El color es uno de los ingredientes más intrigantes de nuestra realidad. Su naturaleza es en esencia paradójica, ya que por un lado permea la existencia de forma evidente, siendo una de las cualidades más llamativas de la materia, y por otro es completamente relativo e incluso hay quienes lo condenan a la inexistencia. De hecho, en rigor el color es una propiedad de la luz y no de la materia.

Tomando en cuenta lo anterior podríamos considerar al color como una rara alhaja de la realidad perceptible, premisa que se intensifica en la medida en que nos sumergimos en la región más excéntrica de la paleta de colores.

Harvard2

Existe un lugar dentro de la Universidad de Harvard llamado Straus Center for Conservation and Technical Studies, el cual aloja un gran acervo de pigmentos, incluidos algunos de los colores más extravagantes del mundo. El radiante archivo se creó a partir de la Colección Forbes de Pigmentos, producto de la recolección durante más de 3 décadas que hizo Edward Forbes, por cierto considerado el pionero de los protocolos de conservación de obras artísticas. Posteriormente han ido agregándose distintos pigmentos inexistentes en la época de Forbes y que rematan la irisada gama.

Pigment Collection Pigment Collection

¿Puedes imaginar miles de frascos de cristal que presumen, cada uno, el respectivo pigmento que salvaguardan, ordenados meticulosamente y que atesoran extraños diálogos entre luz y materia? Este acervo podría considerarse la más exhaustiva paleta de colores jamás compilada por el hombre. Aquí podemos tener un encuentro con el morado “mauve”, cuyo tono resulta de la secreción de un caracol marino, el bolinus brandaris; el profundo “azul ultramarino”, que replica sintéticamente el tono propio del lapislázuli (anteriormente obtenido al obtenido al moler, literalmente, momias egipcias, y que fue una cotizada rareza del siglo XVIII).

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El color es uno de los ingredientes más intrigantes de nuestra realidad. Su naturaleza es en esencia paradójica, ya que por un lado permea la existencia de forma evidente, siendo una de las cualidades más llamativas de la materia, y por otro es completamente relativo e incluso hay quienes lo condenan a la inexistencia. De hecho, en rigor el color es una propiedad de la luz y no de la materia.

Tomando en cuenta lo anterior podríamos considerar al color como una rara alhaja de la realidad perceptible, premisa que se intensifica en la medida en que nos sumergimos en la región más excéntrica de la paleta de colores.

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Existe un lugar dentro de la Universidad de Harvard llamado Straus Center for Conservation and Technical Studies, el cual aloja un gran acervo de pigmentos, incluidos algunos de los colores más extravagantes del mundo. El radiante archivo se creó a partir de la Colección Forbes de Pigmentos, producto de la recolección durante más de 3 décadas que hizo Edward Forbes, por cierto considerado el pionero de los protocolos de conservación de obras artísticas. Posteriormente han ido agregándose distintos pigmentos inexistentes en la época de Forbes y que rematan la irisada gama.

Pigment Collection Pigment Collection

¿Puedes imaginar miles de frascos de cristal que presumen, cada uno, el respectivo pigmento que salvaguardan, ordenados meticulosamente y que atesoran extraños diálogos entre luz y materia? Este acervo podría considerarse la más exhaustiva paleta de colores jamás compilada por el hombre. Aquí podemos tener un encuentro con el morado “mauve”, cuyo tono resulta de la secreción de un caracol marino, el bolinus brandaris; el profundo “azul ultramarino”, que replica sintéticamente el tono propio del lapislázuli (anteriormente obtenido al obtenido al moler, literalmente, momias egipcias, y que fue una cotizada rareza del siglo XVIII).

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