Desde 1990, el Pantone Color Institute selecciona un color que, de acuerdo a sus predicciones, regirá las tendencias —de interiorismo, diseño industrial, diseño gráfico, moda y belleza— de cada año. Hace unas semanas se anunció el tono del 2015: el Marsala, un marrón rojizo que se encuentra en algún lugar entre el chocolate y el color vino.

Las palabras que nombran a los colores resultan particularmente interesantes por ser un intento de reflejar algo tan abstracto como lo es un tono, por medio del lenguaje; un juego semántico que nace puramente de la imaginación y la asociación de ideas. Existen colores que se nombran por su parecido a un objeto con el que comparten tono o bien por el nombre de quien lo “creó” —como el Azul Klein, por ejemplo—. También hay los que llevan en su nombre los componentes químicos que los forman (i.e. los cromos) o hacen referencia directa a algún lugar donde dicho tono es comúnmente utilizado o prevalece de algún modo; este es el caso del color del 2015.

La palabra Marsala da nombre a una ciudad italiana, ubicada en Sicilia, famosa por su producción vinícola y nombra al vino producido allí. Así, este tono –Pantone 18-438— nos habla del vino y sus tonos elegantes, profundos e hipnotizantes; pero también nos habla del color de la tierra, de donde las uvas nacen y terminan fungiendo como embajadoras cromáticas y sabóreas de sus respectivos terroir.

En este juego de asociación, el purpúreo tono Marsala podría asociarse con un vino robusto y añejado, o recordarnos un lujoso chocolate, el tono de algunas especias exóticas o el color de un hígado crudo y de la sangre.

A pesar de tratarse de una mera estrategia de mercado, “el color del año” alude a esa necesidad humana de nombrar las cosas, que, sin importar el grado de abstracción de lo nombrado, revive las cualidades físicas del objeto; en este caso, invita a la admiración de un cálido tono de color vino igual de elegante que la palabra que lo define, o tal vez que incluso lo contiene. Como Borges bien acierta: “Si (como afirma el griego en el Cratilo) / el nombre es arquetipo de la cosa / en las letras de “rosa” está la rosa / todo el Nilo en la palabra “Nilo”.

Desde 1990, el Pantone Color Institute selecciona un color que, de acuerdo a sus predicciones, regirá las tendencias —de interiorismo, diseño industrial, diseño gráfico, moda y belleza— de cada año. Hace unas semanas se anunció el tono del 2015: el Marsala, un marrón rojizo que se encuentra en algún lugar entre el chocolate y el color vino.

Las palabras que nombran a los colores resultan particularmente interesantes por ser un intento de reflejar algo tan abstracto como lo es un tono, por medio del lenguaje; un juego semántico que nace puramente de la imaginación y la asociación de ideas. Existen colores que se nombran por su parecido a un objeto con el que comparten tono o bien por el nombre de quien lo “creó” —como el Azul Klein, por ejemplo—. También hay los que llevan en su nombre los componentes químicos que los forman (i.e. los cromos) o hacen referencia directa a algún lugar donde dicho tono es comúnmente utilizado o prevalece de algún modo; este es el caso del color del 2015.

La palabra Marsala da nombre a una ciudad italiana, ubicada en Sicilia, famosa por su producción vinícola y nombra al vino producido allí. Así, este tono –Pantone 18-438— nos habla del vino y sus tonos elegantes, profundos e hipnotizantes; pero también nos habla del color de la tierra, de donde las uvas nacen y terminan fungiendo como embajadoras cromáticas y sabóreas de sus respectivos terroir.

En este juego de asociación, el purpúreo tono Marsala podría asociarse con un vino robusto y añejado, o recordarnos un lujoso chocolate, el tono de algunas especias exóticas o el color de un hígado crudo y de la sangre.

A pesar de tratarse de una mera estrategia de mercado, “el color del año” alude a esa necesidad humana de nombrar las cosas, que, sin importar el grado de abstracción de lo nombrado, revive las cualidades físicas del objeto; en este caso, invita a la admiración de un cálido tono de color vino igual de elegante que la palabra que lo define, o tal vez que incluso lo contiene. Como Borges bien acierta: “Si (como afirma el griego en el Cratilo) / el nombre es arquetipo de la cosa / en las letras de “rosa” está la rosa / todo el Nilo en la palabra “Nilo”.

Etiquetado: , ,