El proyecto de Alex Zeigler en torno a la verdadera sustentabilidad se enfoca, a diferencia de muchos otros, en una perspectiva integral y no fraccionada, lo cual le coloca como algo realmente viable. Living Energy Farm, como se titula el proyecto, está construyendo una comunidad en Luisa County Virginia que es a su vez un centro educativo que demuestra que una vida satisfactoria es posible sin el uso de combustibles fósiles.

“Enverdecer nuestras paredes delgadas, habitar holgadamente nuestras mansiones, poner paneles solares en los techos y tener un automóvil híbrido en el garaje no detendrá la bala que tenemos apuntada hacia la próxima generación”, apunta Zeigler. “Puede hacernos sentir mejor por un tiempo. Pero a las leyes de física no les importan nuestros sentimientos”.

Una de las características destacadas de este proyecto es que está siendo construido de manera económica para que pueda ser fácilmente replicado por otros; como una maqueta modelo. Su proyecto se enfoca en comunidades, argumentando que la vida moderna avocada a vivir aislada y tener tecnologías como tostadores, calentadores de agua y hornos individuales que utilizan energía fósil es un grave problema para el futuro, ya que estos son recursos finitos. “No hemos aprendido a “alfabetizarnos” en otro tipo de tecnologías sustentables”, apunta.

El problema de la energía renovable, es que está dispersa e intermitente. […] Hay mucho sol, viento, madera y paja de trigo, pero las fuentes renovables no siempre están donde y cuando queremos usarlas. […] El uso cooperativo balancea las debilidades de la energía renovable.

Específicamente, construir un sistema solar de calefacción de agua que produzca y almacene agua caliente para una familia de tres en la economía actual costaría algunos miles de dólares. Construir un sistema solar de calentamiento de agua para una docena de personas constaría sólo una fracción más. He construido un gran número de estos sistemas, y las matemáticas realmente comienzan a hacer magia con el uso cooperativo. El costo del sistema es dividido entre más usuarios, y los ahorros se multiplican.

Energy Living Farm también construye hornos solares sencillos y económicos. Son simplemente cajas herméticas con cobertura de vidrio al frente y algunos reflectores que atraen un poco más de calor. Los hornos solares parabólicos son aún más simples. Si te imaginas un disco satelital con papel aluminio encima te darás una idea.

En pocas palabras, a lo que se dirige el enfoque de la granja es a recordarnos tajantemente que nuestro futuro a largo plazo será enteramente del biocombustible, ya que los combustibles fósiles son finitos, y encontrar la manera de combinar el pasado de la tecnología con el futuro biodinámico es la única imperante vía para la humanidad.

En LEF construyen edificios con calefacción solar; paredes gruesas de tierra que guardan frío y calor; tanques de tierra para almacenar energía (en lugar de baterías, por ejemplo); irrigación bombeada solarmente para enfriar las casas (aire acondicionado gratis), y todo ello sencillo y económico.

El crítico ingrediente final para un futuro sustentable es una ciencia de la cultura. O quizás solo debemos llamarlo alfabetización básica cultural. Cada ser humano escoge saber lo que quiere saber sobre su propia evolución cultural, y escoge no saber lo que no quiere saber. Podemos construir naves espaciales y computadoras, pero no tenemos idea de por qué los hombres dominan a las mujeres, por qué algunas sociedades humanas se han estratificado y otras no lo han hecho, por qué algunas sociedades humanas han sido sustentables y otras no. No lo sabemos porque hemos elegido no saberlo. Podríamos elegir saber. Podríamos elegir utilizar energía renovable en un contexto en el que realmente funcione. Podríamos elegir ser felices y vivir bien, en equidad razonable con otras personas del mundo.

El futuro, concluye Zeigler, demandará más que leer libros. Demandará ensuciarte las manos.

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El proyecto de Alex Zeigler en torno a la verdadera sustentabilidad se enfoca, a diferencia de muchos otros, en una perspectiva integral y no fraccionada, lo cual le coloca como algo realmente viable. Living Energy Farm, como se titula el proyecto, está construyendo una comunidad en Luisa County Virginia que es a su vez un centro educativo que demuestra que una vida satisfactoria es posible sin el uso de combustibles fósiles.

“Enverdecer nuestras paredes delgadas, habitar holgadamente nuestras mansiones, poner paneles solares en los techos y tener un automóvil híbrido en el garaje no detendrá la bala que tenemos apuntada hacia la próxima generación”, apunta Zeigler. “Puede hacernos sentir mejor por un tiempo. Pero a las leyes de física no les importan nuestros sentimientos”.

Una de las características destacadas de este proyecto es que está siendo construido de manera económica para que pueda ser fácilmente replicado por otros; como una maqueta modelo. Su proyecto se enfoca en comunidades, argumentando que la vida moderna avocada a vivir aislada y tener tecnologías como tostadores, calentadores de agua y hornos individuales que utilizan energía fósil es un grave problema para el futuro, ya que estos son recursos finitos. “No hemos aprendido a “alfabetizarnos” en otro tipo de tecnologías sustentables”, apunta.

El problema de la energía renovable, es que está dispersa e intermitente. […] Hay mucho sol, viento, madera y paja de trigo, pero las fuentes renovables no siempre están donde y cuando queremos usarlas. […] El uso cooperativo balancea las debilidades de la energía renovable.

Específicamente, construir un sistema solar de calefacción de agua que produzca y almacene agua caliente para una familia de tres en la economía actual costaría algunos miles de dólares. Construir un sistema solar de calentamiento de agua para una docena de personas constaría sólo una fracción más. He construido un gran número de estos sistemas, y las matemáticas realmente comienzan a hacer magia con el uso cooperativo. El costo del sistema es dividido entre más usuarios, y los ahorros se multiplican.

Energy Living Farm también construye hornos solares sencillos y económicos. Son simplemente cajas herméticas con cobertura de vidrio al frente y algunos reflectores que atraen un poco más de calor. Los hornos solares parabólicos son aún más simples. Si te imaginas un disco satelital con papel aluminio encima te darás una idea.

En pocas palabras, a lo que se dirige el enfoque de la granja es a recordarnos tajantemente que nuestro futuro a largo plazo será enteramente del biocombustible, ya que los combustibles fósiles son finitos, y encontrar la manera de combinar el pasado de la tecnología con el futuro biodinámico es la única imperante vía para la humanidad.

En LEF construyen edificios con calefacción solar; paredes gruesas de tierra que guardan frío y calor; tanques de tierra para almacenar energía (en lugar de baterías, por ejemplo); irrigación bombeada solarmente para enfriar las casas (aire acondicionado gratis), y todo ello sencillo y económico.

El crítico ingrediente final para un futuro sustentable es una ciencia de la cultura. O quizás solo debemos llamarlo alfabetización básica cultural. Cada ser humano escoge saber lo que quiere saber sobre su propia evolución cultural, y escoge no saber lo que no quiere saber. Podemos construir naves espaciales y computadoras, pero no tenemos idea de por qué los hombres dominan a las mujeres, por qué algunas sociedades humanas se han estratificado y otras no lo han hecho, por qué algunas sociedades humanas han sido sustentables y otras no. No lo sabemos porque hemos elegido no saberlo. Podríamos elegir saber. Podríamos elegir utilizar energía renovable en un contexto en el que realmente funcione. Podríamos elegir ser felices y vivir bien, en equidad razonable con otras personas del mundo.

El futuro, concluye Zeigler, demandará más que leer libros. Demandará ensuciarte las manos.

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