El arte tiene diversas cualidades “terapéuticas” que han sido ampliamente exploradas y estudiadas. En la medida en que es una expresión que surge del corazón mismo de la subjetividad, la actividad artística suele llevar al nivel de la conciencia elementos de nuestro interior que ignoramos pero que al mismo tiempo necesitan ser atendidos. Incluso cuando participamos sólo como espectadores –al leer, al mirar un cuadro, al asistir a un espectáculo artístico–, es posible experimentar esa conexión profunda entre zonas de nuestro ser que antes parecían alejadas entre sí.

Siguiendo este principio, un par de artistas finlandeses se encuentra desarrollando un proyecto que busca sanar mediante el arte una de las relaciones más deterioradas de la sociedad: aquella que existe entre las personas que viven en una prisión y los ciudadanos en libertad.

La iniciativa corre a cargo de Anastasia Artemeva y Sonny “Elinkautinen” Black (Sonny Nyman), ambos residentes en Helsinki. Artemeva es una artista multidisciplinaria con cierta inclinación por las instalaciones y Sonny “Elinkautinen” Black es un músico que pasó algunos años en la cárcel. Cada uno, por su parte, tuvo la idea de usar el arte como un vínculo entre reos y personas en libertad, pero que funcionara no sólo en una vía, como a veces sucede en este tipo de proyectos, sino como un circuito de intercambio auténtico, en donde tanto las personas encarceladas como las personas libres pudieran conocer las circunstancias de cada una y reflexionar al respecto.

En Let It Out, por ejemplo, los artistas reunieron a reos y personas comunes para que participaran juntos en taller artístico. Como el nombre lo indica, el objetivo era “dejar salir” no sólo en alusión a las personas que viven en prisión sino sobre todo a aquello que vive en todo ser humano y que por distintas razones aprendemos a reprimir, a encarcelar dentro de nosotros mismos. Sin embargo, a través de actividades como la poesía, la pintura o la música nos damos cuenta de que no hay razón real para contener nuestra propia subjetividad, lo más auténtico de nosotros mismos; descubrimos también que al hacerlo nos conectamos de una manera mucho más sincera con otras personas a quienes es posible percibir en su dimensión real, más allá de lo que aparentan, y descubrir así aquello que tienen de propio e inigualable.

Este es sólo un ejemplo de un proyecto más amplio que hasta ahora ha realizado otras actividades, siempre con el objetivo de hacer emerger esos elementos de la relación entre una sociedad y sus presos que, como sabemos, suele estar nublada por prejuicios de todo tipo.

Pero como vemos, pocas actividades como el arte para despejar dicho vínculo y mostrar a unos y a otros, presos y personas libres, como aquello que en el fondo somos todos: seres humanos.

Imagen: Barnellbe – Creative Commons

El arte tiene diversas cualidades “terapéuticas” que han sido ampliamente exploradas y estudiadas. En la medida en que es una expresión que surge del corazón mismo de la subjetividad, la actividad artística suele llevar al nivel de la conciencia elementos de nuestro interior que ignoramos pero que al mismo tiempo necesitan ser atendidos. Incluso cuando participamos sólo como espectadores –al leer, al mirar un cuadro, al asistir a un espectáculo artístico–, es posible experimentar esa conexión profunda entre zonas de nuestro ser que antes parecían alejadas entre sí.

Siguiendo este principio, un par de artistas finlandeses se encuentra desarrollando un proyecto que busca sanar mediante el arte una de las relaciones más deterioradas de la sociedad: aquella que existe entre las personas que viven en una prisión y los ciudadanos en libertad.

La iniciativa corre a cargo de Anastasia Artemeva y Sonny “Elinkautinen” Black (Sonny Nyman), ambos residentes en Helsinki. Artemeva es una artista multidisciplinaria con cierta inclinación por las instalaciones y Sonny “Elinkautinen” Black es un músico que pasó algunos años en la cárcel. Cada uno, por su parte, tuvo la idea de usar el arte como un vínculo entre reos y personas en libertad, pero que funcionara no sólo en una vía, como a veces sucede en este tipo de proyectos, sino como un circuito de intercambio auténtico, en donde tanto las personas encarceladas como las personas libres pudieran conocer las circunstancias de cada una y reflexionar al respecto.

En Let It Out, por ejemplo, los artistas reunieron a reos y personas comunes para que participaran juntos en taller artístico. Como el nombre lo indica, el objetivo era “dejar salir” no sólo en alusión a las personas que viven en prisión sino sobre todo a aquello que vive en todo ser humano y que por distintas razones aprendemos a reprimir, a encarcelar dentro de nosotros mismos. Sin embargo, a través de actividades como la poesía, la pintura o la música nos damos cuenta de que no hay razón real para contener nuestra propia subjetividad, lo más auténtico de nosotros mismos; descubrimos también que al hacerlo nos conectamos de una manera mucho más sincera con otras personas a quienes es posible percibir en su dimensión real, más allá de lo que aparentan, y descubrir así aquello que tienen de propio e inigualable.

Este es sólo un ejemplo de un proyecto más amplio que hasta ahora ha realizado otras actividades, siempre con el objetivo de hacer emerger esos elementos de la relación entre una sociedad y sus presos que, como sabemos, suele estar nublada por prejuicios de todo tipo.

Pero como vemos, pocas actividades como el arte para despejar dicho vínculo y mostrar a unos y a otros, presos y personas libres, como aquello que en el fondo somos todos: seres humanos.

Imagen: Barnellbe – Creative Commons