Por siglos, el Mardi Gras y su extravagante espíritu han definido la ciudad de Nueva Orleáns. Uno de los elementos más representativos de su era dorada (mediados y finales del siglo XIX) fueron los carros alegóricos, disfraces y la estética en general que acompañaban la celebración de este carnaval —creaciones de artistas hoy virtualmente desconocidos, cuyo genio e imaginación llegó a lugares inesperados y merece un lugar en la historia del arte hoy conocido como “carnavalesco”.

Esta festividad fue llevada a tierras americanas por los franceses durante la conquista de Louisiana a finales del siglo XVII y se celebra, hasta el día de hoy, en los días previos a la Semana Santa. Una de las tradiciones del carnaval de Nueva Orleáns y el día de su culminación, el Mardi Gras (el martes previo al Miércoles de ceniza), fue el surgimiento de Krewes o cofradías, en el siglo XIX: grupos que organizaban eventos específicos durante estos días. Cada Krewe, en cada carnaval, desarrollaba una identidad propia que generalmente giraba en torno a una temática inspirada en la mitología, la literatura, la religión o la historia, y que tocaba no solamente los trajes de los participantes o los carros alegóricos (jalados por caballos), llegaba incluso a sus invitaciones o detalles mínimos como los abanicos que la gente usaba durante su presentación.

La ciudad de Nueva Orleáns, entonces, desarrolló una estética que giraba en torno a lo carnavalesco en su esquema más tradicional, con algunos elementos de las corrientes artísticas de finales del siglo XIX (como el Art Nouveau), siempre tocada por la fascinación propia de la era por el Oriente y los reinos de la fantasía. Hasta inicios del siglo XX, la Krewes más famosas del carnaval de Nueva Orleáns eran Rex, Comus, Proteus y Momus, y cada una de ellas tenían sus artistas preferidos, nombres que hoy prácticamente nadie conoce, pero que entonces fueron celebrados y dueños de un estilo como ninguno otro. Algunos de ellos fueron Jennie Wilde, Charles Briton, Carlotta Bonnecaze y uno de los más admirados de su era, el sueco Bror Anders Wikstrom, además de otros que de manera anónima sentaron las bases para este estilo lleno de belleza, exotismo y, por supuesto, excesos.

Uno de los registros más completos que existen hoy del trabajo de estos artistas, es la Carnival Collection, parte de la colección del departamento de investigación de Louisiana, en la Universidad de Tulane, donde se han digitalizado alrededor de 5,500 bocetos de disfraces, carros alegóricos o guías de inspiración que suponen un delicioso viaje por la historia de esta festividad. Muchos de estos dibujos —hechos con tinta y acuarela— fueron pensados como manuales desechables para la producción de los trajes y carros, algunos de ellos, incluso, tienen orificios que dejan ver que fueron pegados a la pared en los talleres. Los registros fotográficos de la época demuestran que los ambiciosos manuales, por supuesto, resultaban en cosas totalmente distintas al ser transportados a la realidad. Pero los dibujos, su intención, ostentan una magia que aún hoy es sorprendente.

Una demostración de imaginación y exuberancia visual, estas piezas sobreviven como testigos de talentos casi olvidados, creadores de un arte que nos recuerda un camino para traer la fantasía de vuelta a la realidad.

Vía: Public Domain Review

 

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​Diseño de Carlotta Bonnecaze para el tema “Dumb Society”, Krewe de Proteus, 1896.

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​Diseño de Bror Anders Wikstrom para el tema “Alphabet”, Krewe de Proteus, 1904.

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Diseño de  Jennie Wilde para el tema “Familiar Quotations”, Mistick Krewe de Comus, 1911.

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​Diseño de Carlotta Bonnecaze para el tema “Visions of Other Worlds”, Krewe de Proteus, 1886​.

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​Disfraz de maíz, diseño de Charles Briton para el tema “Missing Links”, Mistick Krewe de Comus, 1873.

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​Disfraz de maíz, diseño de Charles Briton para el tema “Missing Links”, Mistick Krewe de Comus, 1873.

