En la biblioteca de dominio público que gozamos hoy, existen obras tan impenetrables que precisan comentario. Muchas hablan de símbolos y nombres que en su momento eran comprendidos por algunos cuántos y un misterio para el resto. Nunca imaginaron ser parte del incorpóreo acervo de cualquier usuario de Internet en el siglo XXI, y mientras descifrarlos es probablemente anacrónico, no por ello es menos fascinante. Este el caso de Clavis Inferni sive magia alba et nigra approbata Metatrona, que se traduce como La llave del infierno con magia blanca y negra probada [o aprobada] por Metatrón.

Clavis Inferni data de finales del siglo XVIII y está firmado por un tal “Pseudo-Cyprianus” de sabemos poco. De acuerdo al historiador Benjamin Breen, quien descubrió este texto entre los archivos de Wellcome Images, “Cyprianus” era a todas luces un personaje sombrío.

La tradición escandinava contaba la historia de un danés llamado Cyprianus que era tan maligno que Satán lo corrió del infierno. Otra tradición mantenía que el verdadero Cyprianus era “una despampanante monja mexicana, hermosa, irresistible, prodigiosa y sabia.

Lo cierto, comenta Breen, es que “Cypriano” se convirtió en un seudónimo común para personas en los márgenes de la sociedad que estaban tratando de hacer verdadera magia negra. Así, el Clavis Inferni es un presunto libro de hechizos de magia negra, aunque las características particulares permanecen ambiguas. Las imágenes están inscritas con frases en hebreo o latín, como la del dragón coronado que devora a una lagartija: “Qui facis mirabilia magna solus finis coronat opus” [Tú que actúas solo con grandes milagros: el final coronará el trabajo].

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Más allá de esta lectura iconográfica elemental, aquellos que buscan respuestas confiables acerca del origen o significado de estas imágenes quedará decepcionado. Sin embargo, algunos estudiosos de magia de la edad moderna han contribuido con algunas traducciones. Uno de ellos apuntó que el alfabeto cifrado que se usa aquí es el Transitus Fluvii de Cornelio Agrippa, adaptado del hebreo por el famoso ocultista en 1510.

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Este libro llega al dominio público del siglo XXI sin contexto y sin llave para abrirlo. Sus autores lo planearon así. Bren apunta:

Solo los electos, o aquellos con conocimiento directo pasado de un practicante de magia, eran considerados dignos de entender libros como este”. “Los practicantes contemporáneos de “magick” podrán tratar de desentrañarlos, y los historiadores contextualizarlos exitosamente, pero de una manera muy real, estos libros siempre estarán cifrados para nosotros.

En ello radica su cualidad de joya. Libros como este no explican; sugieren. Apuntan hacia cosas que todos vagamente sabemos porque son parte de la naturaleza oculta. Y somos también parte –aunque inactiva– de todos los libros de invocación.

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En la biblioteca de dominio público que gozamos hoy, existen obras tan impenetrables que precisan comentario. Muchas hablan de símbolos y nombres que en su momento eran comprendidos por algunos cuántos y un misterio para el resto. Nunca imaginaron ser parte del incorpóreo acervo de cualquier usuario de Internet en el siglo XXI, y mientras descifrarlos es probablemente anacrónico, no por ello es menos fascinante. Este el caso de Clavis Inferni sive magia alba et nigra approbata Metatrona, que se traduce como La llave del infierno con magia blanca y negra probada [o aprobada] por Metatrón.

Clavis Inferni data de finales del siglo XVIII y está firmado por un tal “Pseudo-Cyprianus” de sabemos poco. De acuerdo al historiador Benjamin Breen, quien descubrió este texto entre los archivos de Wellcome Images, “Cyprianus” era a todas luces un personaje sombrío.

La tradición escandinava contaba la historia de un danés llamado Cyprianus que era tan maligno que Satán lo corrió del infierno. Otra tradición mantenía que el verdadero Cyprianus era “una despampanante monja mexicana, hermosa, irresistible, prodigiosa y sabia.

Lo cierto, comenta Breen, es que “Cypriano” se convirtió en un seudónimo común para personas en los márgenes de la sociedad que estaban tratando de hacer verdadera magia negra. Así, el Clavis Inferni es un presunto libro de hechizos de magia negra, aunque las características particulares permanecen ambiguas. Las imágenes están inscritas con frases en hebreo o latín, como la del dragón coronado que devora a una lagartija: “Qui facis mirabilia magna solus finis coronat opus” [Tú que actúas solo con grandes milagros: el final coronará el trabajo].

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Más allá de esta lectura iconográfica elemental, aquellos que buscan respuestas confiables acerca del origen o significado de estas imágenes quedará decepcionado. Sin embargo, algunos estudiosos de magia de la edad moderna han contribuido con algunas traducciones. Uno de ellos apuntó que el alfabeto cifrado que se usa aquí es el Transitus Fluvii de Cornelio Agrippa, adaptado del hebreo por el famoso ocultista en 1510.

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Este libro llega al dominio público del siglo XXI sin contexto y sin llave para abrirlo. Sus autores lo planearon así. Bren apunta:

Solo los electos, o aquellos con conocimiento directo pasado de un practicante de magia, eran considerados dignos de entender libros como este”. “Los practicantes contemporáneos de “magick” podrán tratar de desentrañarlos, y los historiadores contextualizarlos exitosamente, pero de una manera muy real, estos libros siempre estarán cifrados para nosotros.

En ello radica su cualidad de joya. Libros como este no explican; sugieren. Apuntan hacia cosas que todos vagamente sabemos porque son parte de la naturaleza oculta. Y somos también parte –aunque inactiva– de todos los libros de invocación.

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