La Secretaría de Salud del Reino Unido está a punto de lanzar una ambiciosa campaña de salud, donde tratará enfermedades como psicosis, depresión, esquizofrenia y padecimientos pulmonares, entre otras, a través programas de arte.

El secretario de salud, Matt Hancock, reveló durante un discurso que “hemos favorecido una cultura de ingesta de pastillas y Prozac, cuando lo que deberíamos estar haciendo es más prevención y transpiración”. El secretario se refirió a la estrategia como “prescripción social”, la cual “puede ayudarnos a combatir la sobre-medicación de la gente.”

Este innovador sistema será administrado por la Academia Nacional para la Prescripción Social (National Academy for Social Prescribing), y fomentará que los médicos del Reino Unido receten a sus pacientes la adopción de algún hobby, la práctica de deportes, o que visiten museos y centros culturales. El enfoque no pretende fomentar las artes o el deporte en sí mismos, sino complementar el tratamiento médico a través de la participación del paciente en actividades culturales o deportivas que influyan directa y positivamente en su salud.

Un programa piloto que se llevó a cabo junto a la Orquesta Filarmónica Real, demostró que los sobrevivientes de apoplejía reportaron un 90% de mejoría en su salud física y mental luego de aprender a tocar un instrumento, a conducir una orquesta o a dar un concierto en vivo, por nombrar sólo un ejemplo.

A pesar de los prometedores hallazgos, algunos críticos del programa están preocupados de que la prescripción artística con fines terapéuticos no llegue a todas las comunidades, especialmente a aquellas económicamente marginadas. Y tal vez precisamente por ello sea necesario que campañas de este tipo comiencen a ofrecer su cobertura y beneficios entre los miembros más desprotegidos de la sociedad.

“Debemos valorar las artes porque son esenciales para nuestra salud y bienestar”, afirmó el ministro Hancock. “El acceso a las artes mejora la salud física y mental de las personas. Nos hace más felices y saludables.” Los impulsores del proyecto de prescripción social esperan que el programa sea adoptado en todo el Reino Unido para el año 2023. El ministerio de salud trabajará de la mano con el de artes para desarrollar opciones que puedan mejorar efectivamente la salud de los pacientes, pero siempre en un esquema individualizado, en la cual la terapia artística sea supervisada y prescrita directamente por un médico tratante.

Lo interesante de este viraje (al menos en países de primer mundo) es el cambio de un esquema de sobre-medicación hacia la comprensión del ser humano como un ser espiritual, el cual debe nutrirse en ámbitos simbólicos, y no sólo fisiológicos. La prescripción social propuesta en Reino Unido nos deja la esperanza de que las artes puedan reconocerse no sólo por su goce estético, sino por su aporte a las condiciones de salud y bienestar de la gente, como sucedía en las sociedades precapitalistas, en las que el teatro, la música y la danza formaban parte de la integración comunitaria. También permitirá cambiar poco a poco el paradigma de que el arte y el acceso a este, son posibilidades de la élite económica, para democratizarlas en favor de la salud pública.

 

 

 

Imagen: Artista pintando in retrato de un músico, Marguerite Gérard (1803) – Dominio público

La Secretaría de Salud del Reino Unido está a punto de lanzar una ambiciosa campaña de salud, donde tratará enfermedades como psicosis, depresión, esquizofrenia y padecimientos pulmonares, entre otras, a través programas de arte.

El secretario de salud, Matt Hancock, reveló durante un discurso que “hemos favorecido una cultura de ingesta de pastillas y Prozac, cuando lo que deberíamos estar haciendo es más prevención y transpiración”. El secretario se refirió a la estrategia como “prescripción social”, la cual “puede ayudarnos a combatir la sobre-medicación de la gente.”

Este innovador sistema será administrado por la Academia Nacional para la Prescripción Social (National Academy for Social Prescribing), y fomentará que los médicos del Reino Unido receten a sus pacientes la adopción de algún hobby, la práctica de deportes, o que visiten museos y centros culturales. El enfoque no pretende fomentar las artes o el deporte en sí mismos, sino complementar el tratamiento médico a través de la participación del paciente en actividades culturales o deportivas que influyan directa y positivamente en su salud.

Un programa piloto que se llevó a cabo junto a la Orquesta Filarmónica Real, demostró que los sobrevivientes de apoplejía reportaron un 90% de mejoría en su salud física y mental luego de aprender a tocar un instrumento, a conducir una orquesta o a dar un concierto en vivo, por nombrar sólo un ejemplo.

A pesar de los prometedores hallazgos, algunos críticos del programa están preocupados de que la prescripción artística con fines terapéuticos no llegue a todas las comunidades, especialmente a aquellas económicamente marginadas. Y tal vez precisamente por ello sea necesario que campañas de este tipo comiencen a ofrecer su cobertura y beneficios entre los miembros más desprotegidos de la sociedad.

“Debemos valorar las artes porque son esenciales para nuestra salud y bienestar”, afirmó el ministro Hancock. “El acceso a las artes mejora la salud física y mental de las personas. Nos hace más felices y saludables.” Los impulsores del proyecto de prescripción social esperan que el programa sea adoptado en todo el Reino Unido para el año 2023. El ministerio de salud trabajará de la mano con el de artes para desarrollar opciones que puedan mejorar efectivamente la salud de los pacientes, pero siempre en un esquema individualizado, en la cual la terapia artística sea supervisada y prescrita directamente por un médico tratante.

Lo interesante de este viraje (al menos en países de primer mundo) es el cambio de un esquema de sobre-medicación hacia la comprensión del ser humano como un ser espiritual, el cual debe nutrirse en ámbitos simbólicos, y no sólo fisiológicos. La prescripción social propuesta en Reino Unido nos deja la esperanza de que las artes puedan reconocerse no sólo por su goce estético, sino por su aporte a las condiciones de salud y bienestar de la gente, como sucedía en las sociedades precapitalistas, en las que el teatro, la música y la danza formaban parte de la integración comunitaria. También permitirá cambiar poco a poco el paradigma de que el arte y el acceso a este, son posibilidades de la élite económica, para democratizarlas en favor de la salud pública.

 

 

 

Imagen: Artista pintando in retrato de un músico, Marguerite Gérard (1803) – Dominio público