 

 

 

Imágenes: Public Domain Review

Por siglos, el Mardi Gras y su extravagante espíritu han definido la ciudad de Nueva Orleáns. Uno de los elementos más representativos de su era dorada (mediados y finales del siglo XIX) fueron los carros alegóricos, disfraces y la estética en general que acompañaban la celebración de este carnaval —creaciones de artistas hoy virtualmente desconocidos, cuyo genio e imaginación llegó a lugares inesperados y merece un lugar en la historia del arte hoy conocido como “carnavalesco”.

Esta festividad fue llevada a tierras americanas por los franceses durante la conquista de Louisiana a finales del siglo XVII y se celebra, hasta el día de hoy, en los días previos a la Semana Santa. Una de las tradiciones del carnaval de Nueva Orleáns y el día de su culminación, el Mardi Gras (el martes previo al Miércoles de ceniza), fue el surgimiento de Krewes o cofradías, en el siglo XIX: grupos que organizaban eventos específicos durante estos días. Cada Krewe, en cada carnaval, desarrollaba una identidad propia que generalmente giraba en torno a una temática inspirada en la mitología, la literatura, la religión o la historia, y que tocaba no solamente los trajes de los participantes o los carros alegóricos (jalados por caballos), llegaba incluso a sus invitaciones o detalles mínimos como los abanicos que la gente usaba durante su presentación.

La ciudad de Nueva Orleáns, entonces, desarrolló una estética que giraba en torno a lo carnavalesco en su esquema más tradicional, con algunos elementos de las corrientes artísticas de finales del siglo XIX (como el Art Nouveau), siempre tocada por la fascinación propia de la era por el Oriente y los reinos de la fantasía. Hasta inicios del siglo XX, la Krewes más famosas del carnaval de Nueva Orleáns eran Rex, Comus, Proteus y Momus, y cada una de ellas tenían sus artistas preferidos, nombres que hoy prácticamente nadie conoce, pero que entonces fueron celebrados y dueños de un estilo como ninguno otro. Algunos de ellos fueron Jennie Wilde, Charles Briton, Carlotta Bonnecaze y uno de los más admirados de su era, el sueco Bror Anders Wikstrom, además de otros que de manera anónima sentaron las bases para este estilo lleno de belleza, exotismo y, por supuesto, excesos.

Uno de los registros más completos que existen hoy del trabajo de estos artistas, es la Carnival Collection, parte de la colección del departamento de investigación de Louisiana, en la Universidad de Tulane, donde se han digitalizado alrededor de 5,500 bocetos de disfraces, carros alegóricos o guías de inspiración que suponen un delicioso viaje por la historia de esta festividad. Muchos de estos dibujos —hechos con tinta y acuarela— fueron pensados como manuales desechables para la producción de los trajes y carros, algunos de ellos, incluso, tienen orificios que dejan ver que fueron pegados a la pared en los talleres. Los registros fotográficos de la época demuestran que los ambiciosos manuales, por supuesto, resultaban en cosas totalmente distintas al ser transportados a la realidad. Pero los dibujos, su intención, ostentan una magia que aún hoy es sorprendente.

Una demostración de imaginación y exuberancia visual, estas piezas sobreviven como testigos de talentos casi olvidados, creadores de un arte que nos recuerda un camino para traer la fantasía de vuelta a la realidad.

Vía: Public Domain Review

 

mardigrass_1

​Diseño de Carlotta Bonnecaze para el tema “Dumb Society”, Krewe de Proteus, 1896.

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​Diseño de Bror Anders Wikstrom para el tema “Alphabet”, Krewe de Proteus, 1904.

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Diseño de  Jennie Wilde para el tema “Familiar Quotations”, Mistick Krewe de Comus, 1911.

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​Diseño de Carlotta Bonnecaze para el tema “Visions of Other Worlds”, Krewe de Proteus, 1886​.

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​Disfraz de maíz, diseño de Charles Briton para el tema “Missing Links”, Mistick Krewe de Comus, 1873.

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​Disfraz de maíz, diseño de Charles Briton para el tema “Missing Links”, Mistick Krewe de Comus, 1873.

 

 

 

Imágenes: Public Domain Review