Además de su metafísica belleza, la alquimia fue el antecedente de la química moderna. Durante la Edad Media, su práctica llevó al descubrimiento de un gran número de sustancias, sus propiedades y comportamiento, información que nos es útil hasta el día de hoy. Más allá de su búsqueda por convertir metales en oro o por destilar un elixir de la vida eterna, esta disciplina también tuvo logros que podríamos considerar más modestos pero no menos importantes, esos que fueron consecuencia de sus experimentos y de entre los que figura la síntesis de pigmentos que se utilizaron en los bellísimos manuscritos iluminados.

Para producir los colores que iluminaban estos libros, los pigmentos frecuentemente se extraían de elementos que presentaban el tono deseado (como minerales y sales, por ejemplo) que se pulverizaban y luego se mezclaban con alguna sustancia que funcionaba como pegamento o aglutinante. Pero muchos de los pigmentos más brillantes no venían de la naturaleza de manera directa, sino que resultaron de mezclas y procesos alquímicos que se perfeccionaron mediante ensayos de prueba y error.

Así, los alquimistas medievales —cuya disciplina incluía también la filosofía, las astrología y la medicina— exploraron la naturaleza de las sustancias, sus mezclas y los resultados de sus combinaciones dieron como resultados hermosos pigmentos que aún brillan en muchos manuscritos iluminados. Uno de los tonos más usados, el dorado, resultó de la combinación de estaño y azufre, por ejemplo; el verdigris provenía de la exposición del cobre al vapor del vinagre, vino e incluso de orina; y el bermellón, un rojo intenso, resultó de una mezcla de azufre y mercurio.

alquimia1 
Quizá la alquimia no logró transformar el plomo en oro y los alquimistas nunca encontraron un elixir para la inmortalidad (hasta donde sabemos), pero su práctica nos regaló algunas de las ilustraciones más hermosas del mundo, una estética llena de magia y símbolos, y muchos conocimientos que insospechadamente aún iluminan algunos de los libros ilustrados más valiosos del mundo, algo que sin duda podríamos reconocer como un pequeño milagro.

En este video, realizado por el Getty Museum para acompañar su exhibición “The Alchemy of Color in Medieval Manuscripts”, se explica brevemente cómo fue que los alquimistas lograron crear sus pigmentos, las razones por las que éstos han logrado sobrevivir al tiempo y cómo éste los ha transformado.

 

 

 Imágenes: 1) Public Domain 2) British Library, Public Domain

Además de su metafísica belleza, la alquimia fue el antecedente de la química moderna. Durante la Edad Media, su práctica llevó al descubrimiento de un gran número de sustancias, sus propiedades y comportamiento, información que nos es útil hasta el día de hoy. Más allá de su búsqueda por convertir metales en oro o por destilar un elixir de la vida eterna, esta disciplina también tuvo logros que podríamos considerar más modestos pero no menos importantes, esos que fueron consecuencia de sus experimentos y de entre los que figura la síntesis de pigmentos que se utilizaron en los bellísimos manuscritos iluminados.

Para producir los colores que iluminaban estos libros, los pigmentos frecuentemente se extraían de elementos que presentaban el tono deseado (como minerales y sales, por ejemplo) que se pulverizaban y luego se mezclaban con alguna sustancia que funcionaba como pegamento o aglutinante. Pero muchos de los pigmentos más brillantes no venían de la naturaleza de manera directa, sino que resultaron de mezclas y procesos alquímicos que se perfeccionaron mediante ensayos de prueba y error.

Así, los alquimistas medievales —cuya disciplina incluía también la filosofía, las astrología y la medicina— exploraron la naturaleza de las sustancias, sus mezclas y los resultados de sus combinaciones dieron como resultados hermosos pigmentos que aún brillan en muchos manuscritos iluminados. Uno de los tonos más usados, el dorado, resultó de la combinación de estaño y azufre, por ejemplo; el verdigris provenía de la exposición del cobre al vapor del vinagre, vino e incluso de orina; y el bermellón, un rojo intenso, resultó de una mezcla de azufre y mercurio.

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Quizá la alquimia no logró transformar el plomo en oro y los alquimistas nunca encontraron un elixir para la inmortalidad (hasta donde sabemos), pero su práctica nos regaló algunas de las ilustraciones más hermosas del mundo, una estética llena de magia y símbolos, y muchos conocimientos que insospechadamente aún iluminan algunos de los libros ilustrados más valiosos del mundo, algo que sin duda podríamos reconocer como un pequeño milagro.

En este video, realizado por el Getty Museum para acompañar su exhibición “The Alchemy of Color in Medieval Manuscripts”, se explica brevemente cómo fue que los alquimistas lograron crear sus pigmentos, las razones por las que éstos han logrado sobrevivir al tiempo y cómo éste los ha transformado.

 

 

 Imágenes: 1) Public Domain 2) British Library, Public Domain