La literatura y los viajes conforman uno de los vínculos más imperecederos en la cultura humana: transitar, moverse por el espacio y documentar los movimientos que han tenido lugar en el alma de los viajeros. La literatura occidental, dice Raúl Zurita, comienza con las exequias de Héctor de Troya al final de la Ilíada, pero podemos decir que la literatura de viajes comienza con Odiseo tratando de regresar a su lugar de origen.

Este movimiento en periplo (literalmente: completar un círculo o una vuelta) no sólo es una estructura narrativa recurrente, sino una convención importante, especialmente para el género “fantástico”: leemos El señor de los anillos de Tolkien, pero también seguimos las andanzas de sus héroes a través de los mapas imaginarios que sitúan sus trayectos en coordenadas reconocibles.

Richard Kreitner y Steven Melendez de Atlas Obscura se dedicaron a mapear algunos de los sitios más emblemáticos (y geográficamente localizables) que aparecen en algunos libros que presentan road trips, ese género móvil y frenético que es todo un nicho en el cine, con predominancia de autores estadunidenses. Se dejaron fuera algunos libros, como Fear & Loathing in Las Vegas, donde el viaje es más bien interior y el viaje “real”, por carretera, es más bien sólo un inicio.

El mapa permite contrastar la descripción que diferentes autores hacen de un mismo lugar en momentos distintos, así como seguir sus andanzas a través del territorio estadunidense y de sus ocasionales escapadas al sur de sus fronteras, como a México en el caso de Jack Kerouac y la novela de viajes por excelencia de la tradición anglosajona reciente, On the road.

Por supuesto, mapear todos los sitios descritos en toda la literatura estadunidense reciente (e incluso los que aparecen solamente en los libros de Kerouac) sería una empresa demencial. Aun así podemos seguir los periplos de varios libros-viajes que cumplen un solo requisito: estar montados sobre un arco narrativo que se replica en el terreno geográfico, sin importar necesariamente si son textos “literarios” o de “no ficción”.

Tomemos como ejemplo A Walk Across America (1979) de Peter Jenkins, donde Jenkins y su perro van de Nueva Orléans a Nueva York en un verdadero mapeo de la marginalidad del sur de EU. Las aventuras de Francis y Zelda Fitzgerald por el Atlántico y el sur del país pueden seguirse en su recorrido automovilístico de Connecticut a Montgomery, Alabama. El libro más antiguo mapeado en este proyecto es Roughing It de 1872, escrito por Mark Twain, donde se narra un viaje al oeste en un momento donde el trayecto transcontinental era menos accesible que en nuestros días; el más reciente es Wild (2012), de Cheryl Strayed, que narra una caminata por las montañas desde el sur de California hasta Portland.

Predeciblemente, los mapas más consultados serán los de On The Road de Kerouac, que va de Nueva York a San Francisco, con los ocasionales desvíos a Denver y Ciudad de México, así como The Electric Kool-Aid Acid Test de Tom Wolfe, de 1968, suerte de respuesta a Kerouac 10 años después, con ocasionales repeticiones de elenco y locación.

La literatura en América (como continente, no como país) puede rastrearse a las fuentes de las crónicas de Indias, donde los exploradores europeos tuvieron que echar mano de la literatura para esbozar a través del tiempo la grandeza perdida de las civilizaciones autóctonas del continente. Y de algún modo, cada página escrita, seguida de cerca por el ojo y por el dedo que señala el renglón, es una suerte de seguimiento o comparecencia de un mapa simbólico de nuestro propio trayecto a través del trayecto tipográfico de alguien más. Verdaderos road trips de la Historia.

Sebastián Gómez-Matus

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La literatura y los viajes conforman uno de los vínculos más imperecederos en la cultura humana: transitar, moverse por el espacio y documentar los movimientos que han tenido lugar en el alma de los viajeros. La literatura occidental, dice Raúl Zurita, comienza con las exequias de Héctor de Troya al final de la Ilíada, pero podemos decir que la literatura de viajes comienza con Odiseo tratando de regresar a su lugar de origen.

Este movimiento en periplo (literalmente: completar un círculo o una vuelta) no sólo es una estructura narrativa recurrente, sino una convención importante, especialmente para el género “fantástico”: leemos El señor de los anillos de Tolkien, pero también seguimos las andanzas de sus héroes a través de los mapas imaginarios que sitúan sus trayectos en coordenadas reconocibles.

Richard Kreitner y Steven Melendez de Atlas Obscura se dedicaron a mapear algunos de los sitios más emblemáticos (y geográficamente localizables) que aparecen en algunos libros que presentan road trips, ese género móvil y frenético que es todo un nicho en el cine, con predominancia de autores estadunidenses. Se dejaron fuera algunos libros, como Fear & Loathing in Las Vegas, donde el viaje es más bien interior y el viaje “real”, por carretera, es más bien sólo un inicio.

El mapa permite contrastar la descripción que diferentes autores hacen de un mismo lugar en momentos distintos, así como seguir sus andanzas a través del territorio estadunidense y de sus ocasionales escapadas al sur de sus fronteras, como a México en el caso de Jack Kerouac y la novela de viajes por excelencia de la tradición anglosajona reciente, On the road.

Por supuesto, mapear todos los sitios descritos en toda la literatura estadunidense reciente (e incluso los que aparecen solamente en los libros de Kerouac) sería una empresa demencial. Aun así podemos seguir los periplos de varios libros-viajes que cumplen un solo requisito: estar montados sobre un arco narrativo que se replica en el terreno geográfico, sin importar necesariamente si son textos “literarios” o de “no ficción”.

Tomemos como ejemplo A Walk Across America (1979) de Peter Jenkins, donde Jenkins y su perro van de Nueva Orléans a Nueva York en un verdadero mapeo de la marginalidad del sur de EU. Las aventuras de Francis y Zelda Fitzgerald por el Atlántico y el sur del país pueden seguirse en su recorrido automovilístico de Connecticut a Montgomery, Alabama. El libro más antiguo mapeado en este proyecto es Roughing It de 1872, escrito por Mark Twain, donde se narra un viaje al oeste en un momento donde el trayecto transcontinental era menos accesible que en nuestros días; el más reciente es Wild (2012), de Cheryl Strayed, que narra una caminata por las montañas desde el sur de California hasta Portland.

Predeciblemente, los mapas más consultados serán los de On The Road de Kerouac, que va de Nueva York a San Francisco, con los ocasionales desvíos a Denver y Ciudad de México, así como The Electric Kool-Aid Acid Test de Tom Wolfe, de 1968, suerte de respuesta a Kerouac 10 años después, con ocasionales repeticiones de elenco y locación.

La literatura en América (como continente, no como país) puede rastrearse a las fuentes de las crónicas de Indias, donde los exploradores europeos tuvieron que echar mano de la literatura para esbozar a través del tiempo la grandeza perdida de las civilizaciones autóctonas del continente. Y de algún modo, cada página escrita, seguida de cerca por el ojo y por el dedo que señala el renglón, es una suerte de seguimiento o comparecencia de un mapa simbólico de nuestro propio trayecto a través del trayecto tipográfico de alguien más. Verdaderos road trips de la Historia.

Sebastián Gómez-Matus

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