relieves, ellos rápidamente entendieron que, por ejemplo, las líneas torcidas se referían a la división política de los países y los puntos arrugados equivalían montañas, hasta que lograban ubicarse en el mapa.

La mayoría de esos niños fueron impulsados para enseñar a otros el uso de los mapas hasta que lograron diseñar el “Atlas of United States“, una edición con alrededor de 50 ejemplares, de los cuales 5 sobreviven hasta la fecha. El Atlas consiste en 24 mapas estatales acompañados de un texto explicativo acerca de la simbología utilizada en el mapa.

Las cartas de Howe desplazaron a los europeos, los cuales se caracterizaban por ser poco funcionales, caros y carentes de textos explicativos. En cambio, el “Atlas of United States” cuenta con información en relieve, facilitando su acceso a todo tipo de personas.

El Atlas entero se encuentra digitalizado y ha sido publicado por la David Rumsey Map Collection, una de las mayores colecciones cartográficas: más de 150,000 fantásticos mapas de todo el mundo. Sin duda, vale la pena hacer una visita al sitio web que alberga la colección, la cual es verdaderamente fabulosa ―y momentáneamente imaginar los mapas que tendríamos en nuestra mente si nos faltara el sentido de la vista.

Etiquetado: , ,