Hay palabras en el lenguaje que recrean las cosas del mundo de manera tan vívida, pero sobre todo tan visual, como la impresión que originalmente deja en el “ánimo” el objeto ausente. Pero hay palabras que incluso aguzan ese objeto ausente, sacándole filo a su naturaleza física. Estas palabras son escazas y, dentro de la zoología del lenguaje, son animales ficticios. Los nombres de los colores son un magnífico ejemplo: palabras tan seductoras que “ponen a la vista” el color referido con una minuciosa corona en la frente.

Albayalde, ultramarino, color de malva, bermellón, púrpura de Tiro: nombres que en sí son detalles de un nombre más grande o más “comprehensivo”. Porque si ya las palabras que dan nombre a los colores primarios tienen vocación de espejo (y son científicamente sensuales), aquellas que nombran a los colores más complejos, más elaborados, son espejos privilegiados que pintan ante nuestros ojos toda una sección de la historia del arte. Averiguar de dónde vienen algunos de ellos es tan delicioso como pronunciarlos. ¿De dónde vienen los Lirios de Van Gogh o los tonos de Turner en Modern Rome?

El libro The Brilliant History of Color in Art, de Victoria Finlay, hace una hermosa disertación sobre la historia y proveniencia de los colores más únicos emblemáticos del arte. Estos son algunos de ellos:

.

Albayalde:

En el siglo XVIII en Londres se utilizaba un maquillaje blanco que consistía de plomo que daba a las mujeres una apariencia “endeble”. Era extremadamente tóxico, y eventualmente derivó en enfermedades mentales y físicas. El proceso de hacer este pigmento es igualmente perturbador: los trabajadores apilaban cubetas llenas de vinagre y plomo una arriba de la otra y las tapaban por meses con estiércol. Este método luego transformaría el acetato de plomo en carbonato básico de plomo, y, con el tiempo, crearía hojuelas de albayalde. El color puede verse en muchas pinturas holandesas y francesas del siglo XVII: el pigmento daba un halo etéreo o un sentimiento lumínico a los rostros de las mujeres. (Véase: Atala en la tumba, 1808, Anne-Louis Girodet de Roussy.)

Amarillo cromado:

Los colores cromados, creados cuando el cromo interactúa con ácido y álcali, se usaban en el siglo XIX y principios del XX para adornar carteles y señales de tránsito. Al verlos en todas partes en su ciudad, Vincent van Gogh se infatuó con ellos y comenzó a utilizar amarillos inducidos por ácido y anaranjados inducidos por álcali para contrastar sus Lirios. Un hecho inquietante es que, en uno de sus ataques psicóticos lo encontraron con un tubo de amarillo cromado en la boca (el amarillo cromado está lleno de plomo). (Véase: Lirios, Vincent van Gogh, 1889.)

Azul patente:

Los hermanos Lumiere, Auguste y Louis, son los responsables del azul patente. Usando granulados de almidón de papa, crearon algunos de los primeros filtros de color usados en Autocromo a finales del siglo XIX. Los filtros necesitaban estar extremadamente saturados para no difuminarse durante la exposición, y los resultados fueron azul patente (usado en azul Curaçao), tartracina (amarillo), y rosa bengala (rosa). (Véase: Emir de Bukhara, Sergey Prokudin-Gorsky, 1911.)

Púrpura de Tiro:

Cuando los romanos conquistaron a los griegos importaron toneladas de pigmentos y pinturas a Roma. Su preferido fue un pigmento hecho de enzimas maceradas y pequeñas conchas marinas que se convirtió en alta moda y en base del arte: el púrpura. Por un tiempo, este tipo de púrpura estaba reservado sólo a los gobernantes romanos y a la clase alta. “Tiro” viene de la ciudad romana de Tiro, localizada en lo que hoy es Líbano. (Véase: Retrato grabado de Aureliano, anónimo, c. 260-280.)

.

