Casi siempre que pensamos en hormigas las imaginamos en el piso; en las esquinas de una cocina o brotando de sus pequeños volcanes de nido en algún suelo terroso. Pero en las alturas también están, y además tienen jardines tan elaborados que los colgantes de Babilonia palidecerían a su lado. Los jardines-hormiga son un ejemplo de relación simbiótica de lo más afortunado que existe a esa diminuta escala.

Las plantas que surgen de sus nidos elevados no crecen allí por accidente. Las hormigas recolectan semillas, las plantan dentro de su nido y las atienden cuidadosamente. Decenas de distintas epífitas (plantas que crecen sobre otra planta sin ser parasitarias) echan raíz en sus casas tropicales mientras las habitantes recogen heces de animal para fertilizarlas.

Este hermoso producto ocurre  porque la vida en la selva tropical no es fácil. Existe poca tierra libre para que crezcan plantas nuevas, al tiempo que los hormigueros corren peligro con el viento y la lluvia. Así, el nido de hormiga proporciona una percha elevada perfecta para las epífitas y éstas proporcionan protección reforzada para los hormigueros.

Si ya las hormigas nos enseñan modelos perfectos de movilidad urbana, de construcción de casas de muchas habitaciones y de colaboración, ahora sus jardines colgantes nos invitan a la belleza y placer de una relación simbiótica con el mundo vegetal.

*Imagen: Alan Huett / Flickr

Casi siempre que pensamos en hormigas las imaginamos en el piso; en las esquinas de una cocina o brotando de sus pequeños volcanes de nido en algún suelo terroso. Pero en las alturas también están, y además tienen jardines tan elaborados que los colgantes de Babilonia palidecerían a su lado. Los jardines-hormiga son un ejemplo de relación simbiótica de lo más afortunado que existe a esa diminuta escala.

Las plantas que surgen de sus nidos elevados no crecen allí por accidente. Las hormigas recolectan semillas, las plantan dentro de su nido y las atienden cuidadosamente. Decenas de distintas epífitas (plantas que crecen sobre otra planta sin ser parasitarias) echan raíz en sus casas tropicales mientras las habitantes recogen heces de animal para fertilizarlas.

Este hermoso producto ocurre  porque la vida en la selva tropical no es fácil. Existe poca tierra libre para que crezcan plantas nuevas, al tiempo que los hormigueros corren peligro con el viento y la lluvia. Así, el nido de hormiga proporciona una percha elevada perfecta para las epífitas y éstas proporcionan protección reforzada para los hormigueros.

Si ya las hormigas nos enseñan modelos perfectos de movilidad urbana, de construcción de casas de muchas habitaciones y de colaboración, ahora sus jardines colgantes nos invitan a la belleza y placer de una relación simbiótica con el mundo vegetal.

*Imagen: Alan Huett / Flickr

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