Louis Armstrong definió en gran medida lo que era tocar jazz. Sus habilidades técnicas y su placer en la espontaneidad, pero sobre todo su mente, increíblemente rápida e inventiva, siguen dominando el jazz al día de hoy. Sin embargo, la música que creó y grabó en magnetófonos de carrete abierto (reel to reel) no son el único material de genio y creatividad que ocupó su tiempo. Cuando no estaba presionando las válvulas de su trompeta, sus dedos encontraron otras artes en que ocuparse. Una de ellas fue el collage, el cual se convirtió en un canal visual para su improvisación.

La historia cuenta que hizo una serie de collages en papel y los colgó en las paredes de su casa, pero su esposa Lucille objetó y tuvo que quitarlos. Armstrong, entonces, decidió utilizar su biblioteca de cintas como soporte artístico y el resultado es una colección de más de quinientas cajas de cintas de magnetófono decoradas. Los collages están formados con fotografías de sí mismo con amigos y con fans; de telegramas y recortes de reseñas de sus tocadas; una bendición del Vaticano intervenida por él y recortes de paquetes de laxantes herbales Swiss Kriss, que, juzgando por su ubicuidad, eran tan parte de su vida diaria como lo fue la trompeta.

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Cada pieza guarda especial atención al balance. Las combinaciones parecen orgánicas y cohesivas, y el uso indiscreto de cinta adhesiva, no sólo para pegar imágenes a cada caja sino para laminar, enmarcar o resaltar, le da a las piezas un tinte coloquial donde “se ven las costuras” (rasgo que les aporta un toque familiar y delicioso). Las piezas no tienen nombre ni fecha, pero las estuvo haciendo desde la década de 1950. En una carta de 1953, escribió:

Bueno, sabes, mi pasatiempo (al menos uno de ellos) es usar mucha cinta adhesiva… Mi pasatiempo es escoger distintas cosas entre lo que leo y ponerlas juntas y hacer una pequeña historia personal.

Estas minihistorias personales, encantadoras como pensar en él, ahora residen en “Los Archivos de Louis Armstrong” en Queens College, Nueva York. Muestran cómo un hombre creativo no sólo canaliza su genio en un medio; lo desborda en distintos lugares e improvisa “pequeñas historias” de todo cuanto tiene enfrente.

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Louis Armstrong definió en gran medida lo que era tocar jazz. Sus habilidades técnicas y su placer en la espontaneidad, pero sobre todo su mente, increíblemente rápida e inventiva, siguen dominando el jazz al día de hoy. Sin embargo, la música que creó y grabó en magnetófonos de carrete abierto (reel to reel) no son el único material de genio y creatividad que ocupó su tiempo. Cuando no estaba presionando las válvulas de su trompeta, sus dedos encontraron otras artes en que ocuparse. Una de ellas fue el collage, el cual se convirtió en un canal visual para su improvisación.

La historia cuenta que hizo una serie de collages en papel y los colgó en las paredes de su casa, pero su esposa Lucille objetó y tuvo que quitarlos. Armstrong, entonces, decidió utilizar su biblioteca de cintas como soporte artístico y el resultado es una colección de más de quinientas cajas de cintas de magnetófono decoradas. Los collages están formados con fotografías de sí mismo con amigos y con fans; de telegramas y recortes de reseñas de sus tocadas; una bendición del Vaticano intervenida por él y recortes de paquetes de laxantes herbales Swiss Kriss, que, juzgando por su ubicuidad, eran tan parte de su vida diaria como lo fue la trompeta.

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Cada pieza guarda especial atención al balance. Las combinaciones parecen orgánicas y cohesivas, y el uso indiscreto de cinta adhesiva, no sólo para pegar imágenes a cada caja sino para laminar, enmarcar o resaltar, le da a las piezas un tinte coloquial donde “se ven las costuras” (rasgo que les aporta un toque familiar y delicioso). Las piezas no tienen nombre ni fecha, pero las estuvo haciendo desde la década de 1950. En una carta de 1953, escribió:

Bueno, sabes, mi pasatiempo (al menos uno de ellos) es usar mucha cinta adhesiva… Mi pasatiempo es escoger distintas cosas entre lo que leo y ponerlas juntas y hacer una pequeña historia personal.

Estas minihistorias personales, encantadoras como pensar en él, ahora residen en “Los Archivos de Louis Armstrong” en Queens College, Nueva York. Muestran cómo un hombre creativo no sólo canaliza su genio en un medio; lo desborda en distintos lugares e improvisa “pequeñas historias” de todo cuanto tiene enfrente.

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