Hay palabras en el lenguaje que recrean las cosas del mundo de manera tan vívida, pero sobre todo tan visual, como la impresión que originalmente deja en el “ánimo” el objeto ausente. Pero hay palabras que incluso aguzan ese objeto ausente, sacándole filo a su naturaleza física. Estas palabras son escazas y, dentro de la zoología del lenguaje, son animales ficticios. Los nombres de los colores son un magnífico ejemplo: palabras tan seductoras que “ponen a la vista” el color referido con una minuciosa corona en la frente.

Albayalde, ultramarino, color de malva, bermellón, púrpura de Tiro: nombres que en sí son detalles de un nombre más grande o más “comprehensivo”. Porque si ya las palabras que dan nombre a los colores primarios tienen vocación de espejo (y son científicamente sensuales), aquellas que nombran a los colores más complejos, más elaborados, son espejos privilegiados que pintan ante nuestros ojos toda una sección de la historia del arte. Averiguar de dónde vienen algunos de ellos es tan delicioso como pronunciarlos. ¿De dónde vienen los Lirios de Van Gogh o los tonos de Turner en Modern Rome?

El libro The Brilliant History of Color in Art, de Victoria Finlay, hace una hermosa disertación sobre la historia y proveniencia de los colores más únicos emblemáticos del arte. Estos son algunos de ellos:

.

Albayalde:

En el siglo XVIII en Londres se utilizaba un maquillaje blanco que consistía de plomo que daba a las mujeres una apariencia “endeble”. Era extremadamente tóxico, y eventualmente derivó en enfermedades mentales y físicas. El proceso de hacer este pigmento es igualmente perturbador: los trabajadores apilaban cubetas llenas de vinagre y plomo una arriba de la otra y las tapaban por meses con estiércol. Este método luego transformaría el acetato de plomo en carbonato básico de plomo, y, con el tiempo, crearía hojuelas de albayalde. El color puede verse en muchas pinturas holandesas y francesas del siglo XVII: el pigmento daba un halo etéreo o un sentimiento lumínico a los rostros de las mujeres. (Véase: Atala en la tumba, 1808, Anne-Louis Girodet de Roussy.)

Amarillo cromado:

Los colores cromados, creados cuando el cromo interactúa con ácido y álcali, se usaban en el siglo XIX y principios del XX para adornar carteles y señales de tránsito. Al verlos en todas partes en su ciudad, Vincent van Gogh se infatuó con ellos y comenzó a utilizar amarillos inducidos por ácido y anaranjados inducidos por álcali para contrastar sus Lirios. Un hecho inquietante es que, en uno de sus ataques psicóticos lo encontraron con un tubo de amarillo cromado en la boca (el amarillo cromado está lleno de plomo). (Véase: Lirios, Vincent van Gogh, 1889.)

Azul patente:

Los hermanos Lumiere, Auguste y Louis, son los responsables del azul patente. Usando granulados de almidón de papa, crearon algunos de los primeros filtros de color usados en Autocromo a finales del siglo XIX. Los filtros necesitaban estar extremadamente saturados para no difuminarse durante la exposición, y los resultados fueron azul patente (usado en azul Curaçao), tartracina (amarillo), y rosa bengala (rosa). (Véase: Emir de Bukhara, Sergey Prokudin-Gorsky, 1911.)

Púrpura de Tiro:

Cuando los romanos conquistaron a los griegos importaron toneladas de pigmentos y pinturas a Roma. Su preferido fue un pigmento hecho de enzimas maceradas y pequeñas conchas marinas que se convirtió en alta moda y en base del arte: el púrpura. Por un tiempo, este tipo de púrpura estaba reservado sólo a los gobernantes romanos y a la clase alta. “Tiro” viene de la ciudad romana de Tiro, localizada en lo que hoy es Líbano. (Véase: Retrato grabado de Aureliano, anónimo, c. 260-280.)

.

Etiquetado: , , , ,