Alberto Durero pertenece a la primera generación de artistas después de la Edad Media que decidieron acercarse a los animales para observarlos y retratarlos de manera realista. Cada uno de los animales de Durero es un personaje singular, un individuo. Sus escarabajos, búhos, leones, guacamayas, cigüeñas, ardillas y perros, son retratos de un estudio cuidadoso y detallado.

Aunque en su época ya existía un conocimiento mayor de los animales de Asia y África, y muchos habían sido llevados a Europa, seguía siendo más fácil conocer a los animales mediante descripciones o ilustraciones. Muchas veces convivían en el imaginario animales existentes con otros fantásticos, como los unicornios o las sirenas, y a veces éstos y los otros se mezclaban.

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De los muchos animales que retrató Durero el más popular es quizás el menos realista. Durero nunca en su vida vio un rinoceronte. Su famoso grabado parte de la descripción que realizó un artista portugués que vio a un rinoceronte en una exhibición en Lisboa. El rinoceronte de Durero sorprende por ser al mismo tiempo muy parecido a un rinoceronte real, y por otro lado una especie de ser fantástico. Está cubierto de algo3273683260_c0e32d92c1 similar a una armadura, hecha de un material que se asemeja a la piedra, y tiene un cuerno en la espalda que podría provenir de una analogía con el unicornio. Sus patas están cubiertas de escamas reptilianas, pero el animal entero más bien parece un monstruo marino. El grabado del rinoceronte fue tan impactante, que durante mucho tiempo se reprodujo como una imagen fiel y se consideró el modelo irrebatible de todos los rinocerontes. Se copió e imprimió en grabados, en bronce, en mármol, en puertas y porcelana, y hasta finales del siglo XVIII siguió percibiéndose como una imagen realista.

La fascinación de Durero por los animales era tal, que cerca del fin de su vida escuchó que en algún lugar de la costa de los Países Bajos había una ballena encallada y decidió embarcarse para ir a verla. En el viaje contrajo una malaria de la que nunca se recuperó y que lo llevó a su muerte.

Chesterton decía que cuando los niños leen acerca de árboles encantados no vuelven a ver de la misma forma a los árboles comunes. Las representaciones de Durero reinventaron la forma en la que los humanos ven a los animales. En sus grabados es palpable el respeto y la admiración. Y son contagiosos. Por eso los rinocerontes nunca serán los mismos después de Durero.

Alberto Durero pertenece a la primera generación de artistas después de la Edad Media que decidieron acercarse a los animales para observarlos y retratarlos de manera realista. Cada uno de los animales de Durero es un personaje singular, un individuo. Sus escarabajos, búhos, leones, guacamayas, cigüeñas, ardillas y perros, son retratos de un estudio cuidadoso y detallado.

Aunque en su época ya existía un conocimiento mayor de los animales de Asia y África, y muchos habían sido llevados a Europa, seguía siendo más fácil conocer a los animales mediante descripciones o ilustraciones. Muchas veces convivían en el imaginario animales existentes con otros fantásticos, como los unicornios o las sirenas, y a veces éstos y los otros se mezclaban.

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De los muchos animales que retrató Durero el más popular es quizás el menos realista. Durero nunca en su vida vio un rinoceronte. Su famoso grabado parte de la descripción que realizó un artista portugués que vio a un rinoceronte en una exhibición en Lisboa. El rinoceronte de Durero sorprende por ser al mismo tiempo muy parecido a un rinoceronte real, y por otro lado una especie de ser fantástico. Está cubierto de algo3273683260_c0e32d92c1 similar a una armadura, hecha de un material que se asemeja a la piedra, y tiene un cuerno en la espalda que podría provenir de una analogía con el unicornio. Sus patas están cubiertas de escamas reptilianas, pero el animal entero más bien parece un monstruo marino. El grabado del rinoceronte fue tan impactante, que durante mucho tiempo se reprodujo como una imagen fiel y se consideró el modelo irrebatible de todos los rinocerontes. Se copió e imprimió en grabados, en bronce, en mármol, en puertas y porcelana, y hasta finales del siglo XVIII siguió percibiéndose como una imagen realista.

La fascinación de Durero por los animales era tal, que cerca del fin de su vida escuchó que en algún lugar de la costa de los Países Bajos había una ballena encallada y decidió embarcarse para ir a verla. En el viaje contrajo una malaria de la que nunca se recuperó y que lo llevó a su muerte.

Chesterton decía que cuando los niños leen acerca de árboles encantados no vuelven a ver de la misma forma a los árboles comunes. Las representaciones de Durero reinventaron la forma en la que los humanos ven a los animales. En sus grabados es palpable el respeto y la admiración. Y son contagiosos. Por eso los rinocerontes nunca serán los mismos después de Durero.